LA CARCEL, LA OTRA ESQUINA DE LA LIBERTAD. por Tomas Rodríguez león

 

(Los códigos morales y penales del poder)

 

“El momento en que se percibe que era según la economía de poder, más eficaz y más rentable vigilar que castigar. Este momento corresponde a la formación, a la vez rápida y lenta, de un nuevo tipo de ejercicio del poder”

Michel Foucault

Los Códigos Penales asoman  detestando a la libertad. Los hechos antisociales  definidos por el estado tienen  rostro de orden,  y el encierro será medio  de guarda y custodia  para el silencio.  En nuestra  edad media  ecuatoriana, el poder   desde ya,  garantiza la política carcelaria sin  límites, y  el recurso del terror  tendrá también marca registrada.  Un depurado  método  monopólico  para que  el microcosmos de la cárcel proyecte  la sumisión disciplinaria como sueño dorado de la  ley a  toda  la sociedad.

 La cárcel  se vende como necesidad, como oferta de  seguridad  para consumo del ciudadano que por temeroso renuncia a la vida libre. Pero los más elegibles  para la mazmorra, son los revolucionarios de siempre, los terroristas que tiran piedras,  porque  revolucionan desde abajo, desde lo infantil  que nunca más será consentido. La peor   amenaza para el orden y la seguridad “revolucionaria”  son los revolucionarios marxistas porque  la revolución  no es más un fenómeno social, sino una intención oficial que se nutre y se recrea en relaciones de dominación. Hasta la justicia social  es una dominación enérgica del poder postmoderno.

  Cercar,  marcar,  domar,  someter a suplicio, u  obligar a  ceremonias cifradas  en  signos  de victorias perpetuas,  forman  parte del nuevo constructo donde la relación    Cuerpo-poder se  ofrece a  la sociedad  con una abultada  creación de leyes y establecimientos específicos de formas de propiedad, hasta del cuerpo biológico y no tan solo del cuerpo social. Por ello, es sintomático que mientras se impulsa el código penal y se generan sentencias carcelarias, se usa el cuerpo de la mujer en su forma literal o simbólica y se exponen  los derechos de la piel y la identidad; el derecho al placer dejara de ser un disfrute real o deseado  para ser un reconocimiento legal  en tanto que  la plataforma de liberación de la mujer ya no es lucha contra el poder, sino búsqueda de  su ejercicio en la misma plantilla de relaciones oscuras de dominación.

Se insiste mucho en un rol sanador a la hora de la remedición histórica, la sociedad toda es un paciente y por lo mismo debe comportarse como tal: a expensas del acto dramático de la sanación quirúrgica o mágica. El cuerpo de paciente  a ser sanado, martirizado o  funcionalizado, es un objetivo especifico de la trasformación deseada, y este mismo discurso va desde lo general a lo particular. Se castiga por el bien ¡por tu propio bien¡ (como lo recuerda Foucault. a las víctimas de la tortura  también se los llamaba pacientes y el acto de escarnio debería ser público y festejado). Las consecuencias de las relaciones de poder no se hacen esperar:  movilizarse  es un acto kinesico  no volitivo y limitado, solo estimulado por las necesidades del ejercicio de subordinación, si alguien se moviliza en contra será reprendido a prontitud. El estado organiza el área,  traza fronteras, marca territorios a fin de controlarlo todo en vigilancia eficaz. La hegemonía del proceso es urgentemente totalitaria y la primera sanción es la uniformidad,  por ello no se admite  otras izquierdas, otras formas de hacer revolución, otras feminidades. El bendito SUMAK KAWSAY es  nuestra  simbólica nomenclatura criolla

Como arquitectura de control,  la sociedad panóptica hará del cuerpo y sus tiempos,  ritmos incesantes de movilización inmovilizada.

Padecer o ejercer poder son disyuntivas aparentes. Hay quienes creen que su adherencia les garantiza salir sin aflicciones y se auto complacen ante la idea ficción  de democracia participativa, creyendo  que ejercen  el poder. La minoría crítica que sabe acerca de padecimientos temporales, estará obligada a recuperar las consignas no hacia el poder sino contra su estructura y en esa recuperación volverá la revolución a  tener su esencia.

“Cuatro puertas hay abiertas
al que no tiene dinero
el hospital y la cárcel
la iglesia y el cementerio”

Daniel Santos