¡BASTA¡ LA VICTORIA SIEMPRE…… por Tomas Rodríguez León

“La libertad es como la vida, sólo la merece quien sabe conquistarla todos los días”.
Goethe

Cuando un gobernante  toma el  poder  como costumbre, se  pierde el sentido de  la conocida  referencia  aristotélica  que relaciona política y animalidad (zoom polikom)  y todo pasa  al terreno de la zoología (pidiéndole disculpas a los animales en tiempos del Yasuní) ¡ El hombre es un animal político y hay políticos que son unos animales¡  razón tenia Nietzsche “…nada  hastía tanto como un perpetuo vencedor”. Los ricos también lloran, los políticos gimen;  su pobre humanidad  sufre la patogenia del  poder ya solo como instinto que interrumpe   las características genéricas  de una vida humana, el desgaste  es cruel, la neurosis del mandante autoritario: riesgo de  padecimiento para él y los dominados. En su  extrema versión  es desprendimiento de la humana terrenalidad para hacerse  asunción  divina.  Las monarquías, por eso,  se ven como representantes de Dios en la tierra y buscan  consuelo queriendo acompañar al altísimo  en su soledad. Cada sabor periódico del poder es una sublimación metafísica que invoca mandatos  a cumplir, destinos a completar, escalas  de grandeza a medir

Pero el poder,  es en el fondo, un tímido ogro asustado que sabe que morirá, porque el tiempo siempre será limitado y  la finitud le alcanza, lo aproxima,  lo sentencia hacia la nada. En sus dolencias necesita el alivio de la aprobación, convoca a los estados generales o  llama al consenso democrático para   afirmarse  desde el principio de  delegación. Todos los autoritarismos, incluidos los liberales funcionalizando la representación parlamentaria y asumiendo en el ejecutivo la delegación de la soberanía, forman déspotas que sacrifican la autonomía y la libertad. Entre tanto creara nuevos pretextos para seguir venciendo, Legitimado en los comicios hará abusos de sus usos, que por lícitos serán  tan drásticos   como aquellos de los abominables  regímenes de facto. Hay una confusión, se cree que el  detalle más característico del fascismo es su criminalidad (que  es su peor manifestación) pero el más significativo fundamento es  la imagen triunfal que se edita con las mayorías. Su símbolo es  el griterío de la chusma, consentida tan solo si aplaude, si se deja empujar y nunca empuja.

¿Cómo detener la prolongación tortuosa de un aburrido triunfador que hace alarde fatuo de su endomorfosis  anómala? Las   derrotas cotidianas pueden ensayar respuestas, sumar victorias ciudadanas y demostrar  que el poder  es  otra imagen zootica  con fisiología de ánade que camina y excreta en cada paso.

 …mi solidaridad con Jaime Guevara y su canto…