ALIAN RESNAIS A LOS 90 AÑOS. por Manuel G. Ayestarán

Retratando el tiempo y la memoria desde la “Rive Gauche”

ALIAN RESNAIS A LOS 90 AÑOS

 Manuel G. Ayestarán  Rebelión <www.rebelion.org>

 Hoy, domingo 3 de junio, el cineasta del tiempo y la memoria, Alain Resnais, cumple 90 años. Han pasado más de 5 décadas desde que revolucionó oficialmente el panorama cinematográfico internacional con su ópera prima de ficción Hiroshima mon amour (1959), inaugurando, junto a Francois Truffaut y Jean Luc Godard, la corriente cinematográfica conocida como la Nueva Ola francesa. Desde sus primeros documentales experimentales, este director ha investigado en el lenguaje cinematográfico, logrando soluciones expresivas claves en la historia del cine para la representación de los procesos psicológicos humanos de la memoria y el recuerdo.

 

El cine de Alain Resnais

 Resnais es un ejemplo de cineasta completamente ligado a su tiempo. Nació en Vannes en 1922, localidad situada en la Bretaña francesa, ha vivido, por tanto, la mayor parte del siglo más catastrófico de la historia de la Humanidad. Un siglo de violencia, cuyas principales desgracias y atrocidades cometidas contra el propio ser humano y contra la naturaleza, han sido provocadas por el mismo ser humano. El trauma que ha supuesto y supone esta feroz e irracional tragedia para la sociedad europea, puede verse reflejado en multitud de títulos de este director. Su cine refleja las heridas producidas por la historia y el pasado en las mentes de los individuos. Los protagonistas de sus films suelen ser personajes inmersos en estados psíquicos nublados, cargados de desorientación, desmemoria y misterio, siendo el recuerdo su principal objetivo o carga en las tramas de los mismos. Esta tendencia varía en su cinematografía desde finales de los años 80 hasta hoy, decantándose por un cine menos hermético y más optimista.

 Su incursión en el cine como realizador tuvo lugar en los años 40 mediante la realización de cortometrajes documentales. Estas primeras obras, lejos de constar como títulos menores en su filmografía, como en los casos de gran parte de los directores, suponen auténticos experimentos en el lenguaje audiovisual. Desde sus inicios, Resnais contó con la colaboración de novelistas enmarcados en la vanguardia de la Noveau Roman (Nueva Novela, corriente literaria marcada por la búsqueda de nuevas formas narrativas y la destrucción de la estructura clásica del relato tradicional) para la redacción de sus guiones, por lo que sus documentales se transformaban en ensayos poéticos acerca del pasado a través de los restos y huellas que quedaban del mismo en el presente.

 En esta primera etapa de su obra realizó, según gran parte de la crítica internacional, uno de los testimonios más sensibles jamás creados sobre el genocidio nazi, “Noche y niebla” (1955). En él, Resnais recorre con sutileza los restos reales que quedaron tras la tragedia, retrata los lugares donde tuvieron lugar las masacres y vejaciones sin alterar el estado en el que se mantenían en 1955, recupera las imágenes de archivo tomadas durante las liberaciones de los diferentes campos de concentración entremezclándolas con las anteriores. Todo ello interpretado mediante el guión escrito por Jean Cayrol, poeta francés que vivió el horror del campo de concentración de Gusen, y la música de Hans Eisler, logrando finalmente una auténtica poesía audiovisual del horror.

 En esta línea opera Resnais al retratar el peso que las vivencias pasadas y la memoria tienen en las vidas de los individuos en sus posteriores obras de ficción. En Hiroshima mon amour aborda el desastre causado por la bomba Atómica sin tratar de reconstruirlo en forma de superproducción, si no a través de la representación del trauma que sufren dos personajes que supuestamente lo vivieron, siendo incapaces de desarrollar el amor que sienten el uno por el otro. Durante el film muestra imágenes de archivo de los heridos y de la ciudad en ruinas, restos de la tragedia humana como pedazos de piel y mechones de cabello expuestos en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, logrando un impacto en la mente del espectador superior al que pueda producir cualquier actor maquillado con heridas falsas. En esta dinámica de la sugerencia trató también la guerra de Argelia en Muriel (1963), obra mutilada por la censura francesa, y la Guerra Civil española en La guerra ha terminado (1966). En la mayoría de sus obras el amor suele figurar como el elemento clave que persiguen los personajes para resolver su situación, un elemento que a la vez son incapaces de alcanzar debido al peso que el pasado tiene en sus vidas.

 Su interés por la psiquis humana culmina en 1980 con Mi tío de América, en la que disecciona el estilo de vida occidental contemporáneo desde una perspectiva casi científica, con la ayuda de las intervenciones del psicólogo y biólogo Henri Laborit, intercaladas a lo largo del film. A partir de este momento, y con algunas excepciones, su cine se va al polo opuesto en cuanto a contenido y forma. Sus películas se llenan de color y de optimismo, y comienza a desarrollar su interés por el cine musical, el cómic y la cultura popular en obras más amables, donde desaparece la tragedia y el pesimismo. La vida es una novela (1983) representa el punto de inflexión hacia esta tendencia en su filmografía. Actualmente continúa lúcido y activo, expandiendo la gran huella que ha dejado en la historia del cine con la presentación de su última obra, Vous n’avez encore rien vu, en el festival de cine de Cannes el pasado mayo.

 

La “Rive Gauche”

 Alain Resnais fue una figura clave en la irrupción de la Nueva Ola a finales de los años 50, éste fue un hecho clave en la historia del cine, ya que desencadenó el torrente de creatividad e innovación que supusieron las nuevas corrientes cinematográficas que fueron surgiendo en todo el mundo a partir de ese momento. Su importancia esencial reside en la ruptura del lenguaje cinematográfico institucional, representado por la industria de cine de Hollywood, mediante la violación de las reglas básicas de continuidad narrativa, encargadas de mantener al espectador situado espacial y temporalmente en las tramas de los films. Esto supuso una enorme ampliación de las posibilidades expresivas de este medio en el campo de la psicología y la percepción humanas, ya que dejó de estar limitado a narrar una historia.

 Dentro de este movimiento, Resnais encabezó, junto a los realizadores Chris Marker, Agnés Varda, y los novelistas Alain Robbe-Grillet y Marguerite Duras, una corriente creativa más activa políticamente, la Rive Gauche (Orilla Izquierda). Este término fue empleado a principios del siglo XX para definir el estilo de vida bohemio e inconformista que caracterizó el ambiente artístico y cultural que se daba entonces en París a la orilla izquierda del río Sena. El café Dôme, situado en el barrio de Montparnasse, fue punto de reunión entonces de personalidades como Picasso, Hemingway, Robert Capa o Lenin.

 Los realizadores que integraron esta corriente décadas después se caracterizaron, en primer lugar, por un compromiso más activo con las ideas comunistas que sus compañeros de la Nueva Ola, a los que consideraban en cierto modo aburguesados. A diferencia de ellos, todos provenían del cine documental, y su convivencia con el resto de artistas y literatos en la atmósfera creativa gestada a la orilla izquierda del Sena, hizo que su cine se impregnase de la poesía y la narrativa experimental que estaba siendo desarrollada allí entonces. El año pasado en Marienbad (1960), obra cumbre de Alain Resnais junto a Hiroshima mon amour, es el ejemplo más representativo de la presencia que la literatura y la poesía tuvieron en el cine de estos realizadores. En ella, la incapacidad de la protagonista de hacer memoria acerca de lo ocurrido el año anterior bloquea el avance de la narración, quedando el relato disperso en episodios mentales inconexos por las estancias barrocas de la enorme mansión de Marienbad.