ECUADOR TIERRA DE ASILO Y PRINCIPIOS. por Jorge G. León Trujillo

 

Otorgar el asilo es un derecho que tiene Ecuador, lo ha practicado reiteradamente. Que se vuelva una tierra de asilo sería un privilegio colectivo, hay tantos perseguidos políticos por tanto abuso de poder en el mundo. Dos condiciones se requiere para ello, actuar por principios, primero de hacer del Ecuador un país de libertad, lo cual implica la posibilidad de la plena disidencia no sólo sin perseguir al oponente ni manipular, sino sin que sus posiciones y acciones sean descalificadas; y, no discriminar a los asilados según la ideología del gobierno, sino afirmar el pluralismo político, para que personas de todas las tendencias puedan ser aceptadas como asiladas.

En el caso de Snowdon, el canciller hizo más que aceptar un estudio de asilo, se apresuro en cederlo con sus argumentos defendiéndolo y, al inverso, descalificando a Estados Unidos, por aspectos que podemos coincidir muchos, pero que no venían al caso. Fue pues, un modo de manifestar una opción política contra ese país en lugar de precisamente darle notoriedad al gesto de dar asilo, que requería de su parte una posición expectante. Ahora Ecuador quiere dar marcha atrás y  rectificar la actitud.

La reacción, no del gobierno de EEUU sino la opinión de una senadora conservadora de no otorgar el ATPDEA a Ecuador, le sirvió en bandeja de plata una oportunidad al gobierno ecuatoriano para reforzar aún más una imagen de radicalidad de izquierda en sus posiciones internacionales, cuando al nivel interno refuerza políticas económicas de centro y apertura externa. Parecerá como una bofetada a EEUU rechazar el ATPDEA, aún más ofrecerle 23 millones para que se capacite en derechos humanos, de seguro quedará marcado en América Latina como el gesto de afirmación. Desde luego que afirmar que EEUU no debe hacer estos chantajes era necesario que llegue, pero no fue una posición de su gobierno.

Ganar medallas a la izquierda no define una posición para cuando Ecuador esté en época de vacas flacas, probablemente no será entonces esa la posición ecuatoriana de este o de otro gobierno.

Estas posiciones y los argumentos ecuatorianos para darle el casi asilo a Snowdon, exigen coherencia del gobierno para que precisamente su invocación de principios tenga sentido. Como no recordar en la historia reciente, que abiertamente el gobierno ecuatoriano presentó los correos electrónicos personales de Diego Cornejo, para descalificarle en sus posiciones en Washington quien argumentaba que había amenazas a la prensa y a la libre expresión de posiciones contrapuestas a las del gobierno. A la inversa, condenó el uso de correos de funcionarios que la oposición presentó mostrando su connivencia o participación con la corrupción, como en el caso P. Delgado. Son dos ejemplos simples que deberían decirle a Ecuador, que puede dar asilo como es su derecho pero eso de dar lecciones a terceros no le calza ni le conviene.

Más allá de las circunstancias, lo que está en juego en Ecuador y el mundo es una redefinición del sentido y espacio de la privacidad. La creciente tecnología para el control de la privacidad llega a límites impensables, justificada por la inseguridad también creciente. Gobiernos y empresas nos vigilan en todo y para todo. Lo que hace Estados Unidos en vigilar el planeta no es nuevo, el “terrorismo” le dio buena justificación, pero la mayoría de estados lo hace en mayor o menor escala. Las contradicciones ecuatorianas son acaso precipitadas por la búsqueda de ganarse espacio internacional pero no son excepcionales.

Debatir sobre lo permitido y defender principios del ciudadano común es urgente, es ante todo una tarea ciudadana. Es además una pata coja de la izquierda latinoamericana que sigue siendo primero jacobina y segundo jacobina, demasiado pegada al juego del poder y a la idea de ganar relaciones de fuerza sin pensar en lo que quedará después de su paso, instituciones políticas y sociales que deberían mostrar que no todo es poder político.