Y ELVICEDE RAFAEL CORREA ES(O DEBERÍA SER) Orlando Pérez

04 noviembre 2012

Si, como ya hizo público Ricardo Patiño, el próximo sábado será proclamado como candidato presidencial del Movimiento PAIS el actual mandatario Rafael Correa, la duda latente es quién será su compañero para la Vicepresidencia.

No es una decisión fácil. Pasa por definir su rol de ganar las elecciones el 17 de febrero próximo. No será ya el cumplido (con mucho impacto social y una enorme calidad humana) por Lenín Moreno. ¿Qué debería hacer? Quizá llenar el “hueco” de la Revolución Ciudadana: transformar radicalmente la estructura económica del país. O sea: modificar la sustancia del modelo de acumulación y acentuar la lucha para erradicar la pobreza y la inequidad. Y para eso, hace falta un estratega y un operador sabio y con un perfil absolutamente de izquierda. Si fuese mujer, mucho mejor, pero por lo que se escucha y conoce, los candidatos en esa perspectiva solo son varones.

Pero hay algo fundamental también en esto: ya que la Constitución limita a dos períodos seguidos la reelección presidencial, ese binomio debería ser quien tome la posta para sostener el proceso político después de 2017. Y eso, en sí mismo, es un reto y un desafío para Correa, para su movimiento político y para la corriente que lo apoya y desarrolla el proyecto. Eso define además el programa para las próximas elecciones.

Como ya dije, no será fácil la decisión porque también conlleva una disputa interna en PAIS. Lógico: hay fuerzas que se han constituido y diseñado a partir de la acción, incidencia, presencia, éxito y hasta eficacia en la gestión en cada una de sus tareas. Con casi un millón de adherentes, con cerca de un centenar de alcaldes y prefectos, cincuenta y pico de asambleístas, ministros, viceministros, subsecretarios, organizaciones sociales y políticas aliadas, la disputa interna debe (y de hecho estos días es) ser intensa, complicada y cargada de un cúmulo de subjetividades. Lo cual no es malo, pero  conlleva una determinación fría y serena para escoger a la figura más adecuada.

En esa perspectiva la mayor “crítica” de las otras izquierdas es que PAIS se “derechizó”. Por ello, el binomio presidencial no solo tiene que acentuar el perfil de izquierda del proyecto en el poder sino hacerlo mucho más simbólico con una figura de esa característica.

La izquierda, representada por Correa y su binomio, debe destacar y subrayar  que es la tendencia política que hace, que pone en marcha las cosas, sin dogmatismos, mucho menos con eufemismos. Es gobernar haciendo, corrigiendo y puliendo. Si algo ha cambiado en la  izquierda es que gobierna para afrontar la realidad,  no para hipotecarla por falta de rigor político o por la carencia de herramientas teóricas e instrumentos técnicos.

Es cierto que hay avances importantes. Incluso hay un cambio en la política nacional, desde la eficacia de las políticas públicas, como ya he mencionado en otros artículos. Pero falta. Y frente a ello, el próximo presidente, si es Correa, debe acelerar la politización de la revolución, de la ciudadanía y de la historia de este país, para construir una sociedad política en favor de cambiar la estructura y la misma cultura del Ecuador. Podríamos incluso adoptar esa frase que en determinados momentos hace falta: revolucionar la revolución.

De ahí que el vicepresidente que lo acompañe debe ser aquella persona que haga de la ejecución de las políticas públicas la mejor política. Eso implica un sostenido perfil a favor de la implementación y ejecución del Plan del Buen Vivir en lo sustancial: otro paradigma donde no manda el mercado, sino el trabajo y, ante todo, el ser humano.

En Bolivia hay un vicepresidente que le ha dado un sostén teórico y político al proyecto del Movimiento al Socialismo (MAS) liderado por Evo Morales. Álvaro García Linera tiene una potente capacidad filosófica, política y técnica para darle sentido revolucionario al proyecto. Algo parecido acaba de hacer Hugo Chávez con Nicolás Maduro, al nombrarlo vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Queda entonces por advertir por dónde va la decisión, al final de cuentas, de Correa. Aunque, como ya se sabe, la discusión es intensa. Inclusive se discutía hace tiempo atrás que el perfil ideal era de una mujer, joven e indígena. Si esa era la opción, lógica, estratégica y muy política, parecería que no hay esa persona. También se comentó la alternativa de alguna que otra ministra en funciones, pero se nota que no cuadra en esa línea por los mismos resultados de su gestión y por el cambio que se advierte en la estrategia de Correa.

En esa línea de pensamiento, arriesgando una apuesta y una propuesta, no estaría ajeno a todo sentido político que el futuro candidato a la Vicepresidencia de la República por el movimiento PAIS sea (o deba ser) Fander Falconí. Y de ser así se ganaría en el enfoque insurgente para profundizar la Revolución Ciudadana.