SALUD PÚBLICA, CONSUMO DE DROGAS Y NOCION DE LIBERTAD. por Tomas Rodríguez león

Dos vertientes de consumo   produciendo  adicciones se advierten en el mundo: las drogas naturales manipuladas y las drogas químicas también manipuladas. Factor común es que  sostienen y se sostienen en una industria descomunal que mueve millones de dólares, instalan estímulos  a mercados en expansión y se forjan  presionando la voluntad de la demanda.
El consumo libre y responsable es una propuesta que  surge ante la incapacidad de enfrentar una realidad que se desborda. La reflexión crítica de las adicciones, debe partir de la inflexión  dicotómica entre represión y libertad, para formular  juicios objetivos a una  versión  racionalizada que repara más en los efectos que  en las causas de la problemática. En el proceso de producción de drogas  lo preocupante no es el mercado, en fin de cuentas forma parte de un modelo de acumulación, sino la ausencia del  estado controlador. La industria de las drogas  que cuenta con un mercado abierto y  continúo se  sostiene en las leyes liberales de oferta y demanda. El estado,  al margen o en beligerancia contra la producción y el consumo, pide su inclusión pero como no puede ser de otra manera, exige su legalización.
La explotación del trabajo en el contexto económico-capitalista es  factor a ser tomado en cuenta en el problema. La economía agraria ha sido afectada por “la matriz” productiva de los países productores donde la renta de la tierra se multiplica con la producción de hoja de coca,  amapola ¿o café? Los campesinos pobres encuentran  mayores beneficios, si  abandonan la producción tradicional alimentaria y la desplazan en la dirección de materia prima para las drogas narcóticas o medicinales.
Bien se dice que las drogas son un problema de salud pública, pero mal se ubican en este orden las propuestas que terminan siendo tema y materia de judicialización política. Las drogas,  vale decirlo, son una solución y un problema de salud pública, así por ejemplo las drogas farmacológicas son una repuesta al dolor, la infección, la carencia. También las drogas “naturales” como la marihuana, la heroína, la  cocaína son  asimiladas en la medicina, con un margen adicional, son las mas comunes de “automedicación” en un mundo complejo; el de la salud mental. Pero las drogas se trasforman en un problema por el abuso ya sea como automedicación, medicación inadecuada o sedación perenne. El abuso de consumo  no depende  estrictamente de la demanda, sino del marketing utilitario que ve ventajas competitivas y mercantilización lucrativa. Todo mercado en descontrol enriquece a unos  y deja consecuencias sociales, las drogas no son la excepción. El abuso de la medicación antibiótica ha engendrado un mapa de multi resistencia bacteriana  que preocupa al mundo infectado y las drogas estupefacientes  someten al martirio a millones de personas aprovechando su vulnerabilidad. La vulnerabilidad en la terrible levedad del ser  o para hablar en lenguaje de Foucault la apropiación del cuerpo como la apropiación de la libertad individual, como poder extracorpóreo que toma y ejerce  dominio panóptico para controlar el   cuerpo  sensible y la  mente angustiada. Si la voluntad es sometida la libertad  pierde esencia.
Consumir drogas lleva al enfermo en el mundo medico o moral, a delegar el control sobre el cuerpo y la mente, será victima del mercado y sus fetiches. Por lo tanto, si preciamos la libertad diremos: la elección de consumir, no es una libre manifestación de la voluntad, la libertad como elección, es ideología liberal que deriva en sufragio. La libertad como discernimiento es estrategia del pensamiento ácrata  que se propone la opción del discernimiento amparando siempre la protección a la autonomía. Si alguien elige drogarse, no esta eligiendo libremente porque ya está en la cadena de dependencia a los  condicionamientos existentes. Demostrado es, que en la narco dependencia y la farmacodependencia  se destruye la autonomía individual y social.
Las drogas encarcelan  y otras cárceles esperan ávidas de control: el panóptico, la escuela, las instituciones, la familia incluso. En todos estos casos la limitación a la libertad es obvia. Las drogas en estricto, tienen efecto dual: dan la sensación de alivio y libertad, pero  en su nivel de adicción (donde radica el triste y jugoso negocio) desencadenan represión; policial, clínica, cultural, moral. Prohibir o permitir pueden ser caras de la misma moneda, y más en la dimensión de la salud publica. La correcta definición como problema, nos debe llevar a propuestas integrales de prevención, promoción y atención que necesariamente deben incluso considerar la despenalización para trasparentar la realidad y enfrentar la prevalencia del consumo con una visión reduccionista y protectora de la vida, en especial de niños y jóvenes.
Para estricto análisis de salud publica y epidemiologia, debemos partir de una realidad terrible; existe un rezago inexplicable de promoción de la salud mental, una deuda lacerante en la atención sanitaria en patologías  con curvas epidémicas como: depresión, bipolaridad,  maltrato… que son factores de riesgo para el consumo. El ministerio de salud pública, no tiene en la principal región problema un solo hospital psiquiátrico, y el único existente es privado JBG. No existen centros de rehabilitación del estado, la iglesia evangélica tiene mayor número  de “clínicas de rehabilitación” que el MSP,  las áreas de atención primaria no cuentan en su mayoría con psicólogos y psiquiatras. Entonces, desde esta perspectiva sería hasta irresponsable asumir  niveles de despenalización, sino existe la repuesta socio sanitaria para asumir las consecuencias de la promoción, la prevención y la atención a las victimas de las adicciones. El estado situado en su línea editorial de política publica, cree que a base de propaganda sin límites puede desarrollar factores protectores para amparar una iniciativa que requiere mayores niveles técnicos en su estructuración.
Esta claro, el discurso moralista  no debe tener cabida  y debemos reconocer  que las leyes prohibicionistas estatales  no han  protegido la salud. Las leyes  han sido cómplices de topos  y criminales negocios que dan como resultado ciudadanos no-violentos en la cárcel, uso continuo y creciente de drogas y crecimiento del negocio  de armas. El fortalecimiento  de la Guerra Contra las Drogas,  fortaleció tráfico y consumo, México es ejemplo. Una política inteligente, como la del presidente Mujica en Uruguay, tiene futuro desde la perspectiva sanitaria porque trasparenta la realidad, controla el mercado, garantiza la calidad (los pobres reciben la peor basura, la cachaza neurodestructiva) y ataca los factores de riesgo desde una dimensión de fortalecer los factores de protección controlada.
Una conclusión clave, el uso de drogas  le cuesta a los norteamericanos $110 billones al año, el 97% de este dinero es el costo de las agencias que trabajan en hacer cumplir la ley, las cárceles, etc. El modelo norteamericano que se ha venido aplicando, oculta el problema, mantiene  a los adictos lejos del sistema de salud, aumenta el contagio de enfermedades, y destruye futuros. Es  el modelo de  mercado negro con ganancias y violencia que debe cesar. Para salvar vidas y reducir el sufrimiento relacionado con las drogas, la política hipócrita de  guerra contra las drogas debe ser sustituida por la acción ciudadana de apoyo mutuo para las victimas. El gobierno debe formular políticas de salud orientando estrategias  plurales  de valoración técnica humanística  que enfatice las preferencias y prioridades en protección integral  a la infancia.