LA RAZÓN BLINDADA (de Arístides Vargas). por Silvia Arana

Reseña teatral

La Razón Blindada

 

La razón blindada es un poema al poder liberador de la imaginación, como forma de resistencia a la represión. En este viaje al inframundo, los presos/internos/vigilados sobreviven contándose historias, representándolas inmersos en la ficción para retener la cordura. La ficción, la creación de un mundo paralelo al infierno diario, hace posible la salvación. La obra podría haberse llamado “Los cuentos de los mil y un domingos”, pues los relatores/actores, al igual que Sherezade, salvan su vida -y las vidas de otros- contando/representando historias, en este caso, todos los domingos a las tres de la tarde: “Este domingo vamos a hacer un túnel, un túnel intangible, y nos vamos a escapar”.

Esta magnífica puesta en escena de la Compañía Malayerba de Quito se caracteriza por su excelencia en la dirección, la actuación y la escenografía. El tono, lúdico o trágico o sorpresivamente humorístico, mantiene cautiva la atención del espectador de principio a fin.

En el inicio, los actores caminan hacia el frente del escenario y detrás de ellos se proyecta una imagen borrosa de la estepa patagónica. Se sientan frente a frente en una de las pequeñas mesas dispuestas en el escenario. Las mesas están cubiertas con manteles blancos, con palabras escritas en tinta negra, y con trozos de diarios viejos pegados a la tela, formando un collage que recuerda las paredes sucias, descascaradas y cubiertas de graffiti de un centro correccional cualquiera. Tanto las mesas como las sillas tienen ruedas que permiten un desplazamiento suave o violento, según el tono de la escena. En una escena crítica, los actores sentados -pues tienen prohibido ponerse de pie- junto con las sillas y las mesas arman una coreografía alucinante, giran en el frenesí de la locura real o imaginaria -lo mismo da en el territorio donde la ficción y la realidad deben cohabitar para que la vida sea posible.

De La Mancha (Gerson Guerra) es el hidalgo sediento de aventuras y desbordante de pasión por Dulcinea, el loco-lúcido, manchego, patagónico o tropical, que por encima de su origen geográfico, es el paradigma del idealista. Expresivo y convincente se te va metiendo bajo la piel, no te das cuenta hasta que es demasiado tarde: ríes, lloras, gozas y sufres por él y con él.

Panza (Arístides Vargas) tiene un fuerte sesgo hacia el personaje kafkiano de la Verdadera historia de Sancho Panza. En el coexisten el personaje literario y el creador de historias. Arístides, dramaturgo y actor, representa a la perfección esta dualidad.

Sobre el origen de esta obra Arístides Vargas dijo: “Íbamos con mi hermano Chicho hacia el extremo sur de la Argentina. Habíamos hablado sobre historias sucedidas, sobre el exilio y la cárcel. Estábamos en silencio, mi hermano miraba el paisaje que no había podido ver nunca en los años que pasó en Rawson, Trelew, mientras yo escribía en mi pensamiento una historia que meses más tarde se llamaría: La razón blindada.” [1]

Las historias de su hermano y sus compañeros presos políticos de Rawson fueron el cimiento, sobre el cual se fueron superponiendo, capa sobre capa, desde escenas recreadas de El Quijote hasta comentarios políticos irónicos y alegatos desopilantes sobre los derechos de los perros (sí, “del mejor amigo del hombre”). A. Vargas echa luz en la oscuridad -“venciendo el dolor”, diría Juan Gelman- superando el efecto destructivo del sufrimiento, creando un mundo de luces y sombras, con la lírica de un poeta que escribe obras de teatro.

La razón blindada no sería una obra testimonial sino una obra que, partiendo del testimonio, abreva en fuentes diversas. Arístides Vargas dijo al respecto: “Dudo que esta sea una obra testimonial porque no hay indicios de una prisión concreta, ni siquiera hay indicios de una prisión, sí de un encierro, de vigilancia y control; el testimonio es desencadenante de unas imágenes que lo trascienden: uno siente compasión no porque son presos de una tendencia política sino porque son seres humanos sometidos a un castigo brutal e injusto, esto me interesa, porque es el ejercicio ético que se desprende del terror que nos imponemos las personas, de las desgracias a las que nos sometemos y la grandeza que nos pueden dejar los momentos más degradantes de nuestra existencia.”[2]

Los (anti)héroes de Vargas sobrellevan humillaciones y derrotas, pero humillados y derrotados se empecinan en retener el espíritu lúdico, el afán de aventuras. Van de la llanura manchega a la Patagonia, cruzan montes y ríos para arribar al páramo andino… pasan el “túnel intangible” y con la frágil pero imbatible fuerza de aquellos -presos políticos, exiliados, rebeldes- que conservan la ternura, la risa, y la pasión por crear-jugar historias y por alcanzar la libertad profunda; esa utopía que parece perseguir Vargas en el teatro y en la vida.

 

Ficha técnica

Obra: La razón blindada

Autor: Arístides Vargas

Actores: Gerson Guerra, Arístides Vargas

Dirección: Arístides Vargas

Producción: Compañía Malayerba