EL CALVARIO DE BRADLEY MANNING Silvia Arana

El ex soldado y denunciante de conciencia pidió disculpas en la fase de sentencia del juicio militar en su contra, el 14 de agosto de 2013. Dijo que se sentía mal de que sus acciones hubieran afectado a personas y a EE.UU. Se preguntó cómo pudo haber  sido tan iluso para pensar que él, un joven analista, podría mejorar el mundo, en lugar de las personas en los puestos de autoridad apropiados para hacerlo. Aceptó que debe pagar un precio por sus actos, y expresó la esperanza de poder mejorar su situación personal, ir a la universidad y tener una relación constructiva con su familia. Finalmente, hizo un llamado a la jueza militar Lind para que le diera una oportunidad de reintegrarse a la sociedad.

Con un sistema legal que, en lugar de proteger a los que denuncian crímenes de guerra e ilegalidades, los persigue, los enjuicia y los condena de por vida, ¿qué opción puede quedarle a Manning?

Manning, un joven de poco más de 20 años, sobrevivió el encierro en una jaula en una base militar en Kuwait, 9 meses de aislamiento, sin ropa y trato inhumano en la base militar de Quantico, Virginia, y un total de tres años de cárcel antes del juicio. Enfrentó la tremenda presión de un tribunal militar con 141 testigos en su contra. Sus abogados no tuvieron acceso a miles de documentos presentados por la fiscalía. Decir que fue una lucha legal despareja es poco. Como dijo el abogado defensor David Coombs al inicio del juicio: “la jueza, al no permitir que la defensa muestre documentación probatoria de que las revelaciones de Manning no causaron daño, anulará la viabilidad de la defensa y la pondrá de rodillas”. Por las múltiples prohibiciones impuestas a los alegatos de la defensa, uno de los escasos recursos a esgrimir como atenuante serían los problemas personales del acusado. Tanto David Coombs como algunos testigos médicos se refirieron a características personales de Manning, como atenuantes de sus acciones -“confusión de identidad de género”, “idealismo post-adolescente”, homosexualidad. En esa misma línea debe interpretarse la declaración de Manning, como una de las escasas alternativas que le quedaban dadas las condiciones restrictivas y altamente politizada del juicio, que más se parece a un linchamiento judicial.

Esta táctica podría funcionar para reducir la devastadora suma de 90 años, que es la pena máxima que puede solicitar como querellante el gobierno de EE.UU.

La frase de Manning de esta última declaración sobre cómo pudo haber sido tan iluso de pensar que él, un joven analista, podría cambiar el mundo, evoca sus palabras al principio del juicio: “Pensaba que si el público en general, y especialmente en EE.UU., tuviera acceso a la información contenida en los documentos de las guerras de Irak y Afganistán, surgiría un debate sobre el rol de las fuerzas armadas y de la política extranjera de EE.UU. “

¿Cuál fue la respuesta de la sociedad a la que Manning  quería mejorar? No fue contundente. Si la sociedad no reacciona y permite que en su nombre se sigan cometiendo crímenes como los expuestos en el video “Asesinato Colateral” , entonces, quizás esa sociedad no esté preparada para los Mannings. Quizás esa sociedad prefiera vivir en una ficción; en la ilusión de que es una gran democracia, creyendo que sus brutales guerras de invasión benefician a la humanidad.

Manning, nominado al Premio Nobel de la Paz, votado por los lectores de The Guardian como Persona del Año, seguirá siendo un ejemplo de lucha por la verdad. Como el protagonista de la obra de teatro de Ibsen, es acusado, atacado, insultado, humillado como “enemigo del pueblo”. ¿Cuál fue su delito? Denunciar las ilegalidades cometidas por los que detentan el poder.