QUÉ SIGNIFICA SER PARTE LA CORTE CORREÍSTA EN EL REINO DE ALIANZA PAÍS: meditaciones sobre los actuales tiempos políticos a propósito de la re-elección indefinida. por Natalia Sierra

 

Hace poco un buen amigo comentó que leyendo historias de reyes y monarcas había encontrado cierto parecido de aquella época con la que vive actualmente el país. Me pareció una interesante comparación e indagando en ella pensé que el presente manejo político del gobierno ecuatoriano se parece mucho más al de un reino que al de un Estado; mucho más a una institución medieval que a una moderna. A partir de esto me asaltó la curiosidad de pensar lo que significaba ser parte de la corte del Rey y lo que significa ser parte del grupo cercano e incondicional al presidente, digamos de  la Corte correísta de Alianza País. Inquietud que surge a propósito de la intención de éste grupo de reformar la Constitución del 2008 para permitir la relección indefinida.

La relación política entre el presidente y la mayoría de los funcionarios (altos y medios) del gobierno de A.P. se parece más a la acostumbrada entre el Rey y los miembros de su Corte que la relación entre funcionarios estatales. Los integrantes del gabinete gubernamental, así como de la Asamblea Nacional, el CNE, la Corte Suprema de Justicia, La Fiscalía, la Corte Constitucional, el Quinto Poder, etc., no actúan en atención a la función constitucional que cumplen dentro de la estructura del Estado, sino en atención a la voluntad personal del presidente, así como los miembros de la Corte  real dependían de la voluntad del Rey. No de otra manera se entiende que asuman la palabra del primer mandatario como una orden suprema del soberano, que según parece no es el pueblo sino el presidente, ya que según muchos han dicho la voluntad de pueblo se ha encarnado en él. De hecho, el mismo presidente actúa más como Monarca que como primer funcionario del Estado. En definitiva, lo que parece se ha instaurado en el país es un Estado-reino con su Rey y su Corte, amurallados en la institución estatal, y separados del pueblo gracias a todas las leyes y reglamentos que neutralizan la participación política real de la sociedad.

Es importante saber que los miembros de la Corte real se caracterizan por: 1. La adulación fanática  a la persona del Rey; observemos como los funcionarios gubernamentales no pierden oportunidad para alabar la personalidad del presidente, incluso o más a aquellos rasgos de prepotencia y autoritarismo que termina convirtiéndoles en virtud. 2.  Deseo de mimetizarse con la figura del Rey; todos  los altos directivos estatales quieren parecerse a Rafael Correa, imitan su forma de hablar, de vestir, de pensar, de gritar, etc., inclusive las mujeres. 3. Son un grupo de adoradores del Rey, le siguen a todas partes dispuestos a cumplir sus deseos y a cumplir sus órdenes, de hecho parecen competir entre ellos para ganarse el premio del mejor servidor del presidente. 4. La lealtad al Rey no es real, en rigor no hay lealtad, sino un cálculo de intereses personales marcados por la envidia al poder del Rey, pero esto es tema de otra discusión.

Ahora bien, toda esta disposición fanática al Rey por parte de los miembros de la Corte no es gratuita ni desinteresada, espera y tiene su recompensa. Es un hecho innegable que pertenecer a la Corte conlleva una serie de privilegios que diferencian a sus miembros de la gran masa plebeya. En esta oportunidad me interesa discutir y poner al debate algunos puntos de los privilegios de pertenecer a la Corte correísta, a propósito del interés de los funcionarios estatales miembros de A.P. de modificar la Constitución para hacer posible la reelección indefinida a la presidencia de la República, lo que supone su propia permanencia en el Gobierno y en el Estado.

Los privilegios de la Corte

Voy a señalar algunos de los que creo son los privilegios más observables que supone ser  parte de la Corte correísta:

Ser Asambleísta, Juez, Consejero, Ministro, Viceministro, Gobernador, Subsecretario,  Director,  Asesor,  Embajador  o cualquier otro puesto de “poder” en el reino de A.P.

Ser director, presentador, editorialista o reportero en los medios de comunicación gubernamental, sabiendo que la Ley de comunicación difícilmente les alcanzará y por lo tanto tendrán absoluta libertad de expresión y opinión.

Ser miembro permanente de los grupos de consultores estatales  y contar con excelentes remuneraciones económicas, acumular capital social, simbólico y cultural.    

Reproducir espacios de poder (Asamblea, ministerios, embajadas, subsecretarias, etc.) donde reinar, tal como los Condes y los Duques de la monarquía reproducían el poder del Rey en sus pequeños territorios. Claro, está, que por las dimensiones del país esto adquiere connotaciones caricaturescas y obscenas, pero no por ello menos violentas.

Acceder a cargos diplomáticos en cualquier embajada ecuatoriana en el mundo.

Ser beneficiario seguro de becas estudiantiles, apoyos culturales y presupuesto de  investigación.

Exigir a la sociedad títulos de Ph.D. para ser profesores universitarios y ocupar altos funciones estatales sin tener títulos ni de licenciatura menos de Ph.D. ¿Será que los altos funcionarios gubernamentales no necesitan estos títulos académicos, porque tienen los títulos nobiliarios (servidor incondicional) dados por el presidente?

Ser parte de la nueva y bien pagada burocracia estatal

Ser contratista seguro y permanente del Estado

Ser parte de la planta académica de las nuevas universidades gubernamentales.

Tener carros de lujo, vías libres para transitar, grandes oficinas, guardaespaldas, secretarias, choferes, asistentes e incluso modernos pajes.

Acceder a viajes internacionales con todo pagado y, además,  con muy buenos viáticos.

Asegurar el futuro familiar.

Tener una magnífica capacidad adquisitiva para ser parte de la nueva fracción de la clase media, altamente consumista del país.

Ascender socialmente a nombre de la revolución y conquistar espacios de privilegio fortaleciendo la estructura de desigualdad e inequidad del país.

Poder enjuiciar a cualquier ciudadano por cualquier cosa  sabiendo que la justicia va a estar de su lado.

Poder insultar o injuriar a cualquier ciudadano sabiendo que no sufrirán ninguna consecuencia.

Librarse de juicios y cárcel si se estafa al Estado, solo como ejemplo hay que recordar el caso de Pedro Delgado.

Poder ser cínicos para no enfrentar  y aceptar la  sanción de pueblo por sus errores, injusticias, faltas, mentiras, deslealtades, traiciones, como cualquier otro ciudadano tiene que hacerlo.  

Planificar el destino de los ecuatorianos sin tomar en cuenta lo que el pueblo ciertamente quiere.

Elaborar  políticas públicas desde el escritorio  sin ningún criterio social

Imponer a la población los personales delirios pequeñoburgueses de ascenso y blanqueamiento social., etc.

Aceptando que esto es así. ¿cómo perder todo este privilegio, si por “mala suerte” el Rey deja de ser Rey y sube otro Rey que llevará su propia Corte? Porque al parecer los “revolucionarios correístas” no quería acabar con la sociedad de privilegios, sino ser ellos los privilegiados. Porque de seguro saben que una verdadera transformación social se expresa en la desaparición de la estructura de privilegios que fundamenta la dominación cultural y la explotación económica. Porque de seguro conocen que uno de los mayores errores del Socialismo Real fue acabar con las clases e instaurar un sistema de castas ligadas al partido que nada tenía que ver con el deseo comunista de una sociedad sin clases, sin castas, sin privilegiados. Ahora parece que la  Corte correísta quiere copiar y mejorar a la Corte febrescorderista-nebotista instalada en Guayaquil desde hace décadas.   

Ahora con la reelección indefinida quizás buscan consolidarse como una nueva fracción de clase privilegiada, quizá una casta privilegiada, aunque para ello tengan que renunciar a su  capacidad de pensar, actuar y hablar libre y críticamente, en definitiva renunciar a aquello que nos humaniza y dignifica.

Los que no pertenecemos a ninguna “Corte Real” y somos simplemente parte de la prole, del pueblo, de los comunes 

Somos realmente enemigos de toda autoridad, porque sabemos que el poder corrompe tanto a los que están investidos de él como a los que están obligados a sometérsele. Bajo su influencia nefasta, los unos se convierten en tiranos vanidosos y codiciosos, en explotadores de la sociedad en provecho de sus propias personas o de su clase, los otros en esclavos.  Bakunin