¿FORTALECER EL ESTADO COLONIAL O FORTALECER LAS COMUNIDADES? por Natalia Sierra

¿FORTALECER EL ESTADO COLONIAL O FORTALECER LAS COMUNIDADES?

Natalia Sierra 

 

Ni mendigando

Ni poniendo ambas manos

Ni de rodillas

(Compañero Delfín Tenesaca)

 

El último viernes 8 de junio, a propósito de la celebración de sus 40 años de existencia, la Ecuarunari realizó un foro público donde se discutió: su emergencia como la primera organización política del movimiento indígena de carácter regional, su trayectoria dentro del proceso de resistencia indígena, a lo largo de estas cuatro décadas, su proyecto político, y  los desafíos de la lucha en el presente, así como la proyecciones para los años venideros. De todos los discursos presentados por los miembros de la mesa, hubo uno en particular que interpeló de forma especial, razón por la que considero comentarlo un compromiso político.

Antes de pasar a realizar este propósito, debo anticipar mis disculpas tanto al compañero José María Cabascango, cuyo discurso voy a comentar, cuanto a los lectores de este texto, por la atribución de intentar traducirles y comentar la intervención mencionada.

Es más que interesante poder diferenciar un discurso articulado desde lo que Agustín Cueva llama el lenguaje-ablucción (leguaje colonial)  y un discurso construido desde el habla, que en rigor no es discurso, sino justamente habla. Es sintomático que la casi totalidad de los dirigentes indígenas no hagan discursos, sino que simplemente hablen, nos hablen y con su voz simple logren topar y posicionar temas políticos tan complejos. Esto es lo que sucedió en el Foro de la Ecuarunari con la intervención del compañero José María Cabascango, quien no hizo un discurso, sino que simplemente habló acerca de sus percepciones y sus preocupaciones por el destino político de la Ecuarunari, del Movimiento Indígena y del Ecuador.

Con la sencillez de su palabra, después de pedir disculpas por “las tonterías que va a decir”,a pesar de que, como “esta viejo” dijo “se le debe disculpar”, hizo la pregunta que está como título de este texto. ¿Debemos fortalecer el Estado Colonial o debemos fortalecer la sociedad y las comunidades? Decisiva y fundamental interrogante política que hemos olvidado preguntarnos, en la consideración ingenua, por no decir necia, que ya la hemos contestado. Sin embargo, cuando el compañero, desde su sencillez, hizo la pregunta, me di cuenta que no la hemos hecho, no se si porque hemos olvidado su importancia o porque no queremos hacérnosla, ya que resulta extremadamente  peligrosa. Lo cierto es que la pregunta me despertó de un letargo inducido por la ideología liberal burguesa, que nos ha hecho creer, no solo a nivel de las ideas políticas, sino, aún peor, de la práctica política, que la existencia del Estado y toda su institucionalidad  burguesa es incuestionable.     

Los compañeros indígenas suelen ser precisos; la pregunta fue hecha, creo, en el momento y en el contexto preciso.  Se están celebrando 40 años de la formación de la primera organización política del mundo indígena de carácter nacional, en un contexto político decisivo para la historia de nuestros pueblos previo a las elecciones del 2013. Digo contexto político decisivo en razón de que el proyecto que se está aplicando en el País, desde la llegada del Gobierno de la Revolución Ciudadana, y el que se aplica en América Latina por los gobiernos progresistas, ha abierto el desafío del siglo, por no decir del milenio. Desafío que surge cuando los pueblos de Latinoamérica alzan sus voces y sus cuerpos para decir NO, al nuevo intento de desarrollo capitalista en el subcontinente. En este contexto la organización indígena más importante del país debe preguntarse y debe preguntar al país entero si es que debemos participar en el Estado, en ese Estado que se fortalece para llevar adelante el proyecto capitalista.

Participar en las elecciones es fortalecer el sistema liberal burgués capitalista, participar en las elecciones y ganar ciertas instancias, es participar y fortalecer el Estado Colonial. Solo para poner un ejemplo de esta confusión, cito las palabras del compañero Cabascango cuando dijo: “Peleamos por las fiscalías y no hacemos valer la justicia indígena.” Si vamos más allá del tema de la justicia, a otras dimensiones de lo social, podemos ver que: A nivel económico peleamos por recursos dentro del mismo marco productivo, dentro de las mismas relaciones mercantiles y no hacemos valer otras formas productivas, otras relaciones de intercambio donde aprendamos “a vivir sin plata”. A nivel político peleamos por la democracia representativa y no hacemos valer la democracia participativa y la democracia directa. Nos enredamos en las elecciones burguesas olvidando la organización política de las comunidades, y luego terminamos atrapados en nuestros errores, como ya nos ha sucedido con los dos últimos Gobiernos (Lucio Gutiérrez y Rafael Correa)

Quizá por todo esto, el compañero Cabascango dijo: “hay que regresar a ver a las comunidades, a nuestra gente, fortalecer la sociedad.” Palabras llenas de sabiduría, de las cuales entendí que debemos estar despiertos en lo despierto, y no caer nuevamente en la seducción y los ofrecimientos de la democracia burguesa. La tarea fundamental, según creo haber entendido al compañero José María, es la necesidad impostergable de fortalecer la sociedad plurinacional, fundamentalmente, en su dimensión comunitaria. Pensar en la educación que queremos para fortalecer nuestras comunidades de resistencia, pues, como se dijo, muchos de nosotros pasamos por el sistema educativo hispano colonizador y terminamos políticamente confundidos, cometiendo errores demasiado costosos para nuestra organización. O, a su vez, muchos estudian se doctoran y se van, otros se lanzan de candidatos ganan las elecciones y se olvidan de las comunidades y del proyecto político popular. Se olvidan que las elecciones burguesas solo sirven para disputar espacios de fortalecimiento de la organización político-popular en función de la lucha por la transformación social, y si no es para eso, nos volvemos cómplices en el fortalecimiento Estado colonial de clase. Lo que significa que somos cómplices de nuestra propia dominación y explotación, y eso  se llama traición. Y como dijo el compañero Delfín Tenesaca: “tengan vergüenza cuando traicionan a los pobres”

Una última cosa que quiero compartir del habla del compañero Cabascango, es aquello de “desarrollar la espiritualidad”. Una de las dimensiones humanas más heridas, sitiadas y maltratadas por la lógica mercantil capitalistas, ha sido sin lugar a dudas la espiritualidad. Usada y ultrajada al servicio de la conquista y colonización a lo largo de la expansión capitalista hasta nuestros días. Obviamente no estoy hablando de la espiritualidad articulada a la especulación financiera y su ideología de la nueva era, estoy refiriéndome a la sabiduría que emerge en el seno de las comunidades de resistencia, del campo y de la ciudad. Ese saber que es un convivir que se teje en nuestras alianzas, en nuestras luchas cotidianas, en nuestras resistencias diarias. Ese saber que nace cada vez que tejemos mundo al margen y  por fuera del capitalismo y su sistema político.