INJERENCIA DE WASHINGTON EN EL MERCOSUR. por Luis Bilbao

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Aunque recién asumirá su cargo el 15 de agosto próximo, Horacio Cartes ya asumió una operación estratégica diseñada por Washington en función de una embestida imperialista contra América Latina. “Si asume Venezuela de nada servirá todo lo conversado”, declaró el futuro mandatario. Más explícito fue el ministro de Relaciones Exteriores: “Paraguay no retornará al Mercosur si Venezuela asume la presidencia pro témpore” dijo José Fernández.

A nombre de la Casa Blanca las autoridades de Paraguay están operando como instrumento destinado a trabar la reunión del Mercosur el próximo viernes 12 en Montevideo. El plan consiste en potenciar los conflictos internos que aquejan al bloque. Para ello el Departamento de Estado utiliza a Cartes como palanca y, como punto de apoyo, la excusa de la presidencia pro tempore y el retorno pleno de Paraguay, tras la suspensión provocada por el golpe de Estado que un año atrás derrocó a Fernando Lugo.

Venezuela asumirá en el encuentro de la capital uruguaya el comando del Mercosur para los próximos seis meses. Con escaso sentido de la realidad, como si nada hubiese ocurrido, Cartes pretende que la reunión se aplace hasta después de su asunción y que él mismo sea elegido en lugar de Nicolás Maduro como presidente temporario. No es exceso de autoestima. Es la forma que encontró Washington para clavar una cuña en el organismo regional y, de paso, quitar obstáculos para la incorporación plena de Paraguay a la Alianza del Pacífico, criatura del imperialismo como alternativa estratégica a Unasur y Celac.

Está claro, sin embargo, que el objetivo de los estrategas imperialistas consiste en golpear a la Revolución Bolivariana. Todo lo que ocurre hoy, aquí y en cualquier latitud, se explica en última instancia por la necesidad del capitalismo de neutralizar y eventualmente aplastar una alternativa frente a la crisis que lo acosa. Para el Departamento de Estado es claro que ésta reside en el Alba, con Venezuela y su propuesta socialista a la vanguardia.

Formatear el Mercosur

Es presumible que Washington una vez más dé con los dientes contra la pared. No se trata de minimizar las barreras objetivas y subjetivas que en el último período han paralizado al Mercosur. Pero no es el momento más adecuado para que Estados Unidos se apunte una victoria. Ante todo, porque la presión incontenible de la crisis interna le quita al imperialismo cualquier margen de acción mutuamente beneficiosa frente a la las burguesías subordinadas. Además, el escándalo del espionaje masivo denunciado por Edward Snowden golpea de lleno al gobierno brasileño. San Pablo y otras capitales fueron utilizadas como eje para obtener información secreta en toda América del Sur. La NSA estadounidense no buscaba terroristas allí. Buscaba información sobre convenios económicos y transacciones empresarias de Brasil con sus vecinos. No sólo el gobierno de Dilma Rousseff y el PT tienen ahora menos incentivo para ser concesivos: la propia gran burguesía industrial paulista tiene claro ahora el tipo de relación planteada por Estados Unidos.

La guerra por los mercados, así como dificulta las relaciones entre las burguesías de la región y por esa vía empantana al Mercosur, contrapone ante todo los intereses del capital imperialista con los de sus socios-enemigos del Sur. Hay un sector no desdeñable de empresarios latinoamericanos dispuestos a someterse una vez más a las exigencias del Norte y abandonar la idea de disputar el mercado regional con las transnacionales asentadas en Estados Unidos y Europa. La avidez ciega ojos que, por lo demás, nunca se caracterizaron por la agudeza de su mirada. En mayor o menor grado estos sectores tienen, en cada país, capacidad de influenciar a sus gobiernos.

Allí reside la trabazón del Mercosur. Y el margen de acción de la Casa Blanca con su Cartes en la manga. Washington sabe que la presidencia de Venezuela puede imprimirle al bloque una energía diferente, capaz de revitalizarlo y replantearlo como un enemigo imbatible para la Alianza del Pacífico. Esto es tanto más así por cuanto Bolivia y Ecuador participarán de la cumbre en Montevideo y, presumiblemente, se incorporarán a pleno en esta instancia que, así, cambiaría de naturaleza y carácter. “El Mercosur se formatea o se muere”, decía hace años, palabra más o menos, el comandante Hugo Chávez, cuando culminaba el camino de incorporación de Venezuela al bloque, después postergado por acción del Senado paraguayo, en función de instrucciones directas de Washington.

La perspectiva planteada por esa expresión tan elocuente tomada del lenguaje cibernético, “formatear el Mercosur”, es lo que teme Washington. Con la incorporación de Bolivia y Ecuador y la presidencia de Venezuela, Brasil y Argentina podrían imprimir un nuevo impulso por el camino que a comienzos de la década diera lugar a la creación de Unasur y la Celac.

Tal parece que el presidente Nicolás Maduro confía enteramente en esa perspectiva. En una actividad especialmente destinada a imbuir al pueblo venezolano de las posibilidades planteadas por el Mercosur, el martes 9 explicó que este bloque apunta a “trascender lo económico, lo comercial, y va constituyéndose en un bloque social, en un bloque político, el Mercosur social, el Mercosur político”. Se comprende la inquietud de Washington.

Los ojos de la región están puestos en los presidentes de Uruguay, de Brasil y Argentina. Sobre todo el accionar del titular saliente del bloque y anfitrión de la cumbre, José Mujica, puede facilitar la incorporación de Ecuador y Bolivia y dar un formidable impulso, de hecho un contraataque a la maniobra urdida por Washington con su Alianza del Pacífico. En tal hipótesis, es improbable que Paraguay lleve al extremo de romper con Mercosur. Se juega en estos días una batalla importante para el futuro suramericano.

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