ECUADOR: SIN PREGUNTAS, NO HAY COBERTURA. por Carlos E. Flores

ECUADOR: SIN PREGUNTAS, NO HAY COBERTURA

Carlos E. Flores | Kipu Digital

“Lo lamento pero el ministro no podrá asistir porque tiene una reunión en Palacio, muy temprano” era uno de los argumentos que los asesores de varios ministerios solían presentar para excusarse de no estar en el informativo de Radio Pública de Ecuador. Y resulta que al día siguiente, en plena conducción del noticiero, me enteraba por mi asistente, que el mismo Ministro que canceló la entrevista se encontraba cómodamente sentado en el set de Ecuavisa, o con María Josefa Coronel en Teleamazonas. En alguna oportunidad, al aire, manifesté este hecho. ¿Porqué no vienen al medio público? preguntaba. Y conversaba con otros colegas de los medios comunitarios ecuatorianos, y muchos manifestaban que les pasaba algo similar, que el esfuerzo de gestión era más intenso para asegurar a un funcionario en sus espacios informativos, o “al menos por teléfono”, me decían.

Esto viene a colación, a propósito de la decisión de que fuentes gubernamentales no vayan a los medios privados para no llenar los bolsillos de seis familias. Entre los diversos argumentos manifestados hasta se da la impresión que los “pobres” ministros o ministras fueran “obligados” a ir a un medio privado. Pero cuándo preguntaba a un asesor de algún ministerio el porqué de cancelar las entrevistas a un medio público, la respuesta era dura, aunque honesta: “necesitamos que el ministro/a se posicione mejor con un medio y un periodista tuco(*)” o “por el alcance nacional” o “porque esos son los medios con más rating” y más argumentos, que se pueden sintetizar en que era una necesidad poner a un funcionario en un horario informativo estelar, en un gran medio privado. En otras palabras, había la sana opción de un funcionario de ir y no ir a un espacio radial o televisivo.

Se ha argumentado de que la medida busca “democratizar” la comunicación. Quizá los asesores de comunicación no se han percatado que el “derecho a la comunicación”, entre otras cosas,  consiste en que las personas puedan recibir información desde el medio que a uno mejor le parezca, libremente. “Que no me den eligiendo”, como me dijo un colega ecuatoriano, muy sintonizado con las políticas del gobierno, pero extrañado con la decisión. Si de democratizar se trata, ¿Porqué no se judicializó a quienes usufructuaron las frecuencias de manera ilegal que reveló la Comisión Auditora de Frecuencias? ¿Por qué ciertos funcionarios del gobierno, prefieren, por ejemplo, que el tema de la redistribución de frecuencias sea asumido como un tema técnico, y por tanto, puesto en la Ley de Telecomunicaciones, y no en el Proyecto de Ley de Comunicación? No se comprende la medida, y más bien creo que es otro capítulo, de los tantos que existen, que tensiona las relaciones entre el gobierno y los medios, en particular, los privados.

Sin embargo, de nada sirve que los afectados, los medios privados, se rasguen las vestiduras y eleven edulcorados discursos en pro de la libertad de prensa. Quizá sería bueno hacer de tripas, corazón. Este fin de semana estuve en un curso en la Universidad Andina Simón Bolívar llamado “La reinvención del periodismo”, conducido por Omar Rincón y Adriana Amado. Adriana, dentro de las lógicas del curso, la reinvención, mostró un ejemplo que calza con la decisión gubernamental reciente. Nos mostró como se forjó un movimiento que tuvo eco en twitter: #sinpreguntasnocobertura. Esto ocurrió en España, no porque haya existido una decisión como en Ecuador, sino por la condición que muchos políticos empezaron a usar, y se convertía ya casi en costumbre: daremos conferencia de prensa, pero sin preguntas. Antón Lozada, profesor de Ciencias Políticas y colaborador en varios medios, en su blog, y ante el “sinpreguntismo”, escribió: “Cuando un político comparece y no acepta preguntas, esa es la noticia. Lo que diga, es publicidad. Debería pagarla y deberíamos presentarla como tal. Así se garantiza efectivamente el derecho a la información del ciudadano. Haciéndolo saber que no recibe información, sino propaganda”.

Cuidado que son dos realidades distintas, pero el punto es que: a situaciones límites, respuestas creativas.  ¿Se imaginan poner en pantalla las cinco preguntas claves que preguntarían a un ministro/a? Y quizás nunca respondan, pero será simbólico el peso del silencio desde el poder político.  O hasta quizás se marque cierta agenda a base de preguntas, frente a un gobierno que siempre se esfuerza por hablar mucho, por decir “su verdad”. Quizás habría más ciudadanos/as con preguntas no contestadas en su cabeza, que aquellas que el poder político solo responde.

Esto puede parecer asesoría gratis. Sin embargo, mi tónica va más por bajar el ánimo confrontativo que impera en el ambiente.

¿Alguien se animará?