LA REVOLUCIÓN CIUDADANA ESTÁ EN DECADENCIA”. ENTREVISTA A MATEO MARTINEZ*

ENTREVISTA A MATEO MARTINEZ*. El Gobierno plantea una relación colonial con el movimiento indígena, trata de subyugarlo .
“LA REVOLUCIÓN CIUDADANA ESTÁ EN DECADENCIA”
Revista Vanguardia, Quito,  23 de enero 2012 <http://www.revistavanguardia.com&gt;

¿Cuál es la tesis central de su libro El Cascabel del Gatopardo?
Planteo algunos temas respecto al actual proceso político. El primero es que en sus inicios, este gobierno fue heredero de un proceso de luchas sociales y populares, encabezadas sobre todo por el movimiento indígena, durante los programas de ajuste estructural. Al principio el gobierno se apropió de muchísimos de los discursos de los movimientos sociales e indígena. Por ejemplo, la salida de la Base de Manta, la no firma de un TLC con Estados Unidos y además, la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

¿Es adecuado el término apropiarse, porque de hecho es la izquierda la que llega al gobierno?
En esta primera etapa, de acuerdo, hubo muchos puntos de acercamiento del movimiento indígena con la estructura electoral que llevó al poder a Rafael Correa. Sin embargo, en el proceso de conversaciones del 2006, Alianza País intentó apropiarse no solo del discurso sino de las propias bases y estructuras del movimiento indígena. En ese año las organizaciones del seguro campesino se fueron con Alianza País.

¿Cuál fue la hipótesis que guía la investigación?
Que dentro de la dinámica histórica de los procesos en el Ecuador, el gobierno de la revolución ciudadana y la candidatura de Correa no aparecen caídas del cielo. Son fruto de un acumulado histórico de movilización, tanto en las zonas rurales como urbanas. Muchos sectores buscaron que esa movilización fuese usada democráticamente para disputar algunas transformaciones en el país. Lo que aconteció fue que todo ese acumulado social e histórico se destinó a soportar la figura del Presidente como un caudillo del proceso. Entonces me parece que en ese punto hubo una inflexión, el cual hizo  que este proceso político de la revolución ciudadana entre en franca decadencia.

¿Y eso por qué, más allá del endiosamiento del supuesto líder?
Precisamente por haberse distanciado de todo este proceso histórico. Esa ha sido la mayor vulnerabilidad de este proyecto y no han querido entenderlo. Han concentrado todos sus esfuerzos en fortalecer la figura del caudillo que está destinado a conducir los destinos de la patria casi por la gracia de Dios. El propio Presidente dijo siempre que él no tiene nada que ver con el proceso previo, que quienes ganaron las elecciones son los de la lista 35, que todos los otros tenían sus agendas particulares y querían entrar por las tranqueras. Cuando es todo lo contrario: desde la perspectiva social e histórica el que entró por la trastera es él.

Un fenómeno en decadencia pero con capital político…
Un fenómeno político que puede durar algún tiempo, pero ya no cuenta con la riqueza que tenía en el 2006. Lo que queda luego de un lustro es el aparecimiento de todas las formas decadentes de la política.

¿Que serían cuáles…?
La descalificación a quienes hacen las críticas, insultos en lugar de argumentos; me parece que el grado de dependencia de la economía al extractivismo es una decadencia en relación a lo que está pasando en el mundo, donde vemos una crisis global del sistema capitalista. Intentar una solución neodesarrollista, extractivista en ese contexto, es volver incluso a períodos que son anteriores al neoliberalismo.

Estas críticas tienen un correlato en una izquierda que permite que este caudillo entre por la trastera y tome el control. ¿No se hace necesario un reconocimiento de que hubo un gran error ahí?
De acuerdo. Creo que esta es una de las taras históricas de la izquierda, no es la primera vez que pasa. En los últimos años la izquierda no ha sido capaz de formular un proyecto político propio. Siempre ha estado dependiendo de un candidato o un movimiento electoral que de una manera u otra embandere las tesis de la izquierda y al final este se vira en medio del proceso. En este momento es crucial para la izquierda hacer una autocrítica seria. Hay que reconocer los errores y tratar de posicionar una alternativa real.

¿En qué punto del proceso de la revolución ciudadana se da esa inflexión?
Si uno ve la historia del país, los procesos  reformistas siempre tienen un período ascendente. En el caso de la revolución ciudadana este encuentra su clímax cuando se elaboraba la Constitución de Montecristi. Cuando el gobierno comienza a intervenir abiertamente en delinear el trabajo de la Asamblea, en ese momento comienza un declive que continúa hasta hoy. Cuando tratan de controlar el debate democrático,  las propuestas de la ciudadanía, introducen sus propios textos en la madrugada, en ese instante entra en declive la forma progresista del gobierno, es una caída libre…

¿A pesar de la popularidad del Presidente?
Pienso que las encuestas son infladas y no reflejan la realidad. Si uno mira quienes son las encuestadoras que en este tiempo han publicado, la mayor cantidad de datos son de quienes tienen en el  gobierno a uno de sus principales clientes. Y aunque creo que tratan algunas de hacer un trabajo objetivo, se deben a sus clientes, y eso en política es innegable. También depende mucho de los lugares donde se hacen las encuestas y el tipo de preguntas. Me parece que se debe hilar más fino y matizar el tema del apoyo al Presidente. Creo que en sectores rurales está perdiendo apoyo, porque la situación no ha cambiado ahí. El problema de la tierra es igual, la pobreza crece, los bonos no solucionan problemas estructurales. Además, ningún proyecto autoritario tiene el futuro asegurado. Tarde o temprano tiende a desgastarse.

¿Cuando habla del Gatopardo se refiere a Correa?
Así es. El título tiene que ver con este libro de Lampedusa que se llama Il Gatopardo, cuya  tesis es que tenemos que cambiar todo para que nada cambie. Me parecía un buen juego de palabras: gatopardo por un Presidente que anuncia querer transformar todo el país a través de la publicidad oficial, que si uno escarba un poco no son grandes cambios, termina por entender que estructuralmente aquí no ha cambiado nada. Sobre todo con los indígenas. Uno puede leer las declaraciones que se hacían hace décadas: son un obstáculo para el desarrollo nacional. Y las prácticas son las mismas: se toman medidas segregacionistas para que no entren a las ciudades. Y esto a pesar de que el movimiento indígena ha transformado radicalmente la política en el Ecuador.

Pero hay funcionarios del gobierno que fueron en su momento aliados y hasta asesores de la Conaie y ahora la combaten y buscan dividirla.

Es algo sorprendente. Podría afirmarse que esto no depende de personas sino de procesos, estructuras connaturales a la construcción del Estado ecuatoriano como un Estado colonial; pero también existen rasgos que son muy propios de este proceso actual, sobre todo concentrado en lo que hace el Presidente cuando se refiere a los indígenas en particular. Tengo una hipótesis que debería probar y es que el Presidente conserva mucho de su formación como misionero salesiano en Zumbahua.  Me parece que cuando uno es joven y es misionero, cree que llega a una comunidad con la verdad, la luz del evangelio, y con ellos la civilización. Correa tiene un discurso civilizatorio y de la verdad.

¿No cree que la izquierda y los críticos del presidente Correa se han quedado en los diagnósticos y las quejas pero no van más allá, a las propuestas?
Tuve la oportunidad de asistir a una reunión de los sectores de la izquierda no correísta. La izquierda en el Ecuador es muy heterogénea. Hay muchos errores históricos, mucho sectarismo… Pero me parece fundamental, sobre la base de una autocrítica, fomentar la unidad. Es algo que la izquierda ha estado buscando siempre, ha sido su quimera. Se han dado pasos importantes, pero aún hay muchísima desconfianza y no se ha definido qué programa y proyecto tienen que ser propuestos como alternativas frente a este proyecto decadente y autoritario.

¿Se limita esto a una propuesta electoral? Porque casi todos los sectores están en la búsqueda de un líder para enfrentar a Correa. Y no lo hay, dicen.
Uno de los límites de la izquierda ha sido que cuando llegan las elecciones se cae cualquier proyecto de unidad. Esto no puede quedarse en un proyecto electoral. Es el peor error que puede cometer la izquierda este momento. La principal amenaza a la unidad es considerar esto como un programa electoral inmediato para derrotar a Correa. Es posible que este proyecto autoritario siga por más tiempo, entonces es necesario proyectar estratégicamente las posiciones de la izquierda con un proyecto de largo plazo. En esto hay que tomar en cuenta la crisis mundial. Las medidas que ha tomado el país serán insuficientes. En Europa vemos el fracaso de la izquierda al ser incapaz de proponer salidas a la crisis. Es necesario, creo, suspender para la izquierda las ambiciones electorales. Es más estratégico fortalecerse, construir la unidad, definir un proyecto alternativo y democrático.

¿Cómo ve al movimiento indígena? Las organizaciones están sometidas a presiones del gobierno.
El gobierno sabe que si hay un movimiento social que puede poner en jaque su proyecto es el indígena. Por ello, desde que empieza este período de decadencia, cuando el propio Rafael Correa declara como adversarios políticos a los indigenistas y ecologistas infantiles, se ha hecho una operación política desde el Estado para desmovilizar al movimiento indígena. Si alguien puede bloquear las ambiciones petroleras o mineras son los indígenas.

¿Están fuertes, debilitados?
Están debilitados en este momento. Porque no es cualquier cosa enfrentar a un Estado con políticas y todos los recursos destinados a desmovilizarlos. Pero también los veo en transición hacia replantear sus estrategias de lucha. Los veo concentrados hacia adentro, en resistir las operaciones políticas del gobierno, tratar de  fortalecer la conexión entre la dirigencia y las bases… Un proceso que les hace pensar dos veces antes de meterse en asuntos electorales. Ellos ven la historia desde otro tiempo. No los veo como actores políticos por ahora. Son sujetos históricos y esa es una condición de radical importancia en cualquier escenario coyuntural. Desde los 90 no se puede pensar al país sin los indígenas, y me parece un error histórico, un escándalo histórico, que el gobierno se dedique a destruir un proceso cualitativo que a los indígenas les ha costado décadas construir.

¿Lo logrará el gobierno?
No lo creo. Confío en que, por las razones por las cuales los indígenas pelean,  su lucha no se agotará mientras no cambien las condiciones estructurales de subyugación. Así que resistirán a la colonialidad del Estado.

¿Puesto el cascabel al gato, qué?
Mucha gente confía aún en este gobierno. Lo ve como un proyecto que conduce al socialismo. Al final del 2009 mucha gente no sabía bien por dónde estaba transitando el gobierno. Hasta ahora hay problemas en muchos sectores, sobre todo de la izquierda, para definir a este gobierno. Era necesario clarificar qué estamos enfrentando este momento, para saber cómo actuar. Cuando el gato tiene puesto el cascabel ya se sabe de dónde viene y para dónde va. El tema es quién le pone el cascabel al gato. Lo que quiere este libro es demostrar que sí es posible ponerle el cascabel. Como sociedad y como país no tenemos ninguna necesidad de tolerar más autoritarismo. Hay que poner un límite a este asunto. Un punto final, decir basta, hasta aquí te soportamos, no vamos a permitir un cambio más hacia el autoritarismo. Decirle: gato, ya te pusimos tu cascabel ya sabemos por dónde vas y ya sabemos que tendrás que irte un día. Y te vas a ir porque nuestra sociedad no puede avanzar a tu manera.

¿Mientras tanto qué…?
Hay que empezar a construir la subversión a la maquinaria de propaganda y de control de la opinión que tiene el gobierno y desafiarlo en ese campo. El gobierno sabe muy bien  que se juega muchísimas cosas en la construcción de la opinión. Tanto bombardeo de información oficial y de publicidad terminan conduciendo la opinión de la gente. Lo otro es volver al activismo, a construir y participar. Esas son las formas de democracia que necesitamos este momento. No necesitamos una democracia vertical controlada por un publicista y un jurista, necesitamos una democracia construida por la gente.

*Ecuatoriano, candidato a doctorado en Filosofía de la Universidad Autónoma de México