Wikileaks y el ‘Síndrome Tintají’

Wikileaks y el ‘Síndrome Tintají’

Gerard Coffey

Quito 07 12 2010

De vez en cuando resulta divertido leer la página de opinión de El Comercio. Por ejemplo, en el número del domingo pasado (5 de Diciembre)  la columnista/analista política Grace Jaramillo habla de Wikileaks. No solo se muestra  escéptica respecto al valor de las revelaciones, sino llega a conclusión de que la oferta de residencia hecha por el Vicecanciller de la República, Kintto Lucas, corresponde al  ‘Sindrome Tintají’. Sin saber de lo que se trata semejante síndrome, (le he pedido una aclaración) puedo inferir que ni la oferta ni el síndrome representa, según su punto de vista, algo positivo.  Y si bien me hace reír, también  me da pena. Apoyar a gente que lucha para transparentar el mundo oscuro de la ‘diplomacia’, sobre todo de un país como Estados Unidos, me parece un acto muy positivo.

Por otro lado, admito no tener afinidad con la ‘diplomacia’. Como está practicado no me parece muy positivo. Y entre las muchas formas de describirla hay una  que me parece apta para la coyuntura: es el arte de mentir con buena cara, el arte de disimular las verdaderas intenciones tras una sonrisa. Y esta crisis de la diplomacia, de la mentira – y sin duda alguna representa una crisis para Estados Unidos y algunos de sus aliados – me provoca preguntar ¿quién en la práctica cree en la diplomacia? A lo mejor, nadie, sin la posible excepción de los diplomáticos de carrera que se convencen de su utilidad porque ven en ella una cierta estatus social y un salario más que digno.

Por eso las filtraciones de Wikileaks no sorprenden. Hay revelaciones, y son importantes, pero fundamentalmente sirven para confirmar lo que ya sabíamos o sospechábamos. ¿Es noticia por ejemplo que los gringos le consideraban a Berlusconi un bobo? Solo hay que conversar con un italiano sincero para entender eso. Tampoco es novedad saber que Rusia es un estado mafioso, pese a los intentos de Putin de negarlo. Que los gringos están ya en Pakistán, trabajando con el ejército Pakistaní, se sospechaba. No es nada sorprendente. Pero traerá consecuencias por el Primer Ministro de ese país. Saber que el Reino Unido es un aliado casi incondicional de Estados Unidos tampoco es novedad, pero  que está almacenando las ahora ilegales bombas de racimo bajo presión de EE.UU sí sorprende.  Y por si acaso, ¿sorprende saber que EE.UU. difama con mentiras y manipula el mundo a su antojo, para proteger el  ‘American Way of Life’?  No. ya lo sabíamos.

Sabíamos o sospechábamos mucho de lo que Wikileaks ahora confirma, pero las revelaciones aún no han terminado. Seguirán esta semana a través de los periódicos encargados de recibirlas. Sin duda habrá revelaciones más sorprendentes, y de mayor interés para los sudamericanos, cuando se divulgan las comunicaciones relacionados con Cuba y sobre todo Colombia. Pero hay que tener cuidado. No todas las comunicaciones divulgadas contengan una versión acertada de los hechos. Algunos sí, por ejemplo la opinión del embajador de Estados Unidos en Honduras confirmando la ilegalidad del golpe contra Manuel Zelaya, y la petición del Rey de Arabia Saudita, que buscaba que EE.UU. ataque a Irán. Pero otras son claramente el resultado de la visión distorsionada de la ‘diplomacia’ estadounidense. Por ejemplo, y como señala Noam Chomsky, otras insisten en la versión oficial de que Irán representa el peligro más grave para la paz en el Medio Oriente, esto cuando se sabe que la mayoría considera a EE.UU e Israel como las verdaderas amenazas. También sería un error pensar que estos cables contienen los secretos más asquerosos de la actuación estadounidense en las varias partes del mundo en las cuales opera. Lo peor está toda vía escondido. Pero eso no invalida lo que está ocurriendo.

Pero tal vez  lo más importante de todo es que, en este mundo en donde resulta muy difícil no ser cínico, exista aún gente con la valentía de exponer públicamente,  y con mucho riesgo personal, lo que muchos sabemos, pero que, de todos modos, necesita ser expuesta a la luz de día. Por la sanidad mental de la raza humana. Para no siempre tener que vivir en un mundo de mentiras y sombras. Para que los maestros de las sombras tengan que rendir cuentas.  De vez en cuando surge gente osada como Bradley , el soldado de 22 años que  según los mismos Estados Unidos está  detrás de las filtraciones, y que ahora se encuentra  encarcelado, y Julián Assange el australiano fundador de Wikileaks que no solo tienen la valentía sino acceso a la información y la forma de difundirlo masivo y gratuitamente. Hay que saludarles.

Sin embargo, no hay que pensar que luchan solos. No son los únicos. Hay otros que pujan para exponer la verdad. Muchos. Incluso publicados. Pero no han tenido el éxito de Assange y por tanto no sin necesidad de enfrentar la posibilidad de ser encarcelados ni, la vieja táctica de ser tachado de abusador sexual, cargos que en el caso de Assange aparentemente consisten en no haber usado un condón.

Tampoco es el primer ejemplo de una difusión masiva de documentos secretos de Estados Unidos. Algo parecido fue él de los Pentagon Papers publicados en Estados Unidos con la ayuda del  New York Times y Washington Post a inicios de los años setenta.  Se trata de un informe reservado sobre la actuación secreta de Estados Unidos en Vietnam, donde libraba una guerra cruenta contra Vietnam del Norte. La publicación provocó un escándalo y tuvo su desenlace en el caso de ´Watergate´ resultado de los esfuerzos  del entonces Presidente Nixon para desacreditar al ‘autor’ Daniel Ellsberg. En cuanto a Wikileaks el mismo Ellsberg ha declarado que el fundador de WikiLeaks, Julian Assange “sirve nuestra democracia  y sirve el estado de derecho precisamente por haber desafiado las normas  del  secretismo, las cuales en este país, en la mayoría, no son  leyes.”

Las recientes filtraciones tampoco serán las últimas. En el futuro habrá, sin duda, nuevos intentos de divulgar información secreta sobre la actuación de ls potencias. Que tengan éxito. Es importante apoyarlos. Y en la actualidad, es importante reconocer el trabajo muy arriesgado de gente como Assange y Manning  y el fenómeno de Wikileaks, que ha cambiado las reglas de juego.  Y seamos claros, exponer mentiras no es espiar. Es un servicio público. Igualmente claro es que habrá reacción a nivel mundial.  Sarah Palin, de extrema derecha y posible candidata a la Presidencia de Estados Unidos en el 2012, ya ha comparado Assange con Al Qaeda. Para ella es un ‘terrorista’ , palabra que por uso indiscriminado ya pierde sentido.

En fin, y para volver a los editorialistas de El  Comercio, leerlos no siempre resulta tan divertido. Por ejemplo, tenemos Martin Pallares, escribiendo en el mismo número que Grace Garamillo, y opinando que  ofrecer la residencia a Assange fue una ‘tonteria’ y que  “El timing le falló a Lucas. Tal vez sí  lo hubieran consultado unos días más hubiera incluso condenado a  Assange. Y nada hubiera pasado.”  ‘Y nada hubiera pasado’.  Puede ser, por otro lado,  que estas palabras sean un ejemplo de humor negro y correspondan al  ‘Síndrome El Comercio”. Pero sean lo que fueran no resultan muy divertidas.  La verdad es que en un mundo justo condecoraríamos a Assange. Puede haber cometido errores, pero eso no basta para descalificar lo que ha hecho para arrojar luz sobre eventos y personajes oscuros. No merece ser detenido acusado de violación. Es una maniobra política evidente.

Y en cuanto al síndrome Tintají, ofrezco la siguiente definición: un estado de ánimo en el que los intereses de otros importan tanto o más que los de uno.