THIS IS NOTFILM

THIS IS NOT A FILM

Juan Martin Cueva

En estos días me ha agarrado la globalización. Fuertemente. Quizás porque se canceló el vuelo que debía regresarme de Pasto a Bogotá, y estoy aquí en un cuarto de hotel con vista al patio interior y banda sonora de aspiradora, por suerte con un wi fi más o menos bueno y un chuchaqui de guayusas más o menos malo, estado que influye sin duda en las cosas que leo “en el internet”. ¿Así se decía antes, no? “Lo dice el periódico, lo contó la radio, lo afirmó la prensa”, como confundiendo el medio con el emisor. Cómo olvidar la voz y el gesto de Jorge Ortiz al declarar “lo piensa todo el mundo, lo dice la prensa, el país entero sabe que la cosa es así”, incapaz de asumir una voz propia y conjugar los verbos en primera persona, yo Jorge Ortiz, o nosotros el grupo Diners… lanzando la piedra y escondiendo la mano. Qué distinta esa postura de la del cineasta Jafar Panahi.

Después de haber sido apresado y torturado, este cineasta iraní fue objeto de la condena impensable de no poder hacer películas por veinte años. Impensable pero muy lúcida por parte de un gobierno que aparentemente conoce el poder de las imágenes. Ahora, Panahi es el autor de un objeto fílmico no identificado, que no conviene llamar película porque en realidad no lo es. Es mucho más que una película, mucho más que cine. Con una inteligencia y un sentido del humor impresionantes manda al festival de Cannes una pieza titulada “This is not a film” que torea magistralmente a la censura de su país. La negación del título es una rotunda afirmación de libertad: ¿No me dejan hacer películas? Qué importa: ahí les va una no película, al fin y al cabo lo que importa es que lo que quiero decir sea dicho. Hace tiempos que el cine no está encerrado en un soporte (la cinta de 35mm), en un formato (documental, ficción), una duración (una hora y media) o una sala oscura dentro de un mall. Con este gesto Pahani libera al cine de una vez por todas de todas las camisas de fuerza. Su gesto dice otra vez lo que dijo Blas de Otero en su España indignada: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.

(http://www.youtube.com/watch?v=QJ8wYMk4ZA0&feature=related)

Los organizadores del festival recibieron un flash memory con la obra en la que el director se convierte en actor, en entrevistado, en lector, en narrador más exactamente: nos cuenta la película que no puede filmar. Panahi deja la puesta en escena a cargo de la imaginación del espectador, y de pronto ya no se sabe quién firma, quién afirma: si Panahi, si Mojtaba Mirtahmasb (que filma la entrevista), si el espectador que podrá “hacerse su propia película” en la cabeza. Es una muñeca rusa, una Matrioshka: dispositivo de narración en que una película está metida dentro de un guión, el guión leído en una entrevista, la entrevista dentro de un “documental” realizado por otro realizador, y todo esto envuelto en un dispositivo de memoria USB (http://www.youtube.com/watch?v=k-1bjMZiHBY).

La memoria en todo caso, como agua represada por un derrumbe, busca los declives del terreno y encuentra la forma de seguir bajando hacia el mar, por conductos subterráneos, por cataratas o por cauces más tranquilos, como sea, la libertad se abre paso, como en el documental de María Fernanda Restrepo sobre sus hermanos (http://conmicorazonenyambo.com), como los indignados de la Puerta del Sol en Madrid (http://efvernet.shutterfly.com/457?eid=112#463), como los restos de Salvador Allende exhumados después de casi cuarenta años (http://www.elpais.com/articulo/internacional/Chile/exhuma/restos/Allende/despejar/dudas/muerte/elpepuint/20110523elpepuint_4/Tes), como los manuscritos de Robespierre. Un fantasma recorre Europa, Irán, Chile, Oaxaca, Yambo: el fantasma de la libertad.

El internet esta mañana me cuenta que la Plaza del Sol amaneció otra vez llena de gente, y que la derecha le ganó a la “izquierda” por 10 puntos. Me cuenta que Strauss Khan pagó un millón de dólares de fianza. Me dice que probablemente gane Fujimori en el Perú y que el Archivo Nacional de Francia tuvo que recurrir a una colecta pública para adquirir los últimos textos manuscritos de Robespierre (http://archivologo.blogspot.com/2011/05/los-manuscritos-de-robespierre-se.html). Que Ecuavisa ha borrado los archivos del caso Restrepo porque “las cintas estaban dañadas”… Que hoy se exhuma el cadáver de Salvador Allende y mañana los desplazados de Copala, Oaxaca, empiezan la Marcha  del color de la sangre (http://cmldf.lunasexta.org/node/18605). Mucha información para una memoria tan chuchaqui. Casi toda esta información, de estos pocos días y que es apenas una mínima parte de las “actualidad” que trae internet, gira en torno a la memoria.

This is not a film, dice Panahi, y hasta su título critica otros títulos, otros membretes que nombran lo que no designan: ¿Qué tiene el PSOE de socialista y de obrero? Nos quedan las palabras: aunque la derecha más retardataria quiera tomarse hasta las más bellas palabras aquí en el Ecuador (los “libertarios”), nos quedan las palabras, nos queda el nombre de Robespierre y el de Salvador Allende, el nombre de Carlos Santiago y de Pedro Andrés, el nombre de la Puerta del Sol.

Esto no es una pipa, escribía Magritte bajo una reproducción bastante realista de una pipa. Esto no es un filme, dice Pahani haciendo uno de los filmes más conmovedores que se han hecho, casi al mismo tiempo que María Fernanda Restrepo toma la palabra para decir yo, mi corazón, mis hermanos. Me queda la palabra, me queda el cine, me queda la memoria y la indignación. Nos quedan estos valientes que filman estándoles prohibido, que buscan y recuerdan y no cesan de señalar con el dedo a los culpables, nos quedan los indignados y las mujeres negras humilladas en un hotel de NY, nos quedan los manuscritos de Robespierre y los campesinos de Oaxaca que marchan por recuperar lo suyo. Nos queda el ejemplo de Salvador Allende.