PERSPECTIVAS DE FUTURO POLÍTICO EN ECUADOR. por François Houtart

No se puede hablar de futuro en la sociedad ecuatoriana, sin reflexionar más allá y de manera dialéctica sobre el contexto económico y social del proyecto político. Una primera constatación es que la estructura de clases y las distancias sociales no cambiaron de manera significativa. Por una parte es normal, porque un cambio tal es cuestión de medio o largo plazo. Por otra parte, el proceso mismo provocó varias consecuencias: se ha desarrollado una burguesía moderna, aprovechando la coyuntura favorable a escala mundial y una parte de la oligarquía tradicional se inscribió también en esta línea. Sin embargo, aún si esta clase tuvo serias ventajas durante los últimos años, ella le tiene miedo al futuro, pues no sabe si el “Socialismo del Siglo XXI”  será una realidad o será solamente un concepto social-demócrata, que ellos podrían aceptar.

Un resultado palpable, tanto de la coyuntura global (el “boom” petrolero) que de la política de Alianza País, es el aumento de la clase media[1]. Según un informe del Banco Mundial[2], la clase media representa el 34 % de la población ecuatoriana, contra el 30 % a nivel continental. Evidentemente este concepto es socialmente ambiguo, porque se base más sobre la posibilidad de consumo que sobre la pertenencia de clase. En parte, el fenómeno se atribuye al mejoramiento de la cobertura en la seguridad social. Esta clase, variada en su constitución, se desarrolla particularmente en el sector de los servicios. Tiene un nivel de consumo con nuevas aspiraciones, que se satisfacen en una parte apreciable por la importación de bienes extranjeros. En este sentido, no se trata de una contribución mayor al desarrollo económico del país, porque absorbe una proporción importante del producto de las exportaciones.

 Políticamente, esta clase media está dividida. En parte, pertenece a los antiguos partidos tradicionales, pero es una minoría. Otra parte, apoya el Gobierno de Rafael Correa, especialmente el sector que en los últimos años ha podido acceder a ella desde abajo y, finalmente, otra parte, especialmente los trabajadores a cuenta propia, teme al futuro, debido a la política fiscal del gobierno.  Los sindicatos de empleados públicos (gobierno, maestros) de larga tradición, se oponen generalmente al proyecto de Alianza País, porque sus análisis son más elaborados, pero por ahora son minoritarios en el campo político. El Gobierno favoreció la creación de un sindicato pro-gubernamental.  En conclusión, se puede pensar  que una mayoría de la clase media votará por Rafael Correa, en las elecciones de 2013.

Las clases subalternas, proletariado urbano (minoritario) y rural, pequeños campesinos, miembros de comunidades indígenas[3], que reciben el Bono, que les ha permitido de mitigar la pobreza más aguda, tienen la esperanza que el proyecto político de Alianza País continuara mejorando sus destinos. Una parte de los indígenas se encuentran en esta posición, a pesar de las orientaciones opositoras del movimiento indígena, debido al escaso respeto hacia su identidad y a sus derechos colectivos. Esto explica, en parte, el relativo decrecimiento del Movimiento indígena.  La participación de algunos indígenas en la burguesía moderna, la integración urbana de otros indígenas en la clase media, son también elementos explicativos.  El voto indígena estará divido. En conclusión, se puede decir que Correa ganará los votos del pueblo no-organizado, no así los del pueblo organizado. Como este se ha reducido y el Gobierno viene utilizando varios métodos de cooptación y de marginalización de las organizaciones, como de concentración del poder, su peso electoral no será considerable.

El proyecto de Alianza País, a pesar de un discurso a menudo diferente no sale del modelo modernizador clásico que caracterizó al capitalismo y al “socialismo real” (que ha tenido que aprender a caminar con las piernas del capitalismo, como lo decía el antropólogo francés Maurice Godelier), lo que provoca las reacciones de los ambientalistas, de los indígenas más política y socialmente conscientes y de una parte de la intelligentsia. Sin embargo, como estas categorías son minoritarias, su impacto político queda limitado.

La coalición política de la “nueva izquierda” es bastante heterogénea. Es difícil saber si podrá presentar una solución alternativa. De todas maneras, no tiene posibilidad de ganar la presidencia. Uno puede preguntarse si fue una decisión sabia para un movimiento como la CONAIE, entrar en este movimiento político, con el peligro de gastar mucha energía y credibilidad en una campaña perdida desde el inicio, en vez de consagrarse como movimiento social, al mediano y largo plazo, preparando así un post-Correa (después de 2017). Este nuevo proyecto tendría que elaborarse basándose en la situación real, para construir el nuevo paradigma, necesario para salvar el planeta (la madre-tierra) y la humanidad, considerando los logros de la era Correa, pero aprovechando también sus límites (la concepción del desarrollo, en particular) y de sus errores, El argumento que una campaña electoral puede constituir una plataforma útil para presentar al público nuevas ideas, como lo hace el programa de Gobierno de Unidad Plurinacional de Izquierdas, parece difícil a realizar en las  actuales circunstancias de polarización de la vida política ecuatoriana y de personalización de la lucha electoral.

Desde el punto de vista de las elecciones del 2013, se puede pensar que, a menos que se presenten circunstancias excepcionales, el Presidente Correa  ganará en la primera vuelta, el 17 de febrero 2013, porque dispone de una base social importante y del aparato del Estado. Si hay una segunda vuelta, el 7 de abril, la confrontación será con la derecha moderna y no con la nueva izquierda.

*Profesor emeritus de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), texto elaborado sobre la base de un trabajo preparado para la revista LATEINAMERIKA ANDERS de Viena (Austria).

NOTAS

[1] Concepto ambiguo, porque se basa sobre el ingreso y no  en las relaciones de producción.

[2] La Movilidad económica y el  crecimiento de la clase media en América latina. Panorama general, Banco Mundial, 12.11.12.

[3] Ciertas comunidades de la Amazonia rechazaron el Bono, su modo de vida no valorizando el uso de moneda.