Costa Rica: ESTADO DE DERECHO POLICÍACO

Los síntomas nos irritan los ojos, nos laceran la piel y nos revuelven las entrañas con góticas escenas cada vez que salimos a la calle a exigir nuestros inalienables derechos.
Es como el bullir de la rutina de todas las mañanas cuando corremos por el pan para el desayuno. Se nos está haciendo habitual toparnos con los escuadrones de motorizados con sus arneses y armas, policletos en escuadra, los pelotones y compañías de la U.I.P., la G.A.O. o los antimotines agrupados; casi agazapados en parques, plazas o dentro de los autobuses del Ministerio Seguridad Pública. Es un presagio amargo para este pueblo muchas veces ingenuo. La realidad política en el país ha sufrido un viraje rudo en los últimos tiempos; fundamentalmente desde el año 2000 hacia acá, aunque a ciencia cierta la estrategia dio el giro después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista y la derrota de la satrapía somocista el 19 de julio de 1979.
Sabemos que las fuerzas armadas de Costa Rica han sido las más dedicadas en la formación de sus cuadros militares en la funesta “Escuela de las Américas”. (Academia castrense de los Estados Unidos para capacitar y formar oficiales en todas las formas de guerra, represión, contrainsurgencia y tortura para las fuerzas armadas, cuerpos de seguridad y ejércitos del continente americano). Como política de Washington en su diseño imperial, la estrategia de seguridad nacional representa un proyecto que contempla la cobertura; como una especie de paraguas, de todo el continente, particularmente de América Latina y el Caribe definido en su arbitraria e indignante legislación extraterritorial, como “patrio trasero”.  Tal soberbia y prepotencia se ha convertido en una larva que contagia las estructuras policiales, servicios secretos y ejércitos del área y, especialmente intoxica a su oficialidad, en extremo a sus mandos superiores.
Desde la administración de Monge Álvarez se aceleró la militarización de este “Estado de derecho” y nimia democracia. El Murciélago mutó de hacienda ganadera a campo militar de entrenamiento y ejercicios militares dirigido por marines yanquis. Se formaron batallones de despliegue rápido para la lucha irregular con armamento moderno y apoyo de artillería morteros. Se crearon organizaciones paramilitares como la “Organización Para Emergencias Nacionales” (OPEN). Se amplió la gama de grupos operativos y de choque en el campo de la inteligencia y la contrainteligencia de la seguridad del estado, dependencia de la Casa Presidencial y/o Ministerio de la Presidencia.
La operación CONDOR desplegaba sus tentáculos desde Suramérica y recorría con sus garras ensangrentadas nuestras tierras centroamericanas. Desde finales de la administración Carazo operaba en la zona fronteriza norte la incipiente contra nicaragüense. Pero, fue con la anuencia y el chantaje a Luis Alberto Monge que las bandas contrarrevolucionarias de ARDE, Fuerzas Armadas Revolucionarias Nicaragüenses (FARN) y FDN tomaron la zona norte costarricense para efectuar sus fechorías contra la Revolución Sandinista y el pueblo nicaragüense. Asesinaron compañeros campesinos en territorio costarricense cuestión relevante a desarrollar en otro momento. Formaron dos cuerpos policiales con funciones específicas en las áreas urbanas y rurales. La Guardia Civil adscrita al Ministerio de seguridad Pública y la Guardia Rural asignada al Ministerio de Gobernación. La segunda más militarizada y con estrechos vínculos con las operaciones encubiertas de la CIA y la “Contra”.
Pues bien, más se podría agregar a esa faceta que tiene sus repercusiones hoy en un marco que tiende ha pervertirse y complicarse más, desde el punto de vista de la represión. Por lo pronto, es una enumeración de antecedentes de la militarización del país, suficiente. Hay otros datos de compras de armas, trasiegos, asonadas y conspiraciones, que sería bien oportuno tratar en espacio aparte. Como en los años de la década de 1980 las actividades coercitivas y punitivas del Estado costarricense han vuelto a arreciar. Los hechos de agresión, persecución, hostigamiento, asedio; e incluso; hasta de estado de sitio sobran y están registrados por distintas fuentes y abundantes medios de comunicación; del complejo mediática empresarial y de carácter independiente. Sin embargo, quizá el pueblo sencillo no se percata del peligro que nos está asechando. La fiera genocida del fascismo. Una política atroz y de hambre hacia el pueblo desde gobiernos dirigidos por las cámaras empresariales y las Embajadas de los Estados Unidos y del Estado terrorista de Israel.
Las administraciones de turno por tres décadas no tienen programas nacionales, burdamente hacen lo que los recetarios que les envían desde el FMI, Banco Mundial, la OMC y Washington les indican.Desmantelan el conglomerado productivo del Estado, venden los activos de la hacienda pública, eliminan el presupuesto del Estado requerido para sostener la garantía de los derechos fundamentales, le entregan las áreas estratégicas de la producción nacional del país al capital transnacional, privatizando servicios cruciales para la vida humana, monopolizando actividades económicas esenciales, contusionando a corporaciones extranjeras y mafias de traficantes puertos, aeropuertos, carreteras, telecomunicaciones, etc., arruinando a productores nacionales y mancillando con la esclavitud neocolonial a masas obreras. Los recursos naturales, sangre y carne del futuro desarrollo de nuestra sociedad, los han hipotecado en una carta en blanco y sin retorno; a las arcas del imperialismo.
Para la metrópoli imperialista el territorio costarricense es una especie de portaviones gigante y “espacio vital” para bases navales, muelles de atraque de los destructores, fragatas y acorazados, rampas de lanzamiento de misiles y centros e radares de las tropas expedicionarias e invasoras, empeñadas en atacar y derrocar los procesos revolucionarios y los Estados independientes y soberanos del continente. Con un libreto de vulgares piezas útiles, y vasallos a los designios de los amos del norte, los grupos dominantes en nuestro país se han degradado y han incursionado en el putrefacto pantano del entreguismo y el filibusterismo. Se han despeñado en la corrupción como rufianes de las aristocracias “posmodernas” que con las caretas de la democracia han descendido al último círculo del averno de Dante Alighieri, con su descompuesta cleptomanía.
Dicen ser democracias centenarias y Estados de derecho las burguesías de hoy. No se lo creen ni las castas plutocráticas. Imponen un Estado policiaco como única franquicia para perpetuarse en el poder, con el manto de las falaces elecciones, cada cuatro años. El lunes 13 de mayo hemos sentido ese Estado policial al salir de San José, cuando una escolta de motorizados de seguridad pública se nos encimaba agresiva, lo que para la mayoría de los y las manifestantes que viajábamos en el ómnibus, parecía una especie tragicomedia que motivaba sentimientos encontrados, entre el asombroso, la burla y el enojo. Capítulos de intimidación y guerra psicológica de esa naturaleza se han escrito por docenas, en las últimas décadas, en este “Estado de derecho” que con tanta perorata propugnan las clases dominantes y sus acólitos, en esta nuestra Costa Rica.
En los días actuales “de nuestro señor Estado de derecho” se ha reformado y ultrarreformado el Código Procesal Penal, leyes y reglamentos para criminalizar la protesta social. Entiéndase el derecho supremo de abogar y luchar por los derechos universales e inalienables de todas y todos los ciudadanos y compatriotas. Se ha penalizado, amenazado y extorsionado el derecho de los derechos. Se ha usurpado la libertad a expresar el sentir crítico, la expresión libre de la demanda justa, el único espacio que tienen las clases oprimidas y los pueblos, las mujeres, las juventudes, los indígenas y los grupos de diversidad para promulgar sus derechos; las garantías fundamentales a una vida digna; a la seguridad ciudadana; a la libertad real; a la soberanía; a la democracia efectiva.
Se le ha arrebatado al pueblo costarricense y de forma infame a ese pueblo de abajo, de los piso de tierra que tienen como única arma la conciencia de clase, la convicción de que en la calle es donde pueden romper las cadenas de la opresión, la miseria y el hambre; el derecho a la movilización, a la acción y a la rebelión como derecho consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando los de arriba, los tiranos aprietan los grilletes a las clases desposeídas y pueblo en general. En los últimos meses se han intensificado la agresión, el asedio, el hostigamiento, la persecución, las garroteadas, los arrestos, la tortura, la guerra psicológica y los juicios penales contra jóvenes, activistas, luchadores y luchadoras, ciudadanos y gente valiente del campo y la ciudad que en las calles defienden los derechos de los y las costarricenses.  Aunque es tema para otro momento, en Costa Rica en ningún momento se puede hablar de la existencia de un “Estado social de derecho” ese, solamente se podría alcanzar en una sociedad avanzando al socialismo. Pero, el pregonado “Estado de derecho” al que hemos referido; régimen jurídico de la dominante burguesía costarricense y de manoseo impune desde los castillos imperiales, ha caducado. Se ha transmutado en un Estado de derecho policíaco, que peligrosamente se encamina a un Estado policíaco.

Oscar Barrantes Rodríguez
Círculo Bolivariano Yamileth López-Costa RIca (CBYLO)
Centro Popular de Estudios Sociales (CPCES)
San Ramón-Costa Rica
Mayo 14 de 2013.