EL FANTASMA DE CORREA: LA DERROTA A MANOS DE LA IZQUIERDA UNIDA. Por Franklin Falconí.

 EL FANTASMA DE CORREA: LA DERROTA A MANOS DE LA IZQUIERDA UNIDA

Por Franklin Falconí.  Periódico Opción
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El nerviosismo del único candidato fijo a la Presidencia de la República, y  que ha estado en campaña por más de cinco años, crece. Es que el mito, alimentado a diario, acerca de la invencibilidad de Rafael Correa se debilita con el pasar del tiempo. Un análisis objetivo del actual escenario hace ver que el próximo proceso electoral puede provocar un sisma en el tablero político, que culmine con la derrota a la denominada “revolución ciudadana”.

Una premisa clave: Rafael Correa hasta ahora no ha enfrentado, él solo, una lid electoral de la que salga triunfante. Cuando se postuló por primera vez en 2006, pasó a la segunda vuelta con un 22% de la votación, y solo pudo ganarle a Álvaro Noboa (que en la primera obtuvo el 26% de los votos) con el apoyo de las organizaciones populares y partidos políticos de izquierda que hoy no solo
que no lo apoyan, sino que lo enfrentan.

Recordemos que en la segunda vuelta, con una intensa campaña de las fuerzas progresistas y de izquierda, y la radicalización del discurso de Correa, adscribiéndose a un proyecto de transformaciones por el que los pueblos habían luchado siempre, obtuvo el 56,67% de los votos.

Luego, en 2007 convocó a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, y para hacerlo enfrentó a la derecha tradicional con el apoyo clave de las organizaciones antes mencionadas, sin cuyo concurso habría sido imposible que se produzca el referéndum que aprobó la convocatoria, y la posterior elección de una mayoría de asambleístas de la tendencia democrática y progresista.

Vino posteriormente el aplastante triunfo del referéndum que aprobaba la nueva Constitución, con un 69,93% de los votos. No fue un triunfo exclusivo de Correa, sino de la tendencia, que había posicionado en los ecuatorianos la idea de una transformación del país.

En 2009 es reelegido, en primera vuelta, con más del 51% de los votos, nuevamente, con el apoyo de las organizaciones agrupadas en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, el Frente Popular, y otras más, así como de los partidos de izquierda: Pachakutik y el Movimiento Popular Democrático (MPD), cuyos dirigentes ahora son enjuiciados por terrorismo, y  encarcelados para intimidarlos, desarticularlos o minar su capacidad de acción política. No fue votación solo suya, aunque es evidente que a esas alturas gozaba de un gran respaldo popular, pues se lo visualizaba como el líder del proceso de cambios que poco a poco se estaban produciendo. La izquierda y las organizaciones populares advirtieron desde el inicio la condición ideológica de Correa y los posibles escenarios que podrían presentarse con su gobierno, y uno de ellos, el de que se adscriba a las tesis de la derecha, fue el que se consumó a partir de esta reelección.

Segunda premisa: Correa ha perdido en elecciones, lo cual demuestra que no es imbatible. Pese a la nunca antes vista utilización de la institucionalidad y los recursos del Estado, la movilización personal intensa de Correa a todas las provincias, el trabajo de presión y chantaje de los funcionarios públicos hacia medios de comunicación y líderes sociales en distintos niveles; pese a
la demagogia más burda que trajo consigo la consulta popular del 7 de mayo de 2011, Rafael Correa no pudo repetir un triunfo aplastante y ganó con las justas (y algunos dicen que con la mano en los consejos electorales) en su propuesta de reformas a la Constitución y ciertas leyes. No logró el 50% de los votos, el SÍ obtuvo apenas 47%, mientras que quienes no apoyaron su propuesta, entre quienes votaron NO, nulo, o en blanco, representaron el 53%. Un rostro adusto, de rabia y frustración fue el que acompañó por varios días a Correa luego de estos resultados.

Y aunque inmediatamente se tomaron medidas para “corregir” ese desajuste electoral, sobre todo en la Sierra Central, a través de planes secretos de conspiración contra la estabilidad de gobiernos locales como el de Cotopaxi, y la iniciación de juicios a líderes sociales de la izquierda, nuevas derrotas le deparaban los pueblos. En 2012 la alianza MPD-Pachakutik obtuvo la mayoría de las juntas parroquiales en disputa, mientras que el correísmo obtuvo un número menor, pese a la presencia personal del Presidente en varias de esas parroquias y del consabido despliegue propagandístico y de recursos para el populismo asistencialista.

La actual situación: Las fuerzas democráticas y progresistas unidas son la única fuerza que electoralmente tiene posibilidades reales de derrotar al correísmo. Aquí algunas razones:

– Cada una de las fuerzas integrantes de la unidad, por separado, tiene una importante votación. En el caso de Pachakutik y el MPD, por ejemplo, juntos suman alrededor del 10% de la votación a nivel nacional, votación dura, según lo reconocen los analistas. El movimiento La Red, de Martha Roldós, aportaría con por lo menos un 2%. Y están las fuerzas que aun sin participación anterior tienen en sus líderes altas votaciones, como es el caso del precandidato presidencial Alberto Acosta, del movimiento Montecristi Vive, quien fue el asambleísta constituyente que más votación tuvo a nivel nacional: 3,74% de los sufragios, que representa 782.659 votos. Por el lado del partido Participación, que aún se mantiene gestionando su inscripción, tiene en Gustavo Larrea y demás dirigentes gran aceptación, pues lograron afiliar alrededor de 100.000 ecuatorianos. O el caso de Paúl Carrasco, que llegó a la prefectura de Azuay con 66,64% de votos, y que en marzo pasado logró liderar una marcha de alrededor de 35.000 personas contra la minería y por el agua en Cuenca. Es decir, la unidad de las izquierdas partiría con un piso de por lo menos el 20% de votos a nivel nacional.

– La derecha tradicional, pese a los esfuerzos de algunos de sus líderes, no ha podido unificarse para tener un peso electoral. Y cada quien, por separado, aparentemente no tiene grandes oportunidades. Este es el caso de Guillermo Lasso, por ejemplo. En el caso de Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa, disputan el mismo electorado que, como se demostró en la última consulta, está ahora con Rafael Correa, por tanto ni tendrían posibilidades reales ni significarían un problema para las candidaturas de la unidad de las izquierdas.

Si consideramos, entonces, que Correa ha sufrido un desgaste importante, fruto de su política de traición al proyecto de cambio por el que llegó a la Presidencia, y que, como decíamos, no ha ganado hasta ahora él solo en las elecciones, existe la real posibilidad de que pase a una segunda vuelta contra el binomio de la Coordinadora Plurinacional de las Izquierdas.

Si esto es así, el tablero político se vería modificado ostensiblemente. Se trataría de una polarización entre la derecha (y la traición al proyecto de cambio) que representa Correa y la izquierda unificada en la Coordinadora. Por otro lado, Correa ha reiterado que su intención es contar con una mayoría en la nueva Asamblea Nacional, por lo que ha hecho un llamado a sus militantes: “actuemos como si no tuviéramos ni un solo voto”. Y la estrategia, al no poder como Alianza País ganar los suficientes escaños, sería crear movimientos “independientes” como el liderado por el director del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), Ramiro González, para llegar con un bloque de militantes de PAÍS y uno de “aliados” que permita tener el control de esta función del Estado como hasta ahora lo ha hecho. Sin embargo, podría ser una estrategia que le resulte contraproducente, puesto que esas fuerzas “independientes” no harán sino disputar los mismos votos de PAÍS, más si se presentan apoyando y haciendo campaña por el presidente Correa.

A pesar de que la mordaza a la prensa y la vigencia del nuevo método de asignación de escaños para los asambleístas provinciales, a través de las reformas al Código de la Democracia propuestas en enero de este año y ratificadas por el Consejo Nacional Electoral y la Corte Constitucional, generarán condiciones adversas para esta campaña, es evidente que a quienes más afectarán esas medidas es a la derecha tradicional, puesto que son esos candidatos los que los medios habrían tratado de posicionar, como siempre lo han hecho, y de ninguna manera los candidatos de la izquierda. En esta ocasión, lo fundamental de la campaña de la Coordinadora estará en las calles, en los barrios y comunidades, en el acercamiento directo a la gente. Lo fundamental de la campaña será continuar la marcha por la vida y la dignidad, que, así como en marzo, recorrió todos los rincones del país obteniendo la adhesión de los pueblos.