¡GOOOOOOOOOOOOOOOL DEL AUQUITAS! Hugo Palacios

Treinta mil almas en la Caldera del Sur gritando a todo pulmón ¡Aucas, corazón! Y al final del partido, esos hinchas fervorosos lo celebraron como si hubieran ganado la Libertadores de América, que todavía no conocen, pero ya vendrá, ya vendrá. Porque hablar de futuro es de lo que más saben los verdaderos hinchas que han masticado el verbo dramático “vuelta perdimos” innumerables ocasiones. El Auquitas, el equipo con vocación de fracaso, el héroe trágico, ya está en la serie B, después de haber descendido hasta los abismos y de casi casi jugar los inter barriales.

No hay nada más conmovedor que mirar cómo van caminando de la mano un abuelito de setenta y ocho años y su nieto de cinco, mochilas a la espalda, gorrita de visera y armados hasta los dientes con… la camiseta del Aucas. Una imagen intergeneracional cargada de presente, pasado y futuro, conjugando la gramática del pueblo en domingo a medio día. Si en algo coinciden los hinchas de los demás equipos quiteños es en sostener: Si no fuera de la Liga sería del Aucas. Si no fuera del Nacho sería del Aucas, etc., etc. Dicen los viajeros empedernidos que incluso los hinchas del equipo de Messi afirman tajantemente que si no fueran fanáticos del Barca serían de alguna barra brava del Aucas; lo mismo han de decir los del Boca y hasta los del Milán. Si hasta el Ronaldo, una vez conocida la noticia del ídolo del pueblo, dizque habría gritado a la tribuna: ¡Aucas, Marañón o la guerra!

El llamado equipo oriental, bautizado como el Papá, quiere ser nuevamente protagonista en el campeonato ecuatoriano de fútbol. Un paso más y que tiemblen los grandes. Si jugando en segunda categoría llena la Caldera del Sur, ya en primera tocará construirle un estadio del tamaño de sus derrotas. No habrá espacio que alcance para albergar cien mil hinchas, sumado los noveleros y las miles de almitas de San Diego que se fueron sin verle ascender; cosa seria el Auquitas.

Ya se verán los hinchas orientales dejando el corazón en las gradas en cada partido; la tercera edad tendrá espacio propio y cardiólogo a la mano, porque con el Auquitas nunca se sabe, los infartos pueden estar a la luz del día y a la botella de la media noche. Lo único cierto es que ahura sí, ahura sí el Papá Aucas se va a dejar de descensos y solo pensará en subir y subir. Así que preparados todos para cada fiesta dominguera. Si su esposa lo botó de la casa, vaya al estadio; si su marido no cumplió a satisfacción su deber, déjele los guaguas, unas ollas y vaya a gritar ¡gol del Aucas, carajo! Y todos en coro después de cada victoria: ¡Aucas campeón, mañana vacación!