JULIAN, ENTRE DOCUMENTOS SECRETOS Y CONDONES ROTOS (I,II y III) Carlos Rabascall Salazar

JULIAN, ENTRE DOCUMENTOS SECRETOS Y CONDONES ROTOS (I,II y III)

Carlos Rabascall Salazar El Telégrafo <www.telégrafo.com.ec>

 

I

La historia de Julian parecería de aquellas que solíamos leer de niños, esas de acción, suspenso y drama,  de policías, agentes secretos y espías.

Hoy ni la historia ni la trama es distinta, lo que  la diferencia de aquellas historietas de nuestra niñez es que el protagonista es real y que no responde a las grandes agencias de espionaje de países poderosos.

Sin armas que quitan la vida, pero con grandes conocimientos en tecnología que le permitieron develar al mundo los secretos oscuros de grandes potencias y de grupos económicos corruptos,  Julian, el hombre, nos introdujo en una historia tan apasionante como altamente peligrosa.

El personaje de esta historia pone al descubierto un ecosistema de corrupción mundial, donde los que eran los buenos en las historias infantiles resultan ser los malos en la vida real. La dimensión de su descubrimiento le genera repugnancia y un nivel de indignación que no podía permitirse el lujo de permanecer pasivo.

Como todo héroe quería acusar, pero una y otra vez se preguntaba ante quién, ante qué tribunales. ¿Habrá tribunales de justicia incorruptibles y valientes que sean capaces de dictar sentencias de culpabilidad contra aquellos que manejan los hilos del poder? Se preguntaba a cada instante.

Con inmensas ojeras, con la pesadilla de conocer el riesgo que estaba atravesando, en una noche, mientras mantenía la mirada perdida, Julian, el héroe de nuestra historia, llega a la conclusión de que la mejor manera de protegerse es compartiendo la verdad descubierta con los ciudadanos del mundo. Y así, al amparo de una libertad peligrosa, ejerció el derecho de decir su verdad, tan solo exponiendo al mundo los documentos que había encontrado.

Julian causó mucho ruido, se activaron todos los protocolos de contingencias y los poderosos comenzaron a reaccionar. De inmediato aplicaron la estrategia más conocida desde la antigüedad, había que dañar la reputación del héroe para restarle credibilidad y convertir al bueno en villano.

Como en toda historia de agentes y espías, Julian tenía una debilidad, el gusto adictivo a las mujeres. Los agentes secretos de todos los países poderosos tomaron contacto con las bellas mujeres con que el galán de nuestra historia había compartido más de una noche y -como suele suceder en estos casos- las convencieron de acusarlo de haber cometido contra ellas delitos sexuales, por lo que hoy el personaje de esta historia se encuentra frente a un proceso legal.

Pero como a los poderosos no les importa la racionalidad de los argumentos, peor la verdad, cometieron una equivocación sorprendente, la que podría tirar abajo la estrategia de dañarle la reputación a Julian. La acusación no fue por violación ni por acoso, sorprendentemente fue por haber utilizado condones rotos.

II

A continuación, queridos lectores, la segunda parte de esta historia. Julian, capturado en Londres por las denuncias sobre supuesto delito sexual y enfrentado a una solicitud de extradición a Suecia para rendir declaraciones dentro de este proceso, se cuestionaba si habría cometido el error más previsible de su vida al haber mantenido una relación en paralelo con dos bellas mujeres, que hoy lo tenían tras las rejas. Cómo no se me ocurrió que no hay peor venganza que la de una mujer herida y celosa, peor de dos, se reprochó.

Mientras el personaje de nuestra historia se rompía la cabeza con sus reproches y guardaba prisión domiciliaria, el mundo seguía conociendo los contenidos de los documentos secretos que de a poco se daban a conocer. Para los medios de comunicación esto fue ganarse la lotería sin haber comprado el guachito, pues pasaron días y meses publicando los famosos y polémicos cables que no dejaban de escandalizar al planeta.

El mundo estaba tan indignado, tanto o más que los gobiernos, como los grupos económicos cuyas malas prácticas políticas y de corrupción se habían evidenciado. De inmediato comenzaron las acciones policiales, la Interpol anunció la operación

“Exposure”, se inició un seguimiento y persecución de todo individuo vinculado a Julian y su organización. Fueron cayendo uno a uno, se capturó a 25 sospechosos que supuestamente pertenecían a la organización internacional “hacktivista” Anonymous.

Se generó gran nerviosismo en todos aquellos que de una u otra forma estaban vinculados con Julian. La angustia y los nervios comenzaron a debilitar las fuerzas de Julian y de su gente, más aún cuando la Interpol, en su página web, dio a conocer que había iniciado el operativo conocido como “Unmask” en varios países, entre ellos Colombia, España, Argentina y Chile.

Pero estos operativos, más allá de la angustia y de los nervios, provocaron reacciones en Julian y su equipo. Estos intervinieron los sitios del Ministerio de Defensa y de la Presidencia de Colombia y de la compañía Endesa, en Chile.

Las fuerzas policiales tenían que hacer algo, el nerviosismo de sus gobiernos así se los exigía, pues no sabían qué otros documentos secretos se podrían publicar. La reputación de muchos líderes y gobiernos estaba en juego.

La indignación creció aún más cuando WikiLeaks comenzó a publicar correos electrónicos de los archivos de la compañía estadounidense de inteligencia y seguridad Stratfor en Internet y de que Anonymous se atribuyera el haber conseguido estos correos y entregarlos para clasificarlos y difundirlos.

Solo en estos momentos, los ciudadanos del mundo comprendimos que estábamos presenciando una “guerra” entre lo oculto y la realidad. Continuará.

III

Mientras continuaba esta guerra entre lo oculto y la realidad, a Julian se le estaba terminando su tiempo. El plazo en que el Reino Unido tenía que extraditarlo a Suecia llegaba a su fin y con esto su preocupación de que pueda ser enviado a EE.UU.  crecía.

Si bien EE.UU. no había iniciado acciones legales, las declaraciones de sectores políticos radicales enviaban mensajes amenazantes a la vida de Julian. Un político americano llegó a decir abiertamente que se debía castigarlo quitándole la vida sin proceso alguno.

La posibilidad de que EE.UU. iniciara un juicio en su contra por espionaje, una vez que sea extraditado a Suecia, y que en ese momento solicite su extradición, más la declaración de sectores políticos radicales, más la pena de muerte para delitos de espionaje, disparaban los nervios y la sensación de peligro por su vida.

Ante este escenario,  Julian sabía que tenía que actuar rápido para evitar ser extraditado y, mientras pensaba y analizaba sus opciones, un país sudamericano pequeño en el contexto mundial se le cruzó como si un milagro se le hubiera presentado como respuesta a sus angustias.

Ecuador, un país pequeño conocido poco en el contexto mundial, había comenzado a construirse una imagen de país reformista, gracias a los procesos de cambio estructural iniciado  hace cinco años. Su Presidente, un hombre joven con gran liderazgo regional por su irreverencia contra las posiciones de poder de los países que tradicionalmente habían dominado la geopolítica, se identificaba mucho con causas como la de Julian. Las declaraciones apresuradas de un miembro importante de su gobierno invitando a Julian al Ecuador a fijar su residencia prendieron las luces de un desenlace previsible.

Hasta ese momento Julian y sus abogados habían tomado las declaraciones del funcionario gubernamental como una demostración de simpatía, pero a medida que pasaba el tiempo, y luego que tuvo la oportunidad de entrevistar al Presidente suramericano, la percepción de simpatía se comenzaba a transformar en la única boya salvavidas que tenía a la mano.

La figura de asilo político comenzó a tomar forma en la mente de sus abogados con el fin de evitar su extradición, pero para lograrlo tenían que liberar a Julian de la custodia policial del Reino Unido.  En una típica noche inglesa y ya al amanecer, el hombre que había alcanzado  fama por visibilizar lo que ya se conocía, pero que muchos callaban por temor, en una acción digna de los libretos de las novelas de James Bond, logró escapar de su vigilancia y en lo que demora un abrir y cerrar de ojo apareció al interior de la delegación diplomática ecuatoriana con la solicitud de asilo político en mano.

Este evento puso al Ecuador en la palestra mundial,  generando una gran expectativa por su eventual desenlace. A partir de este momento Julian pasó a segundo plano, pero catapultó al Ecuador a escenarios tremendamente complicados. O el pequeño país suramericano inicia una frontal lucha por los derechos humanos o privilegia las buenas relaciones internacionales con países poderosos, que -además- son sus principales socios comerciales

Continuará.

crabascall@carlosrabascall.com