MOLOTOV: LA GLORIA Y EL INFIERNO

MOLOTOV: LA GLORIA Y EL INFIERNO
Revista El gatopardo <www.elgatopardo.com>

Molotov no ha perdido el privilegiado lugar en el firmamento musical mexicano que se ganó en los noventa por su rock poderoso y sus letras descaradas. Entonces, ¿por qué no ha lanzado nuevo material?

Tras diecisiete años de carrera, Molotov se encuentra en un momento raro, contradictorio. Es, por encima de un centenar de artistas nacionales e internacionales, cabeza de cartel en la edición 2012 del Vive Latino, el festival de rock más grande e importante de Latinoamérica, a celebrarse en el Foro Sol del Distrito Federal. Apenas el año pasado, la banda ofreció un centenar de conciertos en más de 22 países. Además, el cineasta Olallo Rubio prepara un documental que trata tanto de Molotov como del momento en el que irrumpió, reconociendo su indudable importancia histórica y la indeleble marca que ha dejado no sólo en el rock, sino en la cultura popular de México.

Pero al mismo tiempo, el público reclama —y con todo derecho— la falta de nueva música. Tienen casi cinco años sin editar un disco, y los últimos dos fueron —siendo amable con ellos— irrelevantes: Con todo respeto (2004) es una colección de reinterpretaciones de canciones de otros compositores, y Eternamiente (2007) es un fallido proyecto en el que cada integrante de la banda escribió, grabó y editó sus canciones por separado.

Es fácil asumir que Molotov se ha dormido en sus laureles, que viven cómodamente, conformándose con lo que se embolsan gracias a las muchas campañas de publicidad de las que han sido partícipes y a las interminables giras que realizan año con año, recalentando las mejores piezas de su rico repertorio. Pero la realidad es otra: no hay música nueva como consecuencia de estar amarrados a un contrato atiborrado de cláusulas en letras pequeñas que los tiene a disposición de los caprichos de su disquera, Universal.

RANDY EBRIGHT, PACO AYALA, TITO FUENTES Y MICKY HUIDOBRO

Molotov es una democracia de cuatro personas, en la que no hay líderes. No siempre fueron los mismos integrantes. Pero la alineación clásica, la que permanece desde el primer disco, es ésta. Le pido a su manager, Jorge Mondragón (que prácticamente es otro integrante de la banda y de quien nos ocuparemos más adelante en este artículo), que me describa a cada uno:

“Randy es un músico, un intérprete muy cabrón. Creo que es un baterista fuera de serie, que además toca guitarra, bajo, canta, compone… es el guapo de la banda. Los cuatro son muy talentosos, tocan muchos instrumentos. Pero Randy impresiona a músicos de otros países, que hasta nos dicen: ‘Si un día ya no lo quieren, mándenlo para acá’.

“Paco es un músico talentoso, tiene mucha experiencia. Es el cable a tierra, el más aterrizado, el más sereno. El que trata de conciliar.

“Tito es el hipster, el avant-garde, el que siempre está buscando lo nuevo. Sin quererlo se volvió el front man de la banda. Molotov no tiene vocalista principal, sin embargo, me parece que es el que está al frente de la banda en el escenario. Es el más moderno, el que toma más riesgos.

“Micky es otro instrumentista tremendo. Gran compositor. Creatividad tremenda. Tiene un gran ingenio para escribir letras y hacer canciones pegajosas. Es la parte más explosiva e irreverente del grupo.”

SU HISTORIA (VERSIÓN RESUMIDA, CONTADA POR ELLOS MISMOS A PARTIR DE CADA UNO DE SUS DISCOS)

Molotov tuvo éxito casi de inmediato. Sus primeros conciertos rápidamente se empezaron a llenar. Eso ya no pasa, ahora los grupos deben tener un sencillo sonando en el radio para meter a más de cien personas a un club. Ellos ni siquiera habían grabado cuando ya eran muy conocidos. Los que éramos jóvenes en aquel entonces, 1995, nos dábamos el pitazo: “Hay una banda que TIENES que ver”. Sus integrantes no tenían más de veinte años. Tocaban un rock poderoso, pesado, cercano a lo que entonces estaba de moda en todo el mundo: Rage Against the Machine, Faith No More, Beastie Boys y Cypress Hill. Era el primer grupo de rock mexicano producido por el recién firmado Tratado de Libre Comercio y, a diferencia de Caifanes, Café Tacvba o Maldita Vecindad, su estética no obedecía al folclor mexicano. Sus integrantes no tenían empacho en utilizar en sus canciones todas las palabras altisonantes que cualquiera emplea en la vida cotidiana.

Estas canciones eran (y siguen siendo) perfectas para alarmar e incomodar a las buenas conciencias y para pintar una raya entre una generación y otra. No era el rock de tus papás. Saúl Hernández, líder de Jaguares, declaraba en la tele que Molotov —palabras más, palabras menos— recurría a las leperadas como un recurso barato para ganar notoriedad. Los Molotov no mostraban cautela para compartir su visión del mundo, del país, de la calle o de los medios de comunicación, con la dosis de rabia, sarcasmo, inconformidad e incorrección política propia de cualquier tipo de su edad. Además lo hacían sin metáforas, con una claridad que hacía su mensaje accesible para cualquier persona y un sentido del humor burdo pero contundente. Junto a Molotov (y contemporáneos, como Control Machete y Plastilina Mosh), los grupos surgidos en los primeros años de los noventa automáticamente se volvieron vetustos. El primer paso en la carrera de Molotov fue ganar una batalla de bandas. A partir de ahí los persiguieron varias disqueras, pero ficharon con Universal, que apenas abría sus oficinas en México. Y así se empezó a escribir esta historia.

¿Dónde jugarán las niñas? (1997)
El disco que los volvió famosos de la noche a la mañana. El que abre, ahí nomás, con “Que no te haga bobo Jacobo”, una crítica directa a la Televisa cómplice del Partido Revolucionario Institucional (PRI), e incluye clásicos como “Voto latino”, un retrato del racismo que padecen nuestros paisanos en Estados Unidos; “Gimme tha power”, una poderosa denuncia contra la clase política que no ha perdido ni tantita vigencia y que bien pudo haber sido escrita la semana pasada, y por supuesto “Puto”, su divertida pero polémica canción (en España los metió en muchos problemas con organizaciones de homosexuales que los acusaron de homofobia), con la que cierran todos sus conciertos. Dicen que ha vendido más de un millón de copias, pero más allá de las cifras, ya es casi un rito obligado para cualquier adolescente de este país que requiera un manual de irreverencia, pese a que muchas de sus referencias ya son obsoletas.

Tito: Es un lugar común: para tu primer disco, tienes toda la vida para componer. Traes ideas que puedes haber traído desde la primaria, mucha información. No había ninguna presión. No teníamos la ambición específica de grabarlo. Más bien, las disqueras llegan a ofrecernos hacer un disco. Después de que nos invitaron a abrirles a [el grupo argentino] Illya Kuryaki en el Metropólitan [de la ciudad de México], se nos acercaron [los ejecutivos de Universal] Jesús López, [Arturo López] Gavito y [el productor y doble ganador del Oscar] [Gustavo] Santaolalla a platicar. Tardamos más de un año en grabar el disco a partir de esa plática. No nos urgía grabar. Y viéndolo a la distancia, eso de grabar un disco a la old school era increíble: cuatro estudios, máquinas de cinta, tres meses en Los Ángeles, diferentes ingenieros, todos los instrumentos del mundo. La producción la dejabas en manos de otra persona, en este caso Santaolalla. Le dabas una rola y la desarrollaba hasta su máxima expresión. Ahora ya te metes más en cómo suenan las rolas. Fue una experiencia increíble, aprendimos mucho. Era muy emocionante entrarle a ese mundo en manos de alguien como Santaolalla, que venía de hacer El circo, lo de Tacvba…