DEL ESTADO TERRATENIENTE AL ESTADO OLIGÁRQUICO EN EL ECUADOR (II) por JORGE OVIEDO RUEDA

30 noviembre 2012

 

La llegada de los europeos al territorio del Abya-Yala, ahora América, significó la destrucción casi total del sistema productivo que en estas tierras habían establecido, desde hace milenios, los pueblos originarios. Urgidos por la codicia, los colonizadores europeos poco se preocuparon de suplantar la estructura productiva originaria por otra. Objetivamente, los pueblos ancestrales de América fueron sometidos por el hambre.

Recién en el siglo XVII se nota una tendencia a la estabilización productiva que, por medio de las Mercedes Reales, las Encomiendas y otras brutales formas de sometimiento fueron legalizando el despojo de la tierra a los pueblos americanos. La gran propiedad terrateniente será, entonces, hasta la independencia, la base de la economía colonial. Chapetones y criollos serán los beneficiarios de esa expropiación.

La independencia posesionó a los terratenientes criollos en el poder político en América. El sueño de Bolívar de construir una gran nación americana se dio de bruces contra los intereses económicos de los terratenientes. La nación moderna, democrática, con base de producción pro capitalista que anhelaba El Libertador, se quedó en las formas; en la práctica, los terratenientes criollos prolongaron la colonia por medio de la instauración del Estado terrateniente.

Su bárbara ceguera no les permitió ver que la economía internacional avanzaba aceleradamente hacia el capitalismo y, peor todavía, que los Estados Unidos de Norteamérica iba creando las condiciones históricas para cumplir su “destino manifiesto”. Sólo Bolívar vio con angustia, hasta el último de sus días, cómo las naciones liberadas por su espada perdían la oportunidad de alcanzar, también, la independencia económica. Murió incomprendido.

La condición para despegar en la historia, en el caso del Ecuador, era la eliminación de la condición servil del indio, impuesta por españoles y criollos desde los siglos coloniales.  Para los terratenientes ecuatorianos esto equivalía a la eliminación misma de la base de sus privilegios y al hundimiento de su civilización tradicional, católica, apostólica y romana. Amparados en la Iglesia construyeron un muro de aislamiento alrededor del Ecuador mientras la economía internacional del capital crecía con un vigor inusitado.

Gabriel García Moreno simboliza la ceguera fanática de los terratenientes. Estaba convencido que si se derrumbaba el sistema basado en la hacienda y el Huashipungo, se acababa el mundo. Su espíritu civilizador quería construir un mundo moderno con la mano servil de los indios. Ese paternalismo arcaico hizo perder al Ecuador más de un siglo en su desarrollo económico y mantiene, hasta nuestros días, una mentalidad segregacionista a todo lo que es indio o se desprende de él. Sólo trasnochados aristócratas como Osvaldo Hurtado pueden imaginar que las causas del atraso del Ecuador hay que buscarlas en la antropología cultural y no en el sistema de dominación colonial que los terratenientes mantuvieron después de la independencia.

En América, a mediados del siglo XIX, Estados Unidos resolvía sus conflictos internos (guerra civil) e igualaba en su nivel de desarrollo a su ex metrópoli. A finales del siglo XIX la nación del norte entraba en su fase monopólica y ya superaba a Inglaterra. Para comienzos del siglo XX ninguna potencia mundial podía aspirar siquiera a ver a América Latina como un territorio propicio para sus negocios. Esta parte del mundo estaba reservada de forma exclusiva para los yanquis.

EL ESTADO LIBERAL EN ECUADOR

Lo que no le permitieron los terratenientes hacer a Bolívar intentó hacer Alfaro a finales del siglo XIX. La revolución liberal puso fin al dominio terrateniente casi en todos los aspectos de la vida nacional, menos en el más importante, que fue la abolición de la servidumbre del indio, con lo cual se mantuvo intacto el poder económico de los terratenientes; pero Alfaro inaugura el Estado moderno y pro capitalista en el Ecuador.

Sin haber sido nunca un académico Alfaro es el artífice de la más profunda transformación de nuestra nación, la más profunda y la única. Los sectores sociales que respaldaron al caudillo liberal fueron los que estuvieron vinculados a la actividad pro capitalista, luego de un siglo de haber sido relegados: comerciantes, importadores, exportadores, banqueros y una amplia base de trabajadores asalariados libres no sólo del litoral, sino también de la región interandina.

Alfaro concebía un Estado moderno de tipo liberal cuya misión era implementar una economía capitalista de amplia base popular, esto es, creía doctrinariamente en un capitalismo democrático que debía estructurarse de abaja hacia arriba, dando de esa forma solución a los problemas de empleo. Creyó de manera honesta en la plutocracia liberal y se apoyó en los trabajadores libres de la ciudad y del campo.

La plutocracia desconfió del proyecto alfarista y cuando se dio cuenta que sus concepciones iban a ser un obstáculo para su interés de manejar a su albedrio el nuevo Estado, decidieron darle muerte, para lo cual encontraron a un aliado natural en los terratenientes coloniales. Muerto Alfaro se allanaron los obstáculos y en el Ecuador se inició el dominio oligárquico que perdura hasta nuestros días.

EL ESTADO OLIGÁRQUICO EN EL SIGLO XX

Estado liberal y oligárquico son lo mismo en el Ecuador. No así Estado liberal y propuesta alfarista. Así como lo que no pudo hacer Bolívar a comienzos del siglo XIX lo quiso hacer Alfaro a finales, lo que Alfaro no pudo hacer lo quiere hacer a estas alturas el presidente Rafael Correa. Ese es su objetivo y límite histórico.

La oligarquía ecuatoriana, por medio del Estado liberal, se comió y se bebió el Ecuador a su antojo, usando a su favor hábilmente los rezagos mentales de la época colonial. Nunca dio por terminado el pacto criminal que a comienzos de siglo hizo con los terratenientes para asesinar a Alfaro. Ellos han usufructuado del Estado para satisfacer sus intereses de todo tipo, sin importarles jamás un rábano la suerte de los sectores populares.

El modelo agro-exportador impuesto por los planes estratégicos de la economía norteamericana en América Latina nos convirtió en proveedores de materia prima para su industria sin que a nadie de la élite gobernante en el Ecuador se le ocurriera que ese no era el camino apropiado para nuestro desarrollo. Cometieron el mismo crimen que los terratenientes en el siglo XIX.

Después de la segunda guerra mundial y, sobre todo, después del triunfo de la revolución cubana en 1959, se implementó en nuestros países, el modelo desarrollista de sustitución de importaciones. Era una estrategia norteamericana para evitar que el ejemplo de la revolución cubana se extendiera a lo largo y ancho de un continente que veía quebrada su economía como consecuencia de la aplicación de esas estrategias de la acumulación capitalista mundial y norteamericana. En el Ecuador, en plena mitad del siglo XX, se seguían vendiendo haciendas con “indios propios” y cultivando la tierra con el arado egipcio. Todo esto no era culpa de los ecuatorianos en general, sino de sus clases dirigentes. Lo que el pueblo logra lo hace con su lucha. El Estado liberal no le da nada, solo explotación y miseria.

En el Ecuador la estrategia cepalina de sustitución de importaciones comienza a ser cambiada en la década de los años ochenta cuando en América Latina ya estaba en marcha el neoliberalismo como propuesta integral de cambio y desarrollo. Milton Friedman y la escuela de Chicago habían comenzado a desplegar sus banderas en nuestras escuálidas economías. El Chile de Pinochet, Bolivia, México son los conejillos de indias de la propuesta neoliberal. El colapso del “socialismo real” creará,desde los noventa en adelante, el espejismo de que el mundo tenía que estar regido, obligatoriamente, por las inamovibles leyes del mercado.

El Estado neoliberal es el mismo Estado liberal pero en la época del capital financiero y de la globalización. Globalización es integración  financiera y productiva de las grandes corporaciones capitalistas a nivel mundial, en detrimento de las naciones a las cuales consideran apenas un apéndice de sus intereses. Con ellas se cumple en grado superlativo la ley de la acumulación y reproducción ampliada del capital, pero a estas alturas en el nivel de la circulación, usando el dinero como una simple mercancía. La producción se reduce, para los neoliberales, a un acto secundario de aplicación tecnológica, olvidando su carácter vital de reproductora de la vida. En esa concepción están contenidos todos los crímenes del capitalismo como sistema.

Desde los ochenta en adelante en el Ecuador el Estado oligárquico asume la forma del Estado neoliberal, unas veces más, otras menos, según cual sea el gobierno de turno. Ese esquema corporativista tuvo su respaldo en la misma partidocracia que había dominado la política en nuestro país desde la muerte de Alfaro. El gran ausente de este proceso había sido el pueblo, que participó a lo largo de esta historia como invitado de piedra y como burro de carga.

Después del feriado bancario de 1999 la oligarquía ecuatoriana sabía que estaba caminando sobre el filo de la navaja; los intereses capitalistas corporativos a nivel mundial necesitaban garantizar la continuidad de su proceso de acumulación, razón por la cual habían comenzado a utilizar fórmulas de recambio, esta vez, camufladas con el ingrediente popular. Bachelet en Chile, Lula, Evo, el Kristcherismo y Correa eran sus nuevas cartas de presentación.

Esta afirmación nos lleva a preguntarnos cuál misma es la naturaleza interna del régimen correista, tema que trataremos en una próxima reflexión.