LOS DEDALES DEL IMPERIALISMO Y LAS ORGANIZACIONES INDÍGENAS

LOS DEDALES DEL IMPERIALISMO Y LAS ORGANIZACIONES INDÍGENAS

Jorge G. León Trujillo[1]

 Las organizaciones indígenas inquietan, apasionan y molestan. La actual oposición de la CONAIE al gobierno de Rafael Correa, luego de haber sido su aliado, preocupa y es también incomprensible para muchos. Para unos, esta postura es señal que los indígenas encarnan alguna idea de radicalidad de izquierda, para otros es inequívoco signo que han perdido su ruta y pertenecen a algún bando de la derecha. A ese punto, en Ecuador, predomina la polarización entre estar por o contra Correa, sin espacio para términos medios. Con un análisis diferente, de mayor sutileza, aquí mismo, Gerard Coffey concluye que el  movimiento indígena “antes fue sólidamente de izquierda pero .. ya no lo es”. De suplemento, él parte de los planteamientos de Eva Golinger, una empleada del presidente venezolano Chávez, para situar el planteamiento. Si bien él los debate, conviene incrementar argumentos sobre este tipo de discursos.

Por lo mismo, en este texto retomaremos el debate sobre los indígenas y sobre el tipo de argumentos o rol de Golinger, tomando como pretexto el texto de Coffey no tanto en debate con él.

Los indígenas siguen siendo ajenos a sí mismos.

 Cada sector tiene en mente “sus” indígenas, unos los consideran ecológicos de por sí (como si fuera algo genético), otros los hacen intrínsicamente revolucionarios (como en principio deberían ser todos los pobres), también están aquellos que los ven religiosos de por sí, o rurales en su ser mismo o destinados a conservar sus culturas con las formas de expresión del pasado. En suma, los indígenas no serían seres históricos y sociales, sino la encarnación de algo inmanente a su ser, concebido en este caso por los no-indígenas. Sin embargo, de suplemento, los mismos dirigentes indígenas van en el mismo sentido; por ejemplo, unos consideran que la violencia doméstica tan arraigada en varios pueblos indígenas, no es propia de los indígenas sino un legado colonial, como lo serían los conflictos entre indígenas; aún más, la dominación de género, de hombres sobre las mujeres, tan evidente, no existiría porque los indígenas serían la encarnación de la igualdad y la equidad (serían, pues, el único caso en la historia y en el mundo); así, lo que llega a ser parte de lo considerado indigno se vuelve herencia colonial o del “contagio” con los mestizos, los indígenas serían para esos dirigentes puros como la creencia religiosa lo concibe.

Aún más, no es raro que indígenas y no indígenas, pretendan que la lucha actual de los indígenas es la misma desde hace siglos, la resistencia colonial sin fin, que ya sabían desde los abuelos, desde siempre, lo que había que hacer, que tendrían un proyecto heredado por las venas. También en estos modos de concebir a estos pueblos y culturas, los indígenas que no corresponden a estos estereotipos serían traidores a sus culturas, a sus pueblos. Acontece lo mismo que antes se consideraba de los obreros; debían ser necesariamente revolucionarios sino pasaban a la categoría de traidores.

Y ¿si los indígenas fueran seres sociales y propios a una historia, a un momento o coyuntura, como son todos los seres humanos y culturas? Por lo mismo, la lucha de los abuelos o de las generaciones del pasado han sido propias al momento, que ahora es otro tiempo y otros indígenas, que definen proyectos de futuro o que construyen o inventan el pasado como hacen todos los pueblos para situarse en su tiempo y construir sus aspiraciones. Por lo mismo, también, igual que en el pasado, no todos los indígenas son iguales, compiten entre diferentes y similares, que sus conflictos igual que en toda sociedad obedecen a múltiples razones.  Desde luego que, siguiendo sus culturas, enfrentan diferentemente sus problemas y necesidades, conciben diferentemente su pertenencia y visiones de la vida o del futuro. Igualmente, en cada sociedad minúscula, familiar, o amplia las diferencias de posiciones y concepciones se expresan de modos diferentes y no es raro, en los tiempos contemporáneos, que se traduzcan en tendencias políticas diferentes.

Organizaciones plurales en lo social e ideológico: frentes de masas

Las organizaciones indígenas, aquellas que se cobijan en la CONAIE, por ejemplo, nacieron mayoritariamente católicas, sus dirigentes si bien no siempre fueron confesionales a la iglesia católica, no es la mayoría de ellos que no siguió las pautas clericales. Siguiendo la base comunal de buen número de estas organizaciones, los miembros de la organización incluía a gente de todo pensamiento y tendencia, con el tiempo cuando los indígenas dejaron de ser todos comunitarios o que vivían de sus actividades en la comunidad, sus diferencias y concepciones se han acrecentado. Cuando ya se volvieron parte del juego político electoral, a muchos, sobre todo a los más jóvenes les vino una necesidad generalizada de ser actores políticos, y como en todo medio social, siguieron las posibilidades de inserción en las organizaciones políticas, así existen ahora indígenas de todos los colores políticos. Los oportunistas, como en todo medio social,  también disputan su espacio para ganarse lo que pueden y son también aquí un problema para los/as dirigentes que quieren seguir principios y programas.

En suma, para no alargar hechos y argumentos, en la comunidad como en las organizaciones, no ahora sino desde antes, hubieron personas de diversas tendencias y posiciones, que de modo explícito o implícito definían posiciones diversas en lo político. Sin embargo, el conflicto étnico en su condición de pueblos excluidos y desconocidos; y, en su condición social de campesino pobres, frente a una sociedad y sistema político que los ignoraba y excluía lograba integrarles en propuestas para romper las barreras de la discriminación étnica y social. Cuando éstas han sido vencidas en buena parte, sobre todo en el aspecto étnico, las diferencias emergen más, se diseñan y se vuelven parte sustantiva de la vida colectiva indígena, dentro y fuera de la organización.  Para las organizaciones se vuelve más complicado mantener a los miembros diferentes adheridos a una u otra posición. Como organizaciones, digamos de frente de masas, siempre fueron pluralistas y no predominó en realidad una tendencia. Sus causas terminaban definiéndolas en relación al grupo, más que sus propuestas de sociedad o economía o de política sobre el conjunto que fue en realidad mínima, predominaron sus causas étnicas y de campesinos pobres. NO es sino más recientemente que han construido sus propuestas en relación a la sociedad en su conjunto, sin que necesariamente éstas hayan logrado ser incorporadas por la mayoría de sus miembros.
 

¿Antes de izquierda? ¿Ahora de derecha?

 Sin embargo, las organizaciones miembros de la CONAIE no han modificado sustantivamente sus posiciones y luchas, desde luego que siguiendo los momentos y coyunturas ha predominado más una u otra idea, o una y otra tendencia. Pero mal se podría ahora decir que antes fue de izquierda y ahora no. ¿Qué les hacía antes de izquierda y ahora no? Sus demandas de romper las discriminaciones, como parte del rechazo de la herencia colonial, o de reivindicar mayor igualdad social como pobres o trabajadores de todo tipo, sigue siendo igual. Y así para otros dominios de acción. Ayer como ahora, igualmente, tienen posiciones de defensa del medio ambiente, por ejemplo. Puede ser que ayer fue más discurso que un hecho conflictivo, como lo es frente a la propuesta de Correa de generalizar la extracción minera, no cualquiera, sino una a cielo abierto.

En este caso, ¿qué ha cambiado? No la posición de las organizaciones indígenas, sino la situación, un gobierno que defiende y promueve la extracción minera, atiza el conflicto, de suplemento en un ecosistema frágil como es el amazónico. ¿El rechazo indígena les vuelve de derecha? ¿la posición de Correa al respecto es izquierda? El rechazo indígena a Correa, entre otros por este hecho, ¿por qué los haría de no-izquierda o de derecha? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Acaso Correa encarna la izquierda, o encarna en todas sus posiciones a la izquierda? Más que una definición de las organizaciones indígenas, el problema es Correa.

La situación sin embargo, no es simple, pues Correa debe ser el presidente que más aspectos favorables a los indígenas ha promovido, sobre todo en el ámbito simbólico-cultural y de reivindicación del pasado. Empero, existen diversos conflictos reales ante posiciones diferentes como las relativas al extractivismo minero o del petróleo, que junto a los vejámenes, insultos, improperios y burlas que Correa ha hecho a los dirigentes indígenas han terminado por crear una polarización y mutua exclusión entre el Presidente y los dirigentes indígenas[2]. El resto es bola de nieve, cada vez más el rechazo y el mutuo desprecio se incrementan. En este caso, también, ¿por qué el rechazo del Presidente sería aceptable y no la respuesta indígena, por qué la posición del uno la buena y de  los otros la mala?

En esta polarización en que Correa acumula poder y la sociedad civil queda reducida y pierde su espacio, no debería sorprender que los indígenas hayan buscado aliarse con los demás oponentes de Correa, como los miembros muy oligárquicos de la Junta Cívica de Guayaquil. No sé si es más error que en el pasado, cuando todos veían a las organizaciones de la CONAIE como muy izquierdistas, aliados unos con Bucaram otros con el gobierno de turno o con Gutiérrez o dando un golpe de Estado instrumentalizados ellos por sectores del ejército. ¿qué define la línea de lo correcto de izquierda? ¿Y, si estas organizaciones indígenas no fuesen ni de izquierda ni de derecha, si fuesen algo así como progresistas, defensoras de la causa de los excluidos que son la gran mayoría de sus miembros?.

¿Quién es de izquierda y quién de derecha, indígenas o  Correa?

En suma, las posiciones indígenas no han variado sustantivamente, y la idealización hecha de la lucha indígena reciente cuando coincidían en la protesta y rechazo a los gobiernos con grupos de la izquierda oficial, conviene a lo mejor situarlo por lo que fue, pues los indígenas entonces siguieron sus demandas más que otra cosa. El cambio al respecto, es a lo mejor que los aliados de ayer son ahora favorables al gobierno y piensan que los demás deben seguir su itinerario.

Probablemente como acontece con las polarizaciones, vendrán tiempos en que se sitúe con distancia la situación actual y se podrá ver que bien se puede ser de izquierda estando con Correa o no. Igualmente, bien se puede ser de derecha junto a Correa o no, no sólo porque buena parte de los apoyos, dirigentes, bases y autoridades del gobierno fueron de derecha hasta el momento de su llegada al poder, sino porque sus ideas  no han cambiado. Por lo demás, oportunistas en el lado indígena hay tantos o menos que en el lado gubernamental y cada cual de éstos tira simplemente el agua a sus intereses, pero eso no define a las acciones del conjunto, sea de la organización indígena, sea del gobierno.

La paranoia como modo de descalificar al contrincante y vaciar la lucha política

De suplemento, recientemente a raíz de la trágica protesta de la policía ecuatoriana el 30 de septiembre 2010, el gobierno venezolano ha hecho suyo un texto de Eva Golinger que alegremente recupera las viejas tendencias de cierta izquierda de ver en todo, los hilos del imperialismo de EEUU. Ella, ciudadana de EEUU, podría saber de las contradicciones de su sociedad o de las diversas tendencias presentes en su Estado o en sociedad, pero no, para ella todo en EEUU sería una sola cosa. Sin más, asocia cualquier nexo con una entidad de EEUU como la entrada o maquinación de la CIA. Este reduccionismo más bien revela una lógica paranoica como justificativo de la polarización en que se complacen ciertos militantes de izquierda que reducen la lucha social y política al apoyo a alguna posición oficial de la izquierda triunfante del momento. Con lo cual las diferencias, los conflictos, las divergencias, la dinámica social dejan de ser reales y son reducidas a acciones de este omnipotente imperialismo que sabe todo, puede todo y decide de todo. De todo salvo de lo que la posición “buena” hace. Con lo cual igualmente, no pueden haber izquierdas divergentes, sólo cabe la buena.

De este modo Golinger, sin otra prueba que la imaginación, considera que todos los que reciben fondos de USAID son instrumentos de la CIA y de los intereses de los EEUU. Consecuentemente, los actores locales, organizaciones sociales o no, no tendrían autonomía alguna, son pobres marionetas sin capacidad de pensar o decidir. El texto de Golinger vuelto oficial de Venezuela, al inicio rechazado por Correa en su versión primera de los acontecimientos de septiembre con la policía y, después que la versión del golpe de estado se ha oficializado, fue convertido en texto explicativo del complot, difundido en Ecuador.

Por éste, el complot es tan evidente que los opuestos a Correa como las organizaciones indígenas, habrían sido infiltradas por la CIA. ¿si no cómo habrían llegado a estar contra Correa? En síntesis, sólo el maniqueísmo imperial, no las divergencias sociales, políticas o ideológicas, explicarían las posiciones de las organizaciones indígenas opuestas a Correa. Así, aparecen las “pruebas”, la dirigente indígena Lourdes Tibán, claramente opuesta a Correa el 30 de septiembre, recibió un financiamiento de USAID para una organización de pequeños empresarios indígenas, que el encargado del proyecto habría sido un experto de la CIA, etc. Y la lista de Golinger continúa así, pero larga, con todas las organizaciones ecuatorianas, ni que decir de las ecologistas, que han recibido dinero de la cooperación de los EEUU.

Estas simplificaciones de cómo EEUU defiende sus intereses no permite ver lo que está en juego en las acciones de este país, ni menos se podría entender que es principal de lo secundario. Cómo si las propuestas de USAID, por ejemplo, de dotar de infraestructura a ciertas poblaciones fuera simple acción de la CIA, y no por ejemplo una política de un Estado que ve como fuente de conflictos armados o de otra índole y que le amenazan, a estas situaciones de pobreza, frente a las cuales considera que hay que atenuarlas o cambiarlas para garantizar paz. Los ejemplos pueden ser miles, pero llegar a simplificaciones de cómo una potencia construye la defensa de sus intereses a los argumentos negro y blanco, nos lleva a minimizar la lucha política y la dinámica de las sociedades o el poder. En contra parte, la izquierda pierde también el sentido de construir su proyecto en el mundo tal cual es, para vivir en el negro y blanco. Mal se puede así construir proyectos y utopía, bastan bombas o un redentor que nos saque de la desgracia, no pueblos activos que viven luchas y contradicciones.

Quito, 13 de julio 2011.

[1] Investigador del CEDIME, Centro de Estudios sobre Desarrollo y Movimientos Sociales del Ecuador.

[2] Jorge León Trujillo. “Las organizaciones indígenas y el gobierno de Rafael Correa”, en Íconos. Revista de Ciencias Sociales. Num. 37, Quito, FLACSO, mayo 2010, pp. 13-23,