LA ESPADA DE ALFARO: Cínica expropiación de los símbolos de las luchas populares. por Natalia Sierra

LA ESPADA DE ALFARO: Cínica expropiación de los símbolos de las luchas populares
Natalia Sierra

El lunes 23 de enero los medios difundieron que, en el contexto de la celebración del centenario de la muerte de Eloy Alfaro, Rosa Mireya Cárdenas, Secretaria de Pueblos y ex militante de Alfaro Vive Carajo, entregará la espada de Alfaro al presidente Rafael Correa. Recordemos que en el año 1983 el grupo guerrillero sustrajo las espadas de Alfaro y Pedro José Moncada del Museo Municipal de Guayaquil, acto simbólico con el cual daban inicio a su lucha revolucionaria.  Ante esta esperada y lamentable noticia que muestra la complicidad de estos ex guerrilleros con la intención del Gobierno de auto declararse heredero de la Revolución Alfarista, es necesario hacer algunas aclaraciones.

El pasado lleva consigo un índice temporal mediante el cual queda remitido a la redención. Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros, nos ha sido dada una flaca fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos. No se debe despachar esta exigencia a la ligera. Algo sabe de ello el materialismo histórico.  (tesis 2)

La reivindicación que el grupo guerrillero AVC hizo del proceso de la Revolución Alfarista y de su máxima figura el General Eloy Alfaro, no expresa una identificación con el proyecto político-económico Alfarista, reconociendo lo avanzado del mismo, sino fundamentalmente la reactualización de la dignidad de los pueblos que luchan por justicia, así como el ejercicio de la libertad, no de la burguesa, sino de aquella fundamental capacidad humana de crear y recrear mundo, siempre buscando que sea un mundo más justo donde el ser humano pueda hospedarse en un buen convivir.  La recuperación de las luchas pasadas no significa repetirlas ni terminarlas, es decir, la invocación a la gesta alfarista no significa de ninguna manera ni repetirla, ni terminar lo que quedó inconcluso.

La recuperación del pasado de lucha es un salto dialéctico, no a lo que fue, sino a lo que pudo ser y no fue, al punto exacto previo al acontecimiento, lo que no significa, por supuesto, concluir lo inconcluso. Significa asumir la dignidad, la fuerza, el deseo de justicia y  la libertad para crear otro mundo enfrentando al enemigo en su forma presente. Como bien dice Benjamín “Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». Significa  adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro.” (tesis 6) De los peligros presentes, de los desafíos presentes no los de hace 150 años. Las promesas del progreso  basadas en el desarrollo industrial, el crecimiento económico y el dominio tecnológico de la naturaleza que era parte del proyecto Alfarista en las condiciones y los problemas actuales ya no son de ninguna manera justos ni liberadores, de hecho eso ya lo observó Benjamín hace mas de medio siglo y lo expuso en la siguiente texto.

El conformismo, que desde el principio ha estado como en su casa en la socialdemocracia, no se apega sólo a su táctica política,  sino además a sus concepciones económicas. El es una de las causas del derrumbamiento ulterior. Nada ha corrompido tanto a los obreros alemanes como la opinión de que están nadando con la corriente. El desarrollo técnico era para ellos la pendiente de la corriente a favor de la cual pensaron que nadaban. Punto éste desde el que no había más que un paso hasta la ilusión de que el trabajo en la fábrica, situado en el impulso del progreso técnico, representa una ejecutoria política. La antigua moral protestante del trabajo celebra su resurrección secularizada entre los obreros alemanes. Ya el «Programa de  Gotha» lleva consigo huellas de este embrollo. Define el trabajo como «la fuente de toda riqueza y toda cultura».

Barruntando algo malo, objetaba Marx que el hombre que no posee otra propiedad que su fuerza de trabajo «tiene que ser esclavo de otros hombres que se han convertido en propietarios».  No obstante sigue extendiéndose la confusión y enseguida proclamará Josef Dietzgen: «El Salvador del tiempo nuevo se llama trabajo. En… la mejora del trabajo…  consiste la riqueza, que podrá ahora consumar lo que hasta ahora ningún redentor ha llevado a cabo». Este concepto marxista vulgarizado de lo que es el trabajo no se pregunta con la calma necesaria por el efecto que su propio producto hace a los trabajadores en tanto no puedan disponer de él.  Reconoce únicamente los progresos del dominio de la naturaleza, pero no quiere reconocer los retrocesos de la sociedad. Ostenta ya los rasgos tecnocráticos que encontraremos más tarde en el fascismo.

A éstos pertenece un concepto de la naturaleza que se distingue catastróficamente del de las utopías socialistas anteriores a 1848. El trabajo, tal y como ahora se le entiende, desemboca en la explotación de la naturaleza que, con satisfacción ingenua, se opone a la explotación del proletariado. Comparadas con esta concepción positivista demuestran un sentido sorprendentemente sano las fantasías que tanta materia han dado para ridiculizar a un Fourier.

Según éste, un trabajo social bien dispuesto debiera tener como consecuencias que cuatro lunas iluminasen la noche de la tierra, que los hielos se retirasen de los polos, que el agua del mar ya no sepa a sal y que los animales feroces pasen al servicio de los hombres. Todo lo cual ilustra un trabajo que, lejos de explotar a la naturaleza, está en situación de hacer que alumbre las criaturas que como posibles dormitan en su seno. Del concepto corrompido de trabajo forma parte como su complemento la naturaleza que, según se expresa Dietzgen, «está ahí gratis». (tesis 11)

Esta reflexión nos permite entender que la recuperación de la memoria de las luchas que libraron las generaciones pasadas, entre ellas las que participaron en la Revolución Alfarista, solo es posible cuando somos capaces  de enfrentar los retos del presente, cuando no hay miedo de asumir la libertad necesaria para inventar otro mundo. El pasado resplandece en el presente solo en la medida en que seamos capaces de concebir nuevas relaciones humanes, de imaginar nuevas instituciones, de desplegar la existencia sin desarrollo, de construir  fuentes de energía menos dañinas, de producir para el consumo humano y no para la acumulación de capital, de recuperar la comunidad y la propiedad comunitaria, en fin, de aprender a vivir, a convivir de otra  manera, no solo entre los humanos, sino con la naturaleza.  El pasado de lucha se pierde, se lo aniquila, se lo momifica cuando en su nombre se sostiene las condiciones de opresión y explotación que hacen del mundo un mundo de injusticias.

De esto poco o nada saben los funcionarios de la Revolución Ciudadana, en eso si que coinciden con algunos ex AVC, en su incapacidad de mirar más allá de los marcos del capitalismo, en su miedo a desafiar la historia presente, y sobre todo en su disposición a obedecer las imposiciones del capital.

Parafraseando la Tesis 10 de Benjamín bien se podría decir que estos “revolucionarios” con su testaruda fe en el progreso, la modernidad y el desarrollo; con su confianza en su masa de votantes; y su servil inserción en el aparato capitalista son piezas claves en las nuevas rearticulaciones del capital regional y mundial. Esto dice de lo difícil que resulta al pensamiento de la Revolución Ciudadana una representación de la historia y de la política que ciertamente evite toda continuidad y complicidad con la historia y la política liberal burguesa. Difícil y sobre todo costosa, pues implicaría que estén dispuestos a renunciar a los privilegios que han conseguido en su calidad de funcionarios del capital y su historia de injusticias, a la que se siguen aferrando.

Está claro que la “recuperación” que el Gobierno está haciendo de la Revolución Alfarista, ahora en complicidad con los ex AVC gobiernistas, lejos se encuentra de la actualización del contenido popular y revolucionario de la misma. Sin embargo, podría ser que esta “recuperación” implique una continuación del proyecto liberal alfarista que, según han dicho, estaría inconcluso.   Pero no, ni siquiera va por allí.

Por sobre  los discursos construidos por la Revolución Ciudadana, en los cuales afirman que su proyecto es la continuación del proyecto de Alfaro, por lo cual se autodefinen  sus herederos legítimos tal como los  ex AVC en el Gobierno que nunca comprendieron lo que se jugó en la lucha de los 80s, observemos la política real del Régimen para ver si esta auto identificación tiene  coherencia. El Gobierno ha ofrecen modernizar, industrializar y desarrollar el país, hacerlo progresar, intención que se sostiene en el supuesto de que los conflictos actuales del país, de la región y del mundo es idéntica a la de hace 150 años. Sin embargo en estos cinco años de Revolución Ciudadana lo que se ha llevado a cabo es la continuación de la re-primarización de la economía; los proyectos económicos centrales de su modelo productivo, como sabemos, son la ampliación de la frontera de explotación petrolera, iniciar la explotación minera a gran escala, la producción de biocombustibles y la venta de servicios ambientales. Actividades económicas que seguirá desarrollándose al interior de la transferencia de riqueza al capital transnacional privado, mixto y estatal. No es difícil observar que la política economía de la Revolución Ciudadana, de apertura al capital transnacional en sus actuales formas, nada tiene que ver  con una voluntad de soberanía nacional,  mucho menos plurinacional.

Algo fundamental: este Gobierne no tiene ninguna intención de llevar adelante una verdadera reforma agraria, en eso repiten el proceso Alfarista ahí, justo ahí, recupera el alfarismo.  Recordemos que la Revolución Liberal no  hizo la reforma agraria en  1895, manteniendo de esta manera el concertaje. Como dice Carlos Lasso Cueva “… traicionando los postulados antifeudales  de esa revolución tan alabada, que solo tuvo un carácter político, pero no social.”  Hoy Tampoco se hace la reforma agraria manteniendo la reconcentración de la tierra y la acumulación por desposesión.

En el campo del manejo político lo que hemos visto es la implementación de un modelo  autoritario de control político social e ideológico, que busca la eliminación de la participación política de la sociedad, vía destrucción de los movimientos sociales y sus organizaciones políticas. Esto y no a otra cosa es la criminalización de la lucha social, la persecución y los juicios contra dirigentes populares, el discurso racista, el control de la comunicación, el clientelismo basado en los subsidios, la manipulación del discurso del nacionalismo y el socialismo.

Existe además otros hechos que abiertamente contradicen el proyecto liberal alfarista, como por ejemplo: el decreto 1780, la política contra el aborto, la forma en que el presidente se refiere a las asambleístas de A.P, los discursos racistas que se han emitido desde altos funcionarios del gobierno y en varias de sus propagandas políticas, solo por citar algunos casos.
Por otra parte, muchos de los que participan en el gobierno de la Revolución Ciudadana, así como sus últimos protegidos, (Dahik), más que herederos de Alfaro  parecen ser de García Moreno, Veintimilla y Plaza. Cosa curiosa.

En definitiva, con estos ejemplos de las líneas económica y políticas que están siendo implementadas por el régimen, el gobierno de la Revolución Ciudadana, guardando las distancias propias de épocas históricas distintas, es más parecido a los gobiernos conservadores que a la de los liberales de aquella época. Se parece más al gobierno garciano que al alfarista.
Para qué decir más, con todo esto lo que se puede observar es una utilización de la figura de Alfaro y del proceso de la Revolución Alfarista, uso abusivo que produce un vaciamiento de su contenido político democrático, no se diga del contenido político revolucionario dado por el pueblo que participó en aquel proceso.

Lo triste, lamentable y absolutamente cuestionable es el juego de complicidades en el que han caído los ex AVC que ahora son parte del Régimen. Dentro del espectáculo que el Gobierno ha montado con el argumento de conmemorar los 100 años de la muerte de Alfaro, como ya se dijo, han comprometido la entrega de uno de los símbolos de lucha más importantes de la Revolución Alfarista. Basados en el argumento del Gobierno de que su Revolución Ciudadana es la continuación de la Revolución Alfarista, arbitrariamente ofrecen la espada del General Eloy Alfaro.  Pobre argumento que sin embargo implica: por un lado, el empobrecimiento del proceso alfarista, es decir de la dignidad y fuerza transformadora de la lucha de los campesinos, indígenas, negros y montubios de aquella época y, por el otro, el gratuito enriquecimiento de un proceso que nada tiene de transformador. Un proyecto que quiere aprovechar la historia de lucha del pueblo ecuatoriano para beneficio de los intereses del capital local y global.

La intención es clara: usurpar un proceso que no les pertenece ni en su dimensión histórica –Revolución Liberal- menos aún en su dimensión a-histórica  «tiempo – ahora» de la redención (Tesis 14). Ahora bien, la intención no significa que se realice, la espada de Alfaro, símbolo de la lucha del pueblo, de su tiempo de redención, nunca la van a poder usurpar hagan el show que hagan. Primero, quién dice que esa es la espada del Viejo Luchador. Segundo, la espada no es un pedazo de metal, sino un símbolo que contiene la dignidad del pueblo que se rebela y exige justicia. Ningún espectáculo mediático logrará que el Gobierno en la figura de su presidente pueda ser heredero de la lucha popular, para eso Rafael Correa tendría que ser un luchado popular, y como todos sabemos nunca lo ha sido ni lo será.

Solo el pueblo que lucha y en su lucha reactualiza las  luchas pasadas  es heredero legítimo  de la historia de las rebeliones populares y sus símbolos. Y como el pueblo que lucha es sabio nunca va a entregar su legado a quien por el contrario lo combate, lo persigue y lo criminaliza. Nunca va ha entregar su memoria histórica a los herederos de sus opresores y explotadores que hasta hoy dominan.

Referencias
Benjamín, Walter, Tesis de la Filosofía de la Historia.
Lasso Cueva, Carlos, Ecuador y sus Revoluciones Políticas