FARSA DEMOCRÁTICA. por Enrique Ayala Mora.

FARSA DEMOCRÁTICA

 Enrique Ayala Mora.  El Comercio <www.elcomercio.com>

 03/08/2012

 

Muchos han descubierto en los últimos meses, que se encuentran afiliados a un partido político sin que hubieran tenido la más mínima intención de hacerlo, o tuvieran alguna afinidad con él. No cabe sino suponer que al preparar las fichas de afiliación que las organizaciones políticas deben presentar ante el Consejo Electoral, se han tomado nombres, firmas y referencias al azar, sin conocimiento de sus titulares.

 Los medios de comunicación han hecho con ello un escándalo. Y, desde luego, que la cosa es para preocuparse, aunque lo más grave es que varios beneficiarios de esa recolección de apoyos, cínicamente, han acusado a terceros y hasta han puesto abogados e investigadores para dizque proteger a la ciudadanía del abuso.

 No es correcto que se “fabriquen” fichas de afiliación en vez de llenarlas mediante una suerte de empadronamiento de los militantes y simpatizantes de cada partido. Pero quedarse solo en la denuncia del hecho, es pensar que el problema está en el mecanismo o que la calentura está en las sábanas.

 Cuando se estableció el requisito de presentar un número de afiliados a cada partido correspondiente a un porcentaje del padrón electoral, que equivale a como doscientos mil, todo el mundo sabía que eso era realmente imposible. Ningún partido, ni aquí ni en otro país del mundo, puede llegar a tener semejante número de militantes o afiliados. Pero en el Ecuador se viene haciendo eso por décadas, a sabiendas de que es imposible cumplir exigencias cada vez más reñidas con la realidad.

 En 1979 empezó a regir una Ley de Partidos que intentaba consolidar un sistema político a fuerza de poner requisitos a los partidos. No importaba que se diera una vida democrática interna, participación o formación de cuadros. Solo exigía el cumplimiento de formalidades, controladas desde los organismos electorales.

Desde esa ley del 79 hasta el engendro de los iluminados de Montecristi, se han aumentado las formalidades, los requisitos vacíos, las normas que todos saben van a ser irrespetadas. Los escribidores de la Constitución y del pomposamente llamado “Código de la Democracia”, por redomada ignorancia de unos, o por premeditación y mala fe de otros, pusieron requisitos para la legalización de partidos y movimientos que de antemano se sabía no podían cumplirse sino mediante la farsa. Ahora no pueden quejarse por ello.

 

Pensar que contratando a mil empleados más en un Consejo Electoral dominado por el poder único, se logrará controlar el tráfico de fichas de afiliación es una ridiculez. El problema real está en los requisitos tramposos que todos sabemos solo son formalidades y que, además de no poder cumplirse no garantizan el verdadero respaldo que solo se ve en la urnas. Tomemos el toro por los cuernos y dejemos de lado la farsa para promover en serio la democracia.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/enrique_ayala_mora/Farsa-democratica_0_748125313.html.