CHILE: EL REGRESO DE LOS VIEJOSNUEVOSCOMENSALES A LA CASA DE TOESCA. por Arturo Alejandro Muñoz

kaosenlared.net
19 Noviembre 2013
Segundas partes nunca fueron buenas, reza el dicho popular. ¿Podrá aplicarse ello también a la actividad política? Pasada la euforia del primer triunfo, resurge en muchos concertacionistas la duda respecto de si con los conocidos comensales llegarán también los mismos trucos y artimañas

CON EL TRIUNFO de la vieja Concertación (hoy, ‘Nueva Mayoría’) en las elecciones presidencial, parlamentaria y CORES, porfiadamente se instaló en mi mente la letra de aquel famoso tango de Gardel y Lepera, “Volver”, en especial el párrafo que reza: “porque el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar… y aunque el olvido –que todo destruye- haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón”.

Los viejos comensales concertacionistas regresarán en marzo próximo a los comedores y oficinas de La Moneda, ¿pero lo harán con historia y acciones ya conocidas, o traerán de verdad alguna novedad?  La pregunta que muchos chilenos se hacen –y que constituye una duda razonable- es saber si volverán a ser cocinados los mismos platos de antaño, o si estos viejos-nuevos comensales presentarán un menú renovado. Asunto improbable, ya que los chefs son los mismos de hace un lustro.

Llama la atención que la mayoría de los dirigentes de la coalición vencedora en estos comicios coincida en un hecho cierto: “el electorado votó por transformaciones profundas”, lo que en cierta medida se condice con la opinión de uno de los añosos “coroneles” de la UDI, tienda derechista por antonomasia, el senador Hernán Larraín, quien manifestó: “la culpa (de la derrota electoral de la Alianza) no la tiene la alta abstención, la tenemos nosotros que no hemos cambiado”.

Poca duda cabe que el oficialismo derechista -más allá de la lucha electoral por salir poco chamuscado en la segunda vuelta electoral- comenzará a tender sus redes a objeto de iniciar, sotto voce, negociaciones con  los diferentes equipos asesores de Bachelet, a objeto de estructurar un andamiaje cuyos bordes o fronteras no invadan territorios económicos que para la Alianza son, definitivamente, “espacios sagrados del ultra neoliberalismo”.

La preocupación de la derechista Alianza tiene asidero en las frías cifras arrojadas por el proceso eleccionario reciente, las que le fueron esquivas, pues, por ejemplo, la Nueva Mayoría logró 11 doblajes en la Cámara de Diputados, consiguiendo un total de 68 escaños. Y si a ellos se suman los 21 representantes que la ex Concertación tendrá en el Senado, el resultado arroja una realidad que incomoda, preocupa, e incluso asusta, al oficialismo, toda vez que lo anterior instala a Michelle Bachelet –de triunfar, claro, en el balotaje del 15 de diciembre- en un escenario propicio para que su gobierno cuente con las herramientas legislativas necesarias que le permitan llevar adelante las reformas prometidas durante la campaña, como es el caso de la reforma tributaria, para la cual requiere el voto favorable de 20 senadores y 61 diputados… cifras que hoy posee.  Ahora bien, en cuanto a una modificación o cercenamiento del sistema binominal, la Nueva mayoría necesitará aumentar su propia votación convenciendo a cuatro diputados y a dos senadores de bancadas adversarias, lo que tampoco significa una tarea imposible.

Respecto de estos mismos asuntos, el diario derechista “La Tercera”, publicó el martes 19 de noviembre: “En el caso de la gratuidad universal de la educación -otro de los compromisos de Bachelet-, el bloque (Nueva Mayoría) necesitaría sumar sólo un voto adicional en la Cámara y otro en el Senado. Y para ello existe el margen de sumar a los ex dirigentes estudiantiles Giorgio Jackson y Gabriel Boric, además de la independiente Alejandra Sepúlveda y Vlado Mirosevic (PL). Y en el Senado, buscar el voto de Carlos Bianchi”.

No es menor la derrota derechista, pues como bien dijo el investigador político Juan Pablo Moreno, en estas elecciones “se ‘quebró espinazo’ a fascistas UDI: perdieron 12 de los 40 diputados del  2009”.  Es entendible entonces la preocupación de la Alianza –y del gobierno- por extremar esfuerzos para encaminar conversaciones que les allanen caminos en esta nueva etapa de reactivación urgente y urgida de la vieja “política de los acuerdos” que en el pasado cercano tan espléndidos resultados les dio a la cofradía empresarial y a los especuladores financieros que, cual aves de mal vuelo, revolotean permanentemente sobre La Moneda.

No tendrá una tarea fácil ni cómoda doña Michelle a partir de marzo 2014, pues los febles argumentos usados en su anterior administración, para evitar sacar avante las reformas que la gente deseaba,  esta vez no le servirán, ya que el poder de veto de la UDI se ha debilitado a ojos vista, así como son amplias las mayorías ciudadanas que exigen -entre otros temas- una nueva Constitución Política, reemplazar el sistema de pensiones en manos privadas, dar término definitivo al sistema binominal, renacionalizar el cobre y establecer una educación laica, de calidad y gratuita.  

La ex Concertación es consciente de que no puede seguir sosteniendo esos temas sin transformarlos profundamente. Tiene claro también que esta vez sí cuenta con el número de parlamentarios requeridos para efectuar cambios, por lo cual le será imprescindible rechazar el papel de socio cauteloso, tibio y contenedor que la DC viene jugando desde finales de la  dictadura militar, pues podría convertirse en el elemento  que gatille –ahora con inusitada fuerza y masiva participación- históricas movilizaciones sociales.  

Sabedor del escenario que se estructurará a partir del previsible triunfo bacheletista en el balotaje de diciembre, Francisco Vidal, ex ministro en dos gobiernos de la Concertación y asesor de la abanderada presidencial de la Nueva Mayoría, se ha apresurado en declarar que ““el programa de mi candidata Bachelet, con esta cantidad de diputados y en la medida de que sean disciplinados, puede avanzar bastante pero no en todo. Puede avanzar en la reforma laboral, tributaria y gratuidad en la educación, pero con estos resultados no podemos hacer aún una nueva Constitución, por ejemplo””.

La herida  aún no se ha producido, pero el parche ya está instalado. Pareciera que los antiguos comensales de La Moneda volverán con el mismo menú de antaño, y el pueblo concertacionista, una vez más, respecto de cambios y transformaciones, deberá contentarse con “guardar  escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de su corazón”.