DESPUÉS DE LA CONSULTA

DESPUÉS DE LA CONSULTA

 Pablo Ospina Peralta

Falta todavía mucho por analizar en los resultados de la Consulta Popular de mayo pasado. La victoria de la tesis gubernamental es un dato importante para un gobierno que lleva más de cuatro años en funciones. Pero el crecimiento de alrededor del 15% del NO por comparación a la consulta de aprobación de la Constitución en el año 2008, muestra que a un 25-28% del voto duro de la derecha, se sumó esta vez el voto del centro y la izquierda independiente del gobierno.

En efecto, lo nuevo en el panorama político de esta consulta fue el voto en contra de casi toda la izquierda y el centro organizados que habían apoyado la Constitución en 2008. En el voto del SI también se mezclaron votos de derecha, como puede verse en el mayor margen de diferencia a favor de las dos primeras preguntas, tradicionales tesis de la derecha política para quien el aumento de la delincuencia proviene del exceso de derechos y garantías.

Parece claro que una parte importante de los sectores medios urbanos serranos, pero también costeños, se están desencantando de la revolución ciudadana. Ese desencanto se expresa en el relativo aumento del NO en las áreas urbanas de la costa. Los datos de la sierra central parecen confirmar que la derrota ciudadana en las zonas altas de los páramos indígenas es mucho mayor que en las zonas urbanas o subtropicales de esas provincias. Es llamativo que el SI triunfara en las zonas subtropicales de la sierra central porque es precisamente allí donde, en elecciones pasadas, estuvo uno de los bastiones del gutierrismo.

La verdad es que en las zonas rurales indígenas aumenta el NO, pero sobre todo aumentan exponencialmente los nulos y los blancos, históricamente muy altos. La excepción es, por supuesto, la zona occidental de Pujilí, donde Rafael Correa tiene un vínculo casi personal. La leve diferencia nacional entre el voto femenino y el masculino se vuelve mucho más importante en Guayaquil. En efecto, si en el puerto principal solo hubieran votado las mujeres, el NO habría ganado en siete preguntas, mostrando lo que es probablemente un desencanto mayor entre las mujeres de sectores medios. En la Amazonía, a los tradicionales feudos del gutierrismo, esta vez se sumaron con fuerza las áreas de mayor influencia de Pachakutik.

En resumen, el voto de ambas opciones muestra una variable mezcla ideológica y social. El NO combina votos duros de la derecha con votos de la izquierda, voto de sectores medios urbanos con el voto de las zonas más empobrecidas y marginalizadas del país. El SI combina votos de zonas y tesis gutierristas, noboístas y socialcristianas, con un persistente apoyo en provincias de tradicional voto de centro-izquierda como Azuay o Imbabura.

¿Cuál es la lectura del gobierno de estos resultados? Daría la impresión que en cuanto al voto de sectores medios y de mujeres, simplemente da las cosas por perdidas. Su interpretación parece ser que eso depende del estilo autoritario e insolente del presidente. Pero eso no tiene arreglo. Ni siquiera en los momentos más delicados de la campaña, pudo contenerse y evitar enviar a prisión a quien lo encara en la calle. Pero en cuanto al voto popular, todo apunta a que su lectura es la necesidad de una mayor “eficiencia” gubernamental. La masividad del voto rural en la costa se contrasta con la debilidad del voto rural en la sierra. Pero las razones de esa diferencia, en su lectura, no son de línea política o de construcción de alianzas orgánicas (por ejemplo, haberse enajenado el apoyo de Pachakutik o el MPD), sino culpa de funcionarios incompetentes o de programas de inversión mal manejados. Solo así es posible explicarse que aquellos sectores que idearon la Consulta (Alexis Mera y Vinicio Alvarado) no se hayan debilitado luego de unos resultados mucho menos halagadores de lo esperado. La Consulta fue pensada desde el marketing y la comunicación política. Sus resultados son interpretados desde la misma óptica.

Solo así se explica, por ejemplo, la designación de Stanley Vera como Ministro de Agricultura. Luego de un tímido intento de modificar la política agraria enfocándola en moderados esfuerzos de redistribución con el ministro Ramón Espinel, el nuevo ministro dio el tono de su enfoque en los tres minutos de su primera comparecencia pública: impulsará la exportación, los negocios inclusivos y los biocombustibles. Es difícil encontrar un programa de acción más alejado de las organizaciones campesinas e indígenas que impulsaron el NO (o incluso el SI) en la Consulta.

La “eficiencia” no está al servicio de una orientación política determinada, por ejemplo, la redistribución de tierras, sino de ampliar los servicios y subordinar los campesinos a las agro – industrias “viables”. Claramente el gobierno no interpreta que el voto rural en la sierra tenga algo que ver con la influencia o la fortaleza o la campaña realizada por las organizaciones campesinas e indígenas. Tampoco tiene que ver con que no se haya avanzado en el programa de acción frente al agua, la tierra, la minería o los agro – negocios, que esas organizaciones demandan.

Por lo tanto, después de la Consulta solo cabe esperar más de lo mismo. Los mentalizadores de la estrategia política del régimen siguen en sus puestos de mando. Los ajustes serán eso, ajustes de tuerca a una estrategia global que permanecerá inalterada. La izquierda fuera del gobierno tiene el difícil desafío de preservar lo que ganó en la Consulta: un perfil político autónomo y una voz crítica que se diferencia claramente de la derecha.