¿EL PODER LEGISLATIVO FEMENINO? Jorge G. León Trujillo

 El gobierno ha dado otra prueba de saber construir símbolos e imágenes de renovación al nombrar tres mujeres a la cabeza del legislativo. Desde luego, este hecho no sólo es fruto de estrategia de campaña ni se reduce a ello, aunque hace parte de ello, pero de hecho significa una promoción de las mujeres. Del mismo modo que los nombramientos a indígenas a puestos relevantes (embajadores, etc.) los promueve y contribuye a la causa de pluriculturalismo y de romper las barreras de la discriminación, aunque la razón principal para hacerlo haya sido por frenar o deslegitimar a la oposición, en particular a las organizaciones indígenas.

 De suplemento, el hecho que se trate de mujeres jóvenes dará una imagen de renovación y abonaría a la imagen de que aparentemente Ecuador vive una revolución, siendo esto parte de una estrategia política de imágenes públicas que tanto rédito le han dado al gobierno. Sin embargo, más allá de estas construcciones para beneficio político, el Ecuador sí está contribuyendo a cambios culturales en aspectos relativos a la discriminación de la mujer en el espacio público a pesar de que los cambios en la vida privada no siguen el mismo ritmo y son más bien pocos o ninguno, para prueba los datos sobre violencia a la mujer o el número de embarazos de adolescentes.  Este cambio, el del día a día, es siempre más difícil de lograr sobre todo porque nos falta un movimiento de mujeres o un movimiento que asuma esa causa de rechazo a la dominación de género que con radicalidad cree una norma, no legal, sino ética en la sociedad, de que hay límites a crear y respetar.

 Hay desde luego organizaciones, de mujeres o no, que reclaman por la aplicación de derechos o, desde hace años, por la incorporación de normas internacionales diversas favorables para la equidad de género, pero eso es otra cosa; y ya es camino hecho. Esto ha exigido perseverancia, algo de cabildeo con un poder político no necesariamente opuesto sino más bien timorato a decidir sobre este tema en ciertas circunstancias, también ciertas movilizaciones han terminado por establecer un reconocimiento de estas propuestas. Ha sido una acción en el espacio político y legal, con el apoyo de los precedentes internacionales.

 Pero ahora se ve claramente que sin organizaciones que alimentan una causa en la sociedad, con diversidad de posiciones, pero con cierta radicalidad en las posiciones y reivindicaciones frontales encaminadas a trastocar el sistema de dominación de género, entre otros espacios en el ámbito doméstico, en el intimo de las relaciones de pareja, simplemente no hay movimiento social, acaso hay lógicas de cabildeo, que terminan en pautas legales o de políticas públicas, sin que la sociedad reciba el sacudón indispensable para que comportamientos actitudes y valores se modifiquen, el machismo entonces no se mosquea. No se produce pues, el trabajo en la sociedad aquel que precisamente impacta en el día a día y es el que más define lo que cambio social quiere decir. La tradición borbónica que nos invade siempre de pensar que la sociedad se organiza con leyes tiene límites muy cortos, pero es el modo como actúan en este y otros dominios las organizaciones sociales en Ecuador.  Ello lleva precisamente a la multiplicación de leyes y políticas de poco impacto social. Cuando un gobierno asume algo de una causa, como en este caso con las mujeres, multiplica discursos, propaganda, burocracia, otras y otras políticas, ingentes costos por lo mismo, sin gran impacto. Es mejor la acción de la sociedad sobre sí misma para cambiar y renovar sus concepciones y comportamientos.. La parte política ayuda y puede dar un envión importante, pero agentes activos de la sociedad son irremplazables para obrar sobre la sociedad sobre sí misma.

 A las mujeres se les examina la minima costura en un puesto público, desde como se visten y aún más cómo cumplen la función. Por eso las mujeres en el poder deben crear precedentes de demostrar que son mejores que los otros y marcar su diferencia en contenidos y modos de ejercer el poder. Grandes es así el desafío para cerca del 40% de mujeres del legislativo ecuatoriano actual. Si bien hay organizaciones que con razón recuerdan que existe una agenda de mujeres a tener en cuenta, vale recordar que pesará más que todo su modo de ejercer esa parcela de poder que ahora tienen, aún más considerando que la presidenta de la Asamblea no tiene ninguna experiencia parlamentaria ni ha estado en las grandes lides políticas. En el futuro se verá si algo de renovación aportaron (¿feminizar el poder?), no porque simplemente siguieron al pie de la letra las decisiones del ejecutivo, sino para contribuir al debate y reforzar el pluralismo, precisamente para no ser un simple reflejo de la pauta de imposición que aquel define, incluido con el estilo y el discurso de todo tener razón, el cual tan difundido está ahora y tantas imitadoras tiene. Un equipo de fieles solamente sería un triste rol aunque es claro que eso les será rentable en la lógica del poder gubernamental. 

 ¿Podrán entonces feminizar el ejercicio del poder y no masculinizar su actuar?