APUNTES DE UNA ESTETICA LIBERTARIA. por Tomas Rodríguez León

 “Es absolutamente necesario asegurar el mayor campo posible a la iniciativa personal, a las inclinaciones individuales, una mayor amplitud al pensamiento y a la fantasía, a la forma y el contenido”

Lenin

 Hay una disyuntiva: definir al hombre como re-productor de objetos materiales o  como realizador de obras de arte (sostenía Sartre que los revolucionarios y los artistas  enfrentan mejor la crisis de la vida).  Este axioma  aclara  distancias  también ideológicas, porque marca el camino  entre la vieja  y la nueva  dimensión estética, la que hoy  proyecta  una sociedad con sentido existencial  distinta,  en la condición del Ser ¿o la nada?  Las colonias humanas dominadas por el poder  económico o por las  formas de gobierno  político mal  (más) jerarquizadas,  no solo extravían la libertad, sino la vida, y son por lo demás, estructuras feas. Todo gira desagradablemente entre fatalidades pendulares de gobernar o ser gobernados, o entre estereotipos rancios que sitúan a la existencia  entre el control y la obediencia, entre ganar o perder. La revolución  es una alternativa cierta, solo cuando es la búsqueda renovada de lo humano, lo intensamente humano que es búsqueda, a su vez, de justicia, justeza y liberación. Hay que procurar liberar también a la creación de la trampa mortal de producir para sobrevivir, porque no da tiempo para el arte  o para el amor, que es arte.

 La cosificada  esclavitud asalariada  produce cosas ajenas, y  para desenajenar  y liberar al hombre de esa y otras esclavitudes Marx  propone el comunismo:  una sociedad sin estado, sin explotación del hombre por el hombre,  con jornadas de trabajo  reducidas al máximo,  para que el ser social  bien determine su conciencia social, donde la realización del trabajo es arte y ocio creativo. Sociedad del futuro donde la humanidad estará  en posesión de todas sus fuerzas esenciales ya recuperadas. La creación artística y el goce serán formas  de apropiación de las cosas[1], y  la naturaleza preservada. Será el  salto “del reino de la necesidad al de la libertad”.  El socialismo,  necesidad para Marx  (el  estado proletario),  fue, admitamos,  una concesión lamentable, no desde el punto de vista político, sino libertario y estético, pues asomó como  versión política del comunismo, deformando su esencia. Nació una versión centralista, estatista, represora,  fatal y contraria a su esencia, que era común, comunidad, comunión… era (es) propuesta de libertad sin estado ni propiedad. El comunismo paso  a ser sinónimo de dictadura estatal, cuando con el marxismo, el anarquismo, e  incluso antes con  el comunismo utópico, era la aspiración de una sociedad libre de explotación, cárcel, leyes y fronteras. La estética de la  mala palabra, en uso de la reacción mundial, se sumó a los defectos y logró que COMUNISMO  sea versión de opresión y no de libertad.

 Retornemos. Los obreros y trabajadores  en general ven frustradas sus potencialidades creativas en un mundo mecanizado, y una sociedad monótona que es parda en la fábrica, en las avenidas y  neurótica en el descanso familiar…sin arte…ni parte. Esta realidad, horrible en el capitalismo,   en el socialismo tampoco es perfecta, porque es aburrido trabajar para el estado proletario o popular repleto de consignas. Tenemos un largo y milenario proceso de alienación con cadenas de ilusión, promesas terrenas y celestiales, que hoy enajenan al hombre a una pluralidad ataviada de: cosas, patrias, tiempos, rutinas, amores y desamores, que el hedonismo barato no compensa.

 Hasta el arte  es hoy actividad humana accidental, otra sensación ligada  a la producción y el consumo, a la transacción monetaria…  Una noche fue extraordinario escuchar  la perorata de artistas plásticos que despotricaban en debate bizantino contra el mercantilismo del arte …y luego, en el brindis social, llega un magnate a comprar arte y los entonados creadores trasformaron su altanera ira en placentera amabilidad hacia el burgués… solo  la revolución  con esencia comunista  puede  hacer  del arte y los artistas   creadores- curadores,   un trabajo superior donde su destino se hace para disfrutar y sentirse plenamente libres.

 El arte realista existe, pero pierde por su estructura, fantasía sensible y subjetividad.  Un dibujo o una  pintura o una música sin subjetividad  puede  representar  la vida real,  pero precisamente ahí radica su debilidad. La revolución es bella, y el comunismo un sueño, solo si son utopía permanente  que transita de la voluntad a la creación. Caso contrario dejan de ser magia. Sin el arte y  la estética, las utopías son insoportables e inhumanas, y vivir se vuelve fatuidad. La sociedad pierde estética, equilibrio y decencia cuando el unísono discurso de los poderes se vuelve al mismo tiempo altisonante y ensordecedor ¡inaudible¡ aunque uniforme.

La política  vulgar  no puede ser arte, porque es una banalización mayor que busca  espectadores acríticos, al más  alto precio. Es una forzosa  estandarización para el  consumo de masas.  Ideología de  relaciones enajenantes, codificación  que manipula las conciencias en escalas mórbidas, donde el sueño se mezcla con pesadillas y la ilusión con letargos.

 El poder no puede ni debe ser  arte, porque  responde a  objetivos contra libertarios que tratan a los sujetos  como objetos y a los valores subjetivos como valores de uso y de cambio. La revolución comunista libertaria, despreciando al mismo tiempo al poder estatal y al poder  de los explotadores, funda un compromiso estético con la  expresión del individuo y  de las masas. Siendo el arte un lenguaje que contribuye a solventar vacíos espirituales, no podrá ser creación para el silencio, porque es necesidad y recurso para la  esencia universal de la vida humana…

Porque:
“Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.”


[1] En la sociedad de consumo las cosas se apropian de los sujetos