LA RESISTENCIA ÁRABE Y LA ESTRATEGIA IMPERIAL

LA RESISTENCIA ÁRABE Y LA ESTRATEGIA IMPERIAL

Alejandro Moreano

Hubo críticas a las primeras declaraciones de Fidel Castro que no condenaban la represión de Kadafi. Pero, entonces, hace más de un mes, y gracias a su enorme experiencia, advirtió el contenido central del proceso y de la ofensiva mediática imperial: la justificación para una agresión militar de Libia. Los hechos le han dado la razón.

 

El 30 de diciembre de 1935 a las 14:45, después de un viaje de 19 horas y 38 minutos en un Caudron C-630 Simoun n7041, Antoine de Saint-Exupery y André Prevot tuvieron un aterrizaje forzoso en la parte libia del desierto del Sáhara,  camino a Saigón para batir un record por un premio de 150,000 francos. Fue allí que, deshidratado y a la deriva, sin ningún sentido de la ubicación, tuvo las alucinaciones que le sirvieron de fábula para El Principito.

¿Habrá imaginado Saint-Exupery que 40 o 50 años después el desierto libio,  tan vacío e inhóspito a sus ojos, sería uno de los lugares más ricos de la tierra?

Libia es, en efecto, la mayor reserva comprobada de petróleo de África (44 mil millones de barriles) y uno de los 10 países más ricos en petróleo del mundo, produciendo 1,8 millones de barriles/día de crudo liviano de alta calidad. Posee también 54 billones de pies cúbicos de gas natural.

Libia posee además otra gran riqueza natural,  los cerca de 12.000 km2 de agua fósil, dulce, del subsuelo y considerada uno de los grandes acuíferos del mundo[i]. El régimen libio inició el aprovechamiento del acuífero con la construcción del ambicioso Great Man Made River Project –Proyecto del gran río hecho por la mano del hombre– o GMRA, amplias tuberías para llevar el agua a la costa urbanizada, en particular a Trípoli y Bengazi

Libia cuenta además con una gran reserva monetaria internacional, dado el gran superávit comercial que tiene[ii]. Se calcula en 100 mil millones de dólares, 40 mil de los cuales están depositados en Europa o E.U.

La tragicomedia del nacionalismo burgués

Las similitudes entre los bombardeos e invasión a Irak -en sus dos fases, en 1990-91 y a partir del 2003- y la actual ofensiva imperial sobre Libia son evidentes, tal que fuera conducidas con el mismo guión: una intensa ofensiva mediática que construye la gran justificación para la invasión –amas de destrucción masiva y  complicidad con Al Khaeda y el 11 de Septiembre, en el caso de Irak, represión a la insurgencia en el caso actual de Libia- y la demonización de los dos dirigentes, Hussein y Kadafi.

La paradoja de la campaña mediática es que ambos fueron convertidos en “enemigos número 1”, a poco de ser grandes amigos de EU y Europa. Mal paga el diablo a sus devotos.

La demonización de los “jefes” nubla toda explicación coherente de los procesos. Sorprende que a nivel público se adjudique, incluso por intelectuales prestigiosos[iii], el problema a una eventual crueldad intrínseca de Hussein o Kadafi… Los epítetos no se han escatimado: dementes, psicópatas, asesinos en serie, “Calígula”… La crisis del marxismo y su retorno incompleto han hecho y hacen mucho daño al pensamiento social. En los 70, nadie con pretensiones intelectuales se hubiera atrevido a explicar la segunda guerra mundial por la insanía o demencia de Hitler. El discurso imperial sí, por supuesto, con lo cual velaba la participación del gran capital en el nazismo y garantizaba su permanencia[iv].

El análisis de evolución de la política de Hussein y Kadafi puede permitirnos comprender  el sentido de los procesos y las causas y curso de la crisis del “nacionalismo tercermundista”.

Ambos, Kadafi y Hussein, fueron en su juventud miembros de los cuerpos represivos y coloniales. Sin embargo, lograron encaramarse en los procesos de lucha anticoloniales y, sobre todo en el caso de Kadafi, convertirse en dirigente del proceso emancipador. Advino entonces la fase nacionalista de sus políticas que conllevó la nacionalización de los recursos naturales, reformas económicas, aproximación al bloque socialista y a los movimientos de liberación nacional, y proclamas por el socialismo, confirmando la tesis de Marx de que toda clase dirigente de procesos de cambio asume la ideología mundial más avanzada de la época.

Mas, una vez consolidada la fase emergente, los dos regímenes empezaron a tornarse sensatos y moderados.

Y en determinado momento, cuando la presión imperial aumentó y se tornó peligrosa para la estabilidad de sus regímenes, empezaron a hacer concesiones y progresivamente se tornaron partícipes de una renovada dominación neocolonial. Hussein en los 80 se convirtió en la punta de lanza de la ofensiva yanqui en contra de la revolución islámica, sometiendo a los dos países, Irak e Irán, a una monstruosa guerra de exterminio mutuo que quizá haya sido una de las causas fundamentales de la derrota del nacionalismo tercermundista global de la humanidad, tan boyante hacia los 70[v]. Fue entonces que, con “armas de destrucción masiva” proporcionadas por EU, Hussein bombardeó Irán, apoyado a la vez en la ayuda militar israelí, interesado en la destrucción de la potencia militar iraquí.

El caso del régimen de Kadafi es muy similar.

A partir de fines del siglo pasado, y amedrentado por la presión occidental en torno al asunto Lockerbie, Kadafi dio un vuelco radical en su política. Autorizó jugosos contratos de construcción y petróleo con la Repsol española, la italiana ENI, la francesa Total, la británica British Petroleum; suscribió convenios con el FMI y aplicó políticas neoliberales. El consejo ejecutivo del FMI elogió hace poco a Libia por su “ambicioso programa de reformas” y su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado”.

Amén de consolidar sus ventas de petróleo[vi], incrementó sus compras de armas a EU y Europa. Esa política se consolidó a partir de 2003, gracias a la intervención de Tony Blair, y llegó a niveles vergonzosos, como la entrega al Reino Unido de los nombres de los revolucionarios irlandeses del IRA que se entrenaron en Libia y la nómina de posibles colaboradores de Al Qaeda, lo que le valió el reconocimiento de Condoleeza Rice: “Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia”[vii]. A pesar de que proponía una OTAN del Sur, en su calidad de secretario general de la Unión Africana, promovió  un acuerdo con la OTAN para ampliar sus operaciones militares en Sudan, Somalia y Etiopía.

Pero quizá la más infame de las políticas de Kadafi haya sido su política migratoria, sintetizada en el convenio con Berlusconi. “Ya en 2006 Human Rights Watch y Afvic denunciaban los arrestos arbitrarios y torturas en centros de detención libios financiados por Italia”. Farah Anam, fugitiva somalí de los campos de la muerte libios, declaró: «Prefiero morir en el mar que regresar a Libia».[viii]

La explicación de tales políticas no habría que buscarlas en la inconstancia de su carácter, por supuesto. Expresan las oscilaciones y debilidad de las llamadas burguesías nacionales que comandaron los procesos radicales de la acción contra el sistema colonial.

La descolonización de Asia y África discurrió por dos cauces. El primero fue la estrategia de las potencias imperiales, en particular el Reino Unido, que transfirieron el gobierno a las viejas elites de las colonias, gestaron países fantoches como los del Golfo Pérsico, fraccionaron identidades nacionales como la de los kurdos y, en una estrategia de perversidad inenarrable, tejieron una geografía política distinta de la geografía étnica, para crear verdaderos “polvorines”, separando identidades étnicas –los pashtum o los somalíes, por ejemplo– en dos o tres países y creando países con diferencias étnicas internas como Afganistán o Irak.

El otro rumbo fue el de los movimientos anticolonialistas radicales, gestados con una amplia participación popular pero que, salvo en unos pocos casos, fueron dirigidos por las llamadas burguesías nacionales que incluían a las elites intelectuales. Esos pocos casos fueron los de China o Vietnam, dirigidos por Partidos Comunistas, o el de Cuba que si bien tuvo una composición similar a la Argelia insurgente, se orientó hacia la formación de un Partido Comunista dirigente.

Las burguesías nacionales tuvieron el clásico comportamiento descrito por Trotzky para las grandes y pequeña burguesías europeas: revolucionarias en la fase de emancipación, moderadas en la de estabilidad, y reaccionarias, e incluso fascistas, en la etapa de crisis. A partir de su propia especifidad, América Latina exhibe casos similares como los del MNR boliviano, el peronismo argentino y, el más emblemático de todos, el surgido en la revolución mexicana y que tuvo una fase radical con Lázaro Cárdenas, se moderó a partir de Ávila Camacho y entró en una franca derechización y sometimiento a las corporaciones multinacionales y a los Estados Unidos, a partir de Miguel de la Madrid.

Tal es la tragicomedia de las burguesías nacionales y la tragedia de los pueblos dirigidos por ellas: hacen concesiones al imperialismo para obtener su apoyo y lo que obtienen es una extrema debilidad, el rechazo de sus pueblos, y,  a la postre su derrocamiento por sus nuevos amigos.

 

La represión de Kadafi: ¿otras armas de destrucción masiva?

Hubo críticas a las primeras declaraciones de Fidel Castro, en los primeros días de la crisis libia,  que no condenaban la represión de Kadafi. Pero, entonces, hace más de un mes, y gracias a su enorme experiencia, Fidel advirtió el contenido central del proceso y de la ofensiva mediática imperial: la justificación para una agresión militar de Libia. El tiempo le ha dado la razón.

En la invasión a Irak, y sabiendo que eran mentira, la propaganda mediática habló de armas de destrucción masiva y ligó a Hussein con Al Qaeda. Esta vez montó una escena en el imaginario del mundo: una inmensa concentración como la de la Plaza Tahrir, y que era masacrada por bombardeos, fuego de tanque y artillería.

Más allá de la política represiva de Kadafi, la imagen era falsa. De hecho no se trataba de Trípoli, donde Kadafi tiene un relativo apoyo popular. Una comisión de la ONU verificó que no hubo bombardeos ni acciones militares de envergadura en la capital libia y Robert Fisk señaló en su primera crónica, a los pocos días de iniciada la rebelión:

“Hay poca comida en Trípoli, y sobre la ciudad caía una apagada y triste lluvia. Corría por la Plaza Verde vacía y hacia abajo por las calles italianas de la vieja capital de Tripolitania. Pero no había tanques, ni vehículos blindados, ni soldados, ni un avión de combate en el aire; sólo unos pocos policías y hombres y mujeres mayores caminando por los pavimentos –gente como atontada–. Tristemente para Occidente y para la gente de la ciudad libre de Bengazi, la capital libia parecía tan tranquila como cualquier dictador hubiera deseado”[ix].

Los militares rusos han insistido en que sus satélites no registraron ninguna clase de bombardeo en suelo libio. Y un analista militar de la CNN señaló que Kadafi dejó a la insurgencia extenderse por todo la región de la Cirenaica en el Oeste e incluso aproximarse a Trípoli, porque quería medir sus capacidades para liquidarla en la contraofensiva, tal como estaba ocurriendo hasta la intervención imperial. De cualquier manera la represión del régimen habría sido un total fracaso pues la rebelión se tomó Bengazi y varias ciudades.

Sin embargo, el libreto ya estaba escrito tal como lo sigue estando cuando se dice que las fuerzas de Kadafi continúan bombardeando a civiles desarmados que, en los reportajes de la CNN, aparecen con ametralladoras, blindados, tanques e incluso aviones. En cualquier caso se trata de una guerra civil.

Conocemos la violencia autoritaria del régimen de Kadafi. Pero el problema no está allí. El problema central es la agresión militar imperialista que viola la soberanía de Libia y se atribuye el derecho de intervenir en cualquier lugar del mundo que ellos decidan. Tiene razón Michel Chossudovsky, director del Centro de Investigación sobre la Globalización en Montreal, Canadá, al declarar indignado:

“Ellos han asesinado a más de 1 millón de personas en Irak, ellos no pueden decirnos que están yendo al rescate de civiles. Es una absoluta estupidez”, concluyó.

 

Las “resonancias” de la rebelión árabe

Si las invasiones imperiales tienen un libreto único que culmina siempre a lo Forrest Gump en ¡bombardear, bombardear, bombardear!, las revoluciones populares siguen también una lógica similar pero que no es maquinación de nadie sino el estallido espontáneo de los pueblos.

Una descripción somera de la revolución bolchevique y de la “revolución de los claveles” portuguesa, muestra una lógica común que expresaba su continua profundización: la movilización social fue derrocando gobiernos en una oscilación de derecha a izquierda; gobiernos orquestados sucesivamente  desde el poder para intentar contener la revolución. En Rusia, el Zar, el Príncipe Lyov, Kerensky; en Portugal Caetano, Spínola, Costa Gómez y el triunvirato conformado por Costa Gómez, Vasco Goncálvez y Otelo Saraiva de Carvalho.  Las masas cantan primero La Marsellesa y luego La Internacional.

En ese proceso, la movilización social va consolidando órganos de poder –los soviets rusos, los SUV portugueses– hasta un punto en que la confrontación final es inevitable. En la Rusia del 17, la guarnición de San Petersburgo obedeció al Soviet y no al Gobierno Provisional y precipitó el triunfo de los Soviets. En Portugal, las guarniciones de Lisboa terminaron obedeciendo al Gobierno, en relación a la destitución de Otelo Saraiva de Carvallo, y propiciaron así el triunfo de los “mecheviques”.

En Egipto, y sobre todo, Túnez asistimos a esa suerte de revolución permanente. Es lo que Alain Badiou, en un magnífico artículo llama “El comunismo de movimiento”. En esa perspectiva, una revolución que se detiene se muere.

Cabe preguntarse entonces: ¿Hasta dónde llega el movimiento en Túnez y Egipto? ¿Se están creando órganos de poder popular? ¿El “derrocamiento sucesivo” de los gobiernos rebasa a las Fuerzas Armadas en el caso de Egipto, rebasa a la diversas constelaciones de la burguesía en Túnez?. Más aún, la pregunta acuciante es ¿Continúa la movilización popular? Creo que aun no podemos contestar estas preguntas, aun cuando tengamos nuestras preocupaciones y alarmas.

La intervención imperialista en Libia busca intervenir en el proceso general del mundo árabe para contener y encausar la dinámica revolucionaria desatada en Túnez y Egipto.

 

La oposición Libia: ¿resonancia de Túnez y Egipto o de la CIA?

Respecto al proceso libio ¿cabe asemejarlo a los de Túnez y Egipto en el marco de las resonancias[x] provocadas por los mismos? Si bien confinado en la Cirenaica y, en particular en la ciudad de Bengazi, la rebelión germinó en su inicio formas populares e insurgentes, comités populares, incluso organizaciones de mujeres, niños y ancianos, que comenzaron a resolver los problemas de la vida en común.

Empero, más allá de la dinámica popular inicial, la oposición oficial libia se ha constituido finalmente en torno a dos organizaciones políticas que han formado el Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT): el Frente Nacional por la Salvación de Libia, FNSL,  y Unión Constitucional Libia.

El FNSL es una organización con oficinas en Washington, financiada por la por el Fondo Nacional para la Democracia (NED) creada por el Pentágono, la USAID, el Departamento de Estado y la CIA,  con la participación de figuras como Henry Kissinger, Madeleine Albright, Zbigniew Brzezinski , Wesley K. Clark , y Paul Wolfowitz .

La Unión Constitucional Libia, que proclama la restauración de la monarquía, se origina en los sanusí, una vieja cofradía musulmana que proclamó la monarquía con el Rey Idris[xi], luego derrocado por Kadafi, y que, al parecer, tienen influencia en el movimiento pues muchos de los combatientes exhiben la bandera libia de la época de Idris y que fuera sustituida por la verde de Kadafi.[xii]

El Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT) fue reconocido por Francia y el Reino y ha formado el nuevo gobierno que dirigiría Libia a partir de un eventual derrocamiento de Kadafi.

Cabe la pregunta: ¿Tendrán peso e influencia acaso, en el curso de los eventos desencadenados por la invasión imperialista,  los comités populares de la insurgencia inicial?

Atilio Borón que sostiene el carácter popular y revolucionario de la oposición libia, señaló en días pasados que la intervención de EEUU y los gobiernos europeos tendría por objetivo arrebatarle a esos sectores la dirección de la lucha contra Kadafi para contener el proceso una vez derrocado el régimen y enrumbarlo hacia los intereses imperiales. De hecho, esa previsión ya se está cumpliendo pues si bien los insurrectos rechazaron al principio la intervención extranjera luego se integraron a ella, formaron un gobierno que buscó el reconocimiento de Francia, Europa y EE.UU., y que está ligado a los intereses imperiales, y han saludado eufóricos los bombardeos de la llamada coalición internacional, dirigida por EU., aunque por ahora dicen rechazar la presencia de tropas extranjeras.

La oposición Libia es en este momento una parte substancial de la estrategia imperialista y se mueve en su perspectiva. Los bombardeos pretenden debilitar al Ejército de Kadafi para que la oposición, que estaba arrinconada en días pasados, se restablezca y avance rumbo a Trípoli. A la vez, la formación de un Gobierno con su Presidente pretende crear una legitimidad internacional que permita a las fuerzas imperiales intervenir directamente bajo la cobertura de la ayuda humanitaria. No sabemos cuál será el desenlace final del proceso, hoy al parecer empantanado. Pero, un eventual triunfo de la oposición sería el establecimiento de un régimen títere, al modo de los de Irak y Afganistán[xiii].

 

La estrategia de la invasión imperial

“Un movimiento revolucionario no se extiende por contagio sino por resonancia”,  es una afirmación de Jean-Marie Gleize, citada por Badiou.

“El Comunismo de movimiento”, desplegado en Túnez y Egipto, empezó a extenderse por todo el mundo árabe y auguraba una marejada social que inevitablemente tendería a asumir un dinamismo revolucionario.

Bahrein sufrió el impacto. Pero Bahrein es una pieza fundamental de la estrategia imperial para el control del Golfo Pérsico y del Golfo. La Sexta Flota norteamericana se encuentra frente a Bahrein. Por eso, lo que es malo en Libia es bueno en Bahrein: E. U y Europa han tolerado la represión de la movilización popular que, a escala del tamaño del país, tenía las características de la dinamia de la plaza Tahrid de Egipto. Y lo que es más grave, han tolerado que Arabia Saudita, la más reaccionaria y represiva de las monarquías árabes, y los otros países del Golfo intervengan militarmente para sofocar la rebelión popular de Bahrein.

La ofensiva imperial en Libia es parte de una estrategia global en el Medio Oriente para contener la dinámica revolucionaria detonada por los pueblos de Túnez y Egipto, y reencauzarla en el marco de la dominación imperial.

Más aún, es la superación de la orientación, las debilidades y los fracasos de la política de Bush. La actual política de Obama es formalmente distinta de la de Bush y muy parecida a la de Clinton en Kosovo: cuenta con la alianza de toda el gran capital europeo, ha incorporado a los temerosos gobiernos árabes, ha subordinado a China y Rusia, y ha asumido una legitimidad sin precedentes con una resolución del Consejo se Seguridad de la ONU.

El poder norteamericano en todo su esplendor. Y para evitar suspicacias ha dejado a la Unión Europea un papel muy significativo. De alguna manera, las responsabilidades políticas y militares expresan la realidad económica de las relaciones imperiales con Libia. Italia exporta a Libia e importa de la misma una cantidad 8 veces superior a la de E. U.[xiv]. Las principales empresas petroleras en Libia son europeas.

Pero, ese poder norteamericano es una apariencia. De hecho, los Estados Unidos han mostrado crisis y decadencia como dictadura planetaria y han debido someterse al imperio del capital multinacional

Si una de las bajas de la invasión a Irak fue Imperio, el famoso libro de Tony Negri, la invasión a Libia puede resucitarlo.

[1]



[i] Los más grandes acuíferos del mundo son: 1. Acuífero de Areniscas de Nubia, con un volumen de 75 mil millones de metros cúbicos. 2. Acuífero del Norte del Sahara con un volumen de 60 mil millones de metros cúbicos. 3. Sistema acuífero Guaraní con un volumen de 37 mil millones de metros cúbicos. 4. Gran Cuenta Artesiana, en Australia, con un volumen de 20 mil millones de metros cúbicos. Ver: Cristian Frers: “La próxima guerra… la guerra del agua”, Novopress, 2008; en: http://es.novopress.info/3346/la-proxima-guerra%E2%80%A6-la-guerra-del-agua/.

[ii] La balanza comercial pasó de 11.642 millones de dólares en el 2003 a 26.394 en 2007

[iii] Sorprende, por ejemplo, que Robert Fisk, el gran periodista que tanto ha hecho para combatir la prepotencia imperial, define el proceso actual por la demencia de Kadafi o su “crueldad asesina”.

[iv] Todo el gran capital alemán con la IC-Barben y los Krupp a la cabeza, se imbricaron con Hitler y los nazis. En los laboratorios IG-Farben se elaboraba el temible gas Cyclon B, utilizado en las cámaras para asesinar a millones de seres humanos[iv]. Por su parte,  la industria pesada Krupp AG,  fue la gran gestora del rearme alemán conducido por Hitler, utilizando trabajo esclavo de prisioneros de guerra, en especial en sus fábricas cercanas a Auschwitz: de los 250 mil obreros en sus dominios, 100.000 eran trabajadores forzados, la mayoría soviéticos que sufrieron de una crueldad inhumana. Amén de los Krupp e IG-Farben, las empresas Flick, Thyssen, AEG, Siemens, Haniel, Banco Alemán, Banco de Dresde, Banco de Comercio participaron de la estrategia nazi, Pero no solo el capital alemán sino empresas yanquis, como la filial alemana de IBM, la Deutsche Hollerith Maschinen Gesellschaft (Dehomag),  cuyo primer director,  Thomas Watson recibió la Cruz al Mérito del Águila. Junto a la IBM, La Esso, Ford y General Motors, Du Pont, Union Carbide, Westinghouse, General Electric, Goodrich, Singer, Kodak, ITT, IBM, JP Morgan. Ford también recibió la cruz al Mérito del Águila. Sin embargo, ninguno de ellos fue cuestionado. Alguno de ellos estuvo preso en Núremberg, pero la sanción impuesta” hubiera puesto feliz a un ladrón de gallina, según un observador de la época… Poco después, todos fueron amnistiados y sus familias siguen siendo las dueñas de dichas empresas.

[v] En los 70, amén de la descolonización del África portuguesa y del ejemplar proceso de Namibia, se dio la emergencia mundial de la OLP, la independencia de Zimbawe, el triunfo sandinista y la revolución islámica

[vi] Principales países clientes de exportaciones libias:

Italia                      32.858.036

Alemania               5.792.137

EU                            3.540-204

España                   3.488.274

China                      3.094.990

Fuente: Un database, COMTRADE.

[vii] Ver Santiago Alba Rico, Alma Allende ¿Qué pasa con Libia? Del mundo árabe a América Latina, online.

[viii] Ibíd., El acuerdo Berlusconi-Gadafi de 2003 puede leerse completo en la página de Gabriele del Grande

[ix]Crónica de Robert Fisk, primer corresponsal en llegar a LibiaThe Independent La crónica se presenta así: “Tremenda exclusiva. El diario Independent ha sido el primer medio de comunicación en llegar primero a Libia y como si esto fuera poco el periodista que ha librado temeraria hazaña ha sido Robert Fisk, considerado el corresponsal extranjero más experto en temas de conflictos y uno de los más influyentes en la política internacional”.

[x] “Como dice poéticamente Jean-Marie Gleize, “un movimiento revolucionario no se extiende por contagio sino por resonancia. Algo que se forma aquí resuena con la onda de choque emitida por algo que se forma allá”. A esta resonancia llamémosla “acontecimiento”. Ver Badiou, Alain La chispa que incendia la llanura Revista Ñ, Buenos Aires, 8-3-11.

[xi] Los sanusíes son los miembros de una cofradía sufí fundada en La Meca en 1837 por Sayyid Muhammad ibn Ali as-Senussi. Su nieto, Idris I, fue beneficiado por los británicos con el trono del Reino de Libia en 1951. Pro occidental, se mantuvo neutral en la Guerra árabe-israelí de 1967. En 1969 fue derrocado por Kadafi. La fuerza de esta corriente radica en que cerca de la tercera parte de la población libia continúa afiliada a las congregaciones sanusíes.

[xii] La familia de Idris, ha montado una larga conspiración, desde su derrocamiento y expulsión Una información de la AFP del 26-II-2011 de la AFP, nos dice:  “Mohamed Al Sanusi, sobrino nieto del rey libio Idris, derrocado en 1969 por Muamar Gadafi, afirma ser ‘príncipe de Libia en el exilio’ y apoyar a ‘los héroes de la revuelta popular’ contra el actual régimen, dirigido por un ’asesino de su pueblo’ (…). Mohamed Al Sanusi mira con evidente placer la aparición en las manifestaciones de banderas del ex régimen monárquico, negras, rojas y verdes con una media luna y una estrella. ‘Es la bandera de la libertad, de la independencia. Me alegra mucho que se transforme en el símbolo de los jóvenes insurrectos’.” La prensa ha transformando la historia e una crónica hoolivoodense a propósito de la española Ana María Quiñones, esposa de Mohamed Al Sanusi, y se pregunta si habrá “¿una reina española en Libia?”.

[xiii] El retorno de Aristide, derrocado por un golpe militar, al poder en Haití en la punta de las bayonetas yanquis, le puso en sus manos y le quitó toda autonomía desencadenando su derrota ulterior.

[xiv] Principales proveedores de Libia, 2007: Italia,    4.490.605; China, 1.725.164; Alemania,  913.380, Túnez, 697.486; EU, 510.506. Fuente: Un database, COMTRADE.