REFLEXIONES EN LA TRANSICIÓN HACIA UNA ERA POST EXTRACTIVA EN BOLIVIA. por Erika Loritz

REFLEXIONES EN LA TRANSICIÓN HACIA UNA ERA POST EXTRACTIVA EN BOLIVIA

Erika Loritz Bolpress www.bolpress.com

Partimos de un extractivismo que siente las bases de su propio fin. Un modelo de explotación de la naturaleza que se entienda como transitorio y necesario para generar la estructura productiva de otra economía, una economía plural, social, cooperativa, comunitaria, autónoma, sustentable, para la soberanía alimentaria, para el Vivir Bien.

 Partimos de la transición del actual extractivismo depredador para pasar a uno sensato

teniendo como horizonte un extractivismo indispensable.

(Eduardo Gudynas).

 

Este extractivismo entendido como transitorio es el legado de 500 años de dependencia económica a través de la exportación de recursos naturales. Entendemos que por la misma historia del país, difícilmente Bolivia pueda terminar con esta dependencia extractiva en el corto plazo, lo importante es que se vaya caminando en esa dirección. El monocultivo de transgénicos es una forma de extractivismo. Si hablamos de una transición hacia otro paradigma de desarrollo legalizar nuevas formas de extractivismo es una contradicción en este camino.

Partimos de un extractivismo con control social, donde la sociedad en su conjunto participe del monitoreo, de la planificación y gestión de la explotación, donde los estudios ambientales sean respetados y el Estado regule la actividad de manera integral. Este control social se logra con el marco jurídico actual, poniendo en práctica la CPE. En este sentido, no es necesario construir nuevos modelos sino hacer cumplir las regulaciones actuales.

Partimos de constatar que el modelo extractivista trae como efecto la destrucción de la vida, de los seres humanos (a través del desempleo, las enfermedades provocadas por la contaminación, el avasallamiento de los territorios) y de la naturaleza (por la contaminación, sobreexplotación, pérdida de la biodiversidad). Estos efectos, si bien no intencionales, está directamente relacionados con el extractivismo. Una economía que se sustente en este modelo es una economía de muerte.

Partimos de la evidencia de que el extractivismo se desentiende de la reproducción de la vida, al separarse demasiado de las necesidades de los seres humanos. En el modelo extractivista se arranca frutos a la naturaleza sin respetar sus ciclos. Estos frutos son trasladados a otros países o continentes como materias primas. A cambio de estos frutos de la naturaleza recibimos divisas. Parte de estas divisas entran a un banco y se transforman en reservas que permiten asegurar los emprendimientos extractivistas y darle estabilidad a la economía. Otro porcentaje se reparte en forma de bonos, recibiendo las personas dinero para poder acceder en el mercado a los bienes de consumo (muchos de ellos importados de otros países). Muchos plantean la necesidad de acortar ese circuito vicioso en el que quedamos dependientes de los mercados internacionales y sus divisas. Las regalías, los bonos, los dólares, el petróleo, los minerales no se comen, no se usan, no nos abrigan. La producción del país se debe relacionar más directamente con la satisfacción de las necesidades de la población, con la calidad de vida de las personas, con la producción de bienes para la vida. Basar una economía en la producción de mercancías para obtener bienes de cambio (ganancia) en detrimento de los bienes de uso (bienes y servicios para el consumo) es por demás arriesgado e irracional. Nos alejamos de una producción que sólo se mide por la ganancia y que atenta contra la vida de los seres humanos y de la naturaleza. La producción ligada directamente a las necesidades de los sujetos, incluyendo como sujeto de derechos a la Madre tierra, es el verdadero motor de una economía para la vida.

La propuesta presente en el Plan de Desarrollo se basa en la captación de las regalías de los hidrocarburos y otros sectores estratégicos para la redistribución en la sociedad y la diversificación de la economía, potenciando las economías regionales. En este sentido, podemos decir que la lógica de la redistribución se ha puesto en marcha, no así la diversificación de la matriz productiva.

Los beneficios sociales que este gobierno ha traído para las mayorías en Bolivia son innegables (baja de la pobreza, de la mortalidad materno infantil, erradicación de enfermedades, analfabetismo cero). La pregunta que surge ahora es hacia dónde vamos, si hacia la construcción de una economía verdaderamente plural, donde las lógicas comunitarias y cooperativas ganen espacio y se vaya concluyendo con la dependencia extractiva o hacia un neo extractivismo/ neodesarrollismo depredador unido a los proyectos de expansión regionales, en detrimento de las comunidades locales y los ecosistemas.

La pregunta que nos cabe hacer es si las demandas sociales legítimas de amplios sectores de la sociedad pueden solamente lograrse a partir de la ampliación del extractivismo en el país. Básicamente, la pregunta es si podemos dar respuesta a las necesidades legítimas de las mayorías a través de un sistema económico más autosuficiente, respetuoso de la naturaleza y de la pluralidad cultural del país. La solución a esta gran pregunta no es por demás obvia, por eso vale la pena reflexionar sobre ella.

Planteamos un desarrollo local post extractivista que sea debatido de manera plural, donde se sopesen las opciones para las regiones y se decida de manera participativa la vocación productiva que se quiere potenciar. Es el momento de debatir cómo logramos vivir bien sin necesidad de expandir las lógicas capitalistas extractivistas; cómo logramos desarrollarnos sin dañar a la naturaleza; cómo incorporamos la matriz civilizatoria indígena en las políticas públicas; cómo construimos una economía plural bajo un modelo de desarrollo alternativo al capitalismo, un modelo sustentable, ecológico, intercultural, comunitario, plurinacional, inclusivo. ¿Cómo podemos generar una producción agroecológica para el auto consumo y para abastecer a las ciudades? ¿Cómo debería pensarse el sistema económico en las ciudades para lograr mayores fuentes de empleo de calidad? ¿Cómo hacemos para que las lógicas comunitarias sometidas al mercado puedan dejar de estas subordinadas, fragmentadas, presionadas por la urgencia de la supervivencia? ¿Cómo terminamos con la dependencia del mercado global?

El modelo extractivista se desentiende de estos desafíos y resuelve todo a partir del aumento del circulante en la economía. Pero sabemos que tener más dinero no soluciona siempre los problemas (muchas veces los empeora). Sabemos también que al ser un modelo focalizado en el mercado externo, vuelve a nuestras economías extremadamente dependientes e inestables. Construir un sistema económico plural para el vivir bien en Bolivia se relaciona con reconocer otras lógicas y practicas económicas y fortalecerlas para que puedan disputar hegemonía al capitalismo y de manera paulatina nos podamos deshacer de la dependencia extractiva. Una línea de acción posible en este camino es observar con mayor atención los sistemas económicos reales de cada región para ir diseñando políticas públicas que tiendan a fortalecerlos.

Si lograr el excedente extractivo es una necesidad imperiosa del Estado boliviano para poder generar las bases del cambio, se debería estar planificando de manera más consciente y profunda la transición hacia otro modelo de desarrollo. ¿Cómo logramos la diversificación de la economía, el fortalecimiento de las economías locales urbanas y rurales, la producción para la soberanía alimentaria, el cuidado de nuestros ecosistemas a partir de los excedentes del sector estratégico?

A nivel económico, esta transformación hacia otra economía significa que una gran mayoría de los ingresos del sector estratégico en Bolivia deben ser invertidos en generar las bases sociales para la transformación de la matriz productiva. Parte de este excedente se redistribuye en la actualidad en forma de planes sociales que están bajando los índices de pobreza, desnutrición infantil, deserción escolar, mortalidad, enfermedades, etc. Una nueva fase de este proceso de redistribución debería estar focalizada en fortalecer los modelos productivos de la economía plural. Los bonos ayudan, claro está. Pero a largo plazo más ayudan los proyectos productivos locales que posibilitan la reproducción de la vida de los pueblos y de sus ecosistemas.

A nivel social, es necesario también que la sociedad en su conjunto aporte con mayores propuestas en el camino hacia otra economía. En este proceso de transformación económica el rol de las universidades, de los centros de estudios y de la cooperación debería ser más propositivo. Las universidades deben apoyar este debate de cómo construir otra economía para el vivir bien. Desde los debates nacidos en el Foro Social, desde la Economía social, economía feminista, economía ecológica existen numerosos aportes que deben ser estudiados, sistematizados y puestos a dialogar con la realidad boliviana. Los intelectuales del país en muchos casos no aportan a la construcción. Las ONGs y fundaciones deben aportar con más investigaciones y proyectos para esta salida post extractivista. Las críticas sobran, las propuestas son escasas.

Plantearse verdaderamente la salida del capitalismo implica poner en tela de juicio muchos de los principios que sustentan el sistema dominante: los ideales de desarrollo, competitividad, progreso deben ser cuestionados de raíz. La cosmovisión de los pueblos indígenas sienta las bases del cuestionamiento a los valores supremos del capitalismo. Aprender a dialogar con lo indígena para encontrar en este mundo las respuestas a muchos de los problemas actuales es una tarea pendiente. El gobierno debe abrirse a escuchar estas voces.

El extractivismo depredador actual sólo podrá ser desmontado si se logra una mayor institucionalización de la economía plural, social y comunitaria en el país. La meta es ahora poner en práctica, en programas económicos, en políticas públicas, los principios fundamentales de la CPE. La tarea de comenzar a transitar un nuevo modelo de desarrollo implica mayor voluntad política para realizarlo. Implica también mayor compromiso de toda la sociedad en querer andar este camino. De la capacidad de movilización y de proponer alternativas de desarrollo y de la apertura del gobierno a saber escucharlas y ejecutarlas dependerá la orientación económica de este proceso.