UNA OPINIÓN SOBRE EL AFFAIRE DE ESPIONAJE QUE CAUSA LA MAYOR CRISIS DIPLOMÁTICA EN EL MUNDO Por Julian Assange * y Christophe Deloire **

 El Hoy <www.hoy.com.ec>
07 Julio 2013

El 12 de Octubre 2012 el premio Nobel de la Paz fue atribuido a la Unión Europea por “su contribución a la promoción de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”. Europa debe mostrarse a la altura y demostrar su voluntad de defender la libertad de información, cualesquiera que sean los temores a las presiones políticas de su “mejor aliado”, los Estados Unidos.

En tanto que Edward Snowden, el joven americano que reveló el dispositivo de vigilancia mundial Prism, pidió asilo a una veintena de países, los estados de la Unión Europea, en primer lugar Francia y Alemania, deben reservarle la mejor acogida, bajo el estatus que sea. Si los Estados Unidos siguen siendo uno de los países del mundo que llevan a lo más alto el ideal de la libertad de expresión, su actitud ante los “lanzadores de alertas” mancha claramente la primera enmienda de su Constitución.

Desde 2004, el Relator Especial de la Naciones Unidas para la Libertad de Expresión, su homólogo de la Organización de los Estados Americanos y el representante de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) para la libertad de los medios, llaman conjuntamente a los gobiernos a proteger a los lanzadores de alerta contra ” toda sanción jurídica, administrativa o profesional si ellos actuaron de ‘buena fe'”.

Los lanzadores de alertas fueron definidos como “individuos que comunican informaciones confidenciales o secretas a pesar de su obligación, oficial u otra, de preservar la confidencialidad o el secreto”. En 2010, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa afirmaba que “la definición de revelaciones protegidas debe incluir todas las advertencias de buena fe que estén en contra de diversos tipos de actos ilícitos”. La resolución 1729 pedía que las leyes protejan “los lanzadores de alerta de los sectores, tanto públicos como privados, incluidos los miembros de las fuerzas armadas y de los servicios de inteligencia”.

A excepción de los aficionados a la cacería de hombres, que lo acusan de ser un traidor a la nación y de los sofistas que enredan el debate en argucias jurídicas, ¿quién puede seriamente cuestionar a Edward Snowden su calidad de lanzador de alerta? El antiguo informático permitió a la prensa internacional -The Washington Post, The Guardian y Spiegel- revelar un sistema de vigilancia que concierne decenas de millones de ciudadanos, en particular europeos.

Amenazados por un dispositivo que atenta a la vez su soberanía y sus principios, los países de la Unión Europea deben a Edward Snowden sus revelaciones de un interés público evidente. Ese joven no debería ser abandonado en la zona internacional del aeropuerto de Moscú sin que eso represente para los países europeos un abandono de sus principios y de una parte de la razón de ser de la Unión Europea. Sería inconsecuente lanzar gritos de indignación diplomáticas y dejar caer al iniciador de las revelaciones.

Más allá de la necesaria protección a los lanzadores de alerta, la protección de la vida privada es de evidente interés público, sobre todo tratándose de la libertad de información. En un infore del 3 de junio Frank La Rue, Relator especial de las Naciones Unidas para la libertad de expresión estimaba que ” la protección de la vida privada es un colorario necesario de la libertad de expresión y de opinión”. La confidencialidad de los intercambios (de comunicación) es una condición necesaria al ejercicio de la libertad de expresión.

Cuando las fuentes de los periodistas están comprometidas (como lo han estado las de la agencia Associated Press), cuando los Estados Unidos abusan del Espionage Act (ese texto de 1917 fue empleado 9 veces contra los lanzadores de alerta en el curso de la historia; de las cuales 6 bajo la presidencia de Barack Obama), cuando WikiLeaks está amordazado por un bloqueo financiero, cuando los colaboradores y amigos de Julian Assange ya no pueden pasar una frontera americana sin sufrir requisas integrales, cuando el fundador y los colaboradosres de sitio son amenazados con procesos en el suelo americano, ya no es más solo la democracia americana que está en peligro. Es el ejemplo democrático de Thomas Jefferson y Benjamin Franklin que se encuentra vaciado de su sustancia.

¿A nombre de qué Estados Unidos se exoneran de respetar los principios que exigen ver aplicados en otros lados? En enero 2010, en un discurso histórico, la secretaria de estado americana, Hillary Clinton, hacía de la libertad de expresión en Internet una piedra angular de la diplomacia americana. Reafirmando su posición en febrero de 2011, la misma Hillary Clinton recordó entonces que “en la cuestión de la libertad de Internet, nos situamos del lado de la apertura”.

Bellas palabras, tan motivadoras para los resistentes en Teheran, Pekin, la Habana, Asmara, Moscú y en otras tantas capitales. Pero cómo callar su decepción cuando los rascacielos de la vigilancia americana parecen rivalizar con la Gran Muralla tecnológica de China o el Internet nacional del régimen de los Mulás? El mensaje de democracia y promoción de los derechos humanos de la Casa Blanca y del Departamento de Estado ha perdido mucho crédito. Signo de pánico general, el sitio Amazon registró en Estados Unidos un aumento de 6 000% de ventas del Best Seller de George Orwell 1984.

Big Brother nos mira desde las afueras de Washington. Las instituciones garantes de la democracia americana deben jugar su papel de contra-poder frente al Ejecutivo y sus abusos. El sistema de checks and balances, “equilibrio de poderes”, no es solo un lema para los lectores fervientes de Tocqueville y Montesquieu. Los miembros del Congreso deben canalizar las terribles derivas de la Patriot Act (Ley antiterrorista adoptada después del 11-septiembre) y reconocer la legitimidad de hombres y mujeres que tañen la campana de alarma.

El Whistleblower Protection Act, la ley de protección de lanzadores de alerta, debe ser enmendada y ampliada para asegurar una protección eficaz a aquellos que actúan en el interés legítimo del público, que nada tiene que ver con los intereses nacionales inmediatos interpretados por los servicios de inteligencia. (Traducción HOY)

* Julian Assange es el Fundador y redactor en jefe de WikiLeaks

** Christophe Deloire es Secretario General de Reporteros Sin Fronteras. Él autorizó a Diario HOY la publicación de esta columna.