UNA ALERTA SOBRE LOS DERROCAMIENTOS DE EDIFICIOS EN EL CENTRO HISTÓRICO DE QUITO. Por Jorge Carvajal Aguirre*

Frente a informaciones relativas a un proceso de contratación pública encaminado a derrumbar algunos edificios del Centro Histórico de nuestra ciudad es urgente que la ciudadanía quiteña se ponga en alerta y tome debido conocimiento de las consecuencias de tales derrocamientos.

Cualquier intervención que se haga en el Centro Histórico de Quito, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO en mérito a su enorme valor urbano, arquitectónico y simbólico, tiene que provenir de un análisis serio y detenido de las distintas alternativas, a fin de preservar un conjunto de bienes que son un legado cultural.

Al parecer, algún mandatario de la ciudad o autoridad gubernamental ―seguramente con buenas intenciones― ha considerado que se deben eliminar algunas edificaciones de tinte moderno en el Centro Histórico, posiblemente por apreciaciones estéticas. Estas suelen ver aspectos parciales del ámbito formal, y dejan de lado cuestiones urbanísticas y simbólicas decisivas.

Más allá de las impresiones visuales, algunos de los inmuebles que se quieren derrocar forman parte del inventario patrimonial que Quito debe proteger, como ha señalado Alfonso Ortiz Crespo, uno de los mayores conocedores de nuestro patrimonio arquitectónico.

¿Es la única solución viable derrocar edificios para dejar en su lugar plazoletas? ¿No sería, acaso, igualmente cuestionable desde el punto de vista estético, desde la óptica de la armonía del Centro Histórico, tener una serie de “huecos” allí donde, desde la época colonial, ha habido edificaciones para diversos usos? ¿Por qué destruir espacios que son útiles?

Hay experiencias y alternativas para contextualizar aquellos edificios cuestionados del Centro Histórico sin recurrir a derrumbarlos y adecuar los espacios para distintos usos, incluidos los que tendrían las plazoletas que se pretende obtener en los vacíos que quedarían a causa de los derrocamientos.

Los costos económicos y sociales que traería el derrocamiento,  a más de los daños al acervo urbano, arquitectónico e histórico, son incuantificables.

Una intervención del grado que implica el derrocamiento de esas edificaciones, por sus consecuencias, amerita un serio debate de alternativas. Una conducta democrática exige poner esta cuestión para que sea examinada críticamente por los ciudadanos, tomando en cuenta el criterio de los expertos, pero sobre todo la obligación de preservar nuestro legado cultural, que es además Patrimonio de la Humanidad.

Como quiteño que ama a su ciudad, y a la vez como profesional que ha trabajo por muchos años en la rehabilitación de edificaciones en el Centro Histórico, he creído de mi deber hacer una propuesta concreta de una alternativa al derrocamiento. Para ello, he tomado como ejemplo el edificio situado en la esquina suroccidental de las calles Mejía y García Moreno (ex Jefatura Provincial de Salud de Pichincha).

Puse esta propuesta en conocimiento del señor Alcalde Metropolitano mediante comunicación de 25 de junio de 2013. Asimismo, envié copias de la propuesta al señor Presidente de la República, al señor Ministro de Desarrollo Urbano y Vivienda y al señor Presidente del Colegio de Arquitectos de Quito.

Hoy considero de mi responsabilidad cívica y ética dar a conocer a la ciudadanía esta alerta.

No digo que la mía sea ni la única ni la mejor alternativa, pero sí afirmo de manera enfática que es un grave error proceder al derrocamiento de esos edificios en lugar de posibilitar su reinserción contextualizada con el Centro Histórico.

Espero que todos estaremos de acuerdo en que mientras los edificios sigan en pie, aún hay tiempo para el debate propositivo, la reflexión y para reconsiderar una decisión notoriamente equivocada, irreversible y que sentaría un muy peligroso precedente para las ciudades patrimoniales de Ecuador y América.

* Arquitecto