LIBROS Y MEMORIA: Hernando Calvo Ospina y Manuel Gonçalves dan significado a las palabras memoria y justicia. por Silvia Arana

La Feria del Libro de Quito

La Feria del libro de Quito, organizada por el Ministerio de Cultura de Ecuador, fue oportunamente alojada en el área “Internacional” del viejo aeropuerto. Los estantes con libros reemplazando los mostradores de las aerolíneas; y en la pista, tres carpas blancas enormes donde tuvieron lugar las conferencias, presentaciones de libros, lecturas de poesía. Este año, se percibió una estimulante confluencia de idiomas y culturas.  El área de Colombia, prolijamente diseñada albergaba no solo numerosos libros del “Invitado de honor”, sino que también incluyó un café agradable para hacer una pausa en el ajetreo de la feria. En el stand de Argentina -donde se podían hojear, desde las obras completas de Rodolfo Walsh hasta el cómic de Kevin Johansen y Liniers- una fan quiteña del Kevin y de Liniers que todos los días leía ávidamente el libro esperando que llegue el final y quizás consiguiera que se lo donaran (los libros no estaban a la venta) recibió una propuesta de casamiento de su pareja y dio el sí ante los aplausos y uno que otro lagrimón derramado al compás de un tango. Con anillo y libro en la mano, ella y él se despidieron del stand y se fueron a casa, o al registro civil, no sé. Cosas de libros y lectores. Lástima que justo a esa hora, varios de los poetas ecuatorianos y extranjeros no pudieron tomar nota de lo sucedido porque leían sus escritos, como Ely Zamora que exhalaba a ritmo de rap una obra de teatro/poema apropiadamente titulada “Aeropuerto”.

Noé Jitrik: “¿¡Es Cortázar!?”

Bajo una de las carpas blancas agitada por un fuerte viento nocturno habla Noé Jitrik, con gracia e irreverencia, de Cortázar y los 50 años de Rayuela. Nos perdemos con él por una calle de Buenos Aires, siguiendo los pasos de Cortázar y de una nena que caminan tomados de la mano. Nos ubica en tiempo y lugar: principios de los setenta, Buenos Aires. El hombre alto ha publicado recientemente la novela Rayuela, la pequeña niña es la hija de Jitrik, quien camina detrás de ellos. La gente mira con curiosidad al hombre alto, y pregunta: “¿¡Es Cortázar!?”. Jitrik es un pintor de imágenes, un hacedor de conexiones entre la ficción y la realidad. Describe a la Maga mencionando al pasar a aquellas muchachas libres (“con ojos de pájaro”) que “aparecieron” en Buenos Aires después de Rayuela. Viajamos de la mano de Jitrik, tratando de alcanzar el cielo de una rayuela trazada en la pista.

Hernando Calvo Ospina: “Escribí Calla y respira por los torturados y asesinados”

“Llevo días pensando cómo iba a empezar, sobretodo porque a mí me encanta reír, y voy a empezar como no pensaba que iba a empezar [dice con lágrimas en los ojos]. Me costó más de 20 años escribir mi libro Calla y respira, ahora editado por el Ministerio de Cultura de Ecuador. ¿Cómo escribir en primera persona cuando uno es de izquierda? Vine hace dos años a Quito para buscar información, busqué a personas, algunas me dijeron que no tocara el tema, otros me dijeron que no los nombrase. Pedí ver el penal donde me tuvieron detenido…

“Yo fui arrestado por un operativo de inteligencia colombo-ecuatoriano, a las doce del mediodía en el Correo de la Colón, centro de Quito, en septiembre de 1985. Como dijeron que yo ‘no había colaborado’ -porque yo en realidad no era ni de la estructura de Alfaro Vive Carajo (AVC) ni del M19. Yo soy de izquierda pero no pertenecía a las estructuras de esos grupos. Me llevaron vendado, me dejaron en un patio, oí un ruido, me di cuenta de que estaba en el SIC. Cuando caí en manos del SIC -entrenados para la tortura por la CIA y la MOSSAD-  comenzó lo peor; había un médico presente para evaluar hasta dónde podía resistir. Volví al SIC hace dos años, con orden del ministerio, y nos acompañó un policía joven. El policía dijo que al SIC lo cerraron como lugar de tortura, que ningún policía quiere ir allí porque los fantasmas -que aparecen de noche- les pegan a los policías, los tratan de matar, los tiran por el suelo. Son los fantasmas de los muertos y de los torturados, afirma el policía.

“Allí me torturó el General Vaca; Byron Paredes también me torturó. Pazmiño, el contacto entre la policía colombiana y la ecuatoriana, hombre de la CIA, destituido por el presidente Correa, también me torturó. Al fin alguien tuvo las agallas de decirle “te vas”, porque Pazmiño era un alto oficial de la CIA. Porque Febres Cordero [el presidente de Ecuador entonces] implementó el plan de Reagan para la región, y para hacerlo, usó el aparato policial y militar para reprimir.

“Me quemaron los órganos genitales. Quisiera verlos ahora cuando no estoy maniatado ni vendado. Yo no les tengo ni rabia ni odio. Soy un hombre político. Quiero que los castiguen. No solo porque asesinaron a militantes de AVC o del M19 sino sobretodo por los obreros, por los hombres, mujeres y niños inocentes que sufrieron lo peor. ¿Cómo es posible que les haya pasado lo que les pasó a la familia Restrepo que les mataron a un adolescente y a un niño? Primero, mataron en la tortura al joven, y luego al hermanito? Además, fueron asesinados porque eran colombianos.

“Hubo miles de personas torturadas y asesinadas que no tenían nada que ver ni con AVC ni con el M19. Por ellos escribí este libro, tenía una deuda con los torturados, violados, asesinados, tenía una deuda con la familia Restrepo. Y para deshogarme. Además tenía una deuda con este país. Aquí me dieron educación, y quiero mucho a Ecuador, un país maravilloso. El fiscal [Galo Chiriboga] me invita a dar un testimonio; lo voy a dar por los torturados y asesinados. Porque tengo nombres, porque a pesar de las vendas, los vi cuando por el sudor y las lágrimas se corrían las vendas, yo los vi. Por eso escribí este libro por esa deuda. En el libro faltan muchas cosas. Mierda, ¡pero cómo duele todavía!”

La herida logró que, al menos por un rato, se cayeran los rótulos de ecuatoriano, colombiano, argentino, chileno, extranjero para recuperar esa condición  humana básica en la que no existen fronteras ni pasaportes. Y desde ese sitio casi utópico, y tan necesario, para construir una sociedad mejor, se levanta la voz de Calvo Ospina, que es una voz coral pues le da palabra a los que no sobrevivieron.

Hernando Calvo Ospina no debería preocuparse por hablar en primera persona pues su voz cargada de rabia pero también de confianza en que se hará justicia proyecta la voz de los que no tienen voz.

Manuel Gonçalves: “No tengo odio… pero quiero que se haga justicia”

Manuel cuenta que fue el único sobreviviente de la “Masacre de la calle Juan B. Justo” (San Nicolás, 19 de noviembre de 1976). En el operativo de la Policía Bonaerense, la Federal y el Ejército, las fuerzas conjuntas lanzaron cientos de balazos contra la casa, tiraron granadas y bombas lacrimógenas matando a la madre de Manuel, Ana María Granada, al matrimonio Amestoy-Fettolini y a sus dos niños pequeños. Ana había puesto a Manuel dentro de un placard, protegido con colchas, y le salvó la vida -los otros dos niños, que estaban en el baño murieron asfixiados. No entiende cómo sobrevivió, el mueble estaba agujereado por los balazos, la casa destruida. De las ruinas, lo sacó un policía en brazos. Manuel, de cinco meses, fue llevado al hospital de San Nicolás, y entregado en adopción de manera irregular por el juez de menores. A partir de ese momento, perdió su identidad y fue Claudio Novoa. Empezó a recuperar su identidad cuando tenía 19 años, y golpeó la puerta de calle un señor de Antropólogos Forenses Argentinos. Le dijo que había indicios de que podría ser hijo de desaparecidos, y que podrían comprobarlo haciendo un test genético. Se hizo el test genético que demostró que sus padres eran Gastón Gonçalves y Ana María Granada, que tenía un hermano y que su abuela y familia lo buscaban desde siempre. A los tres días, fue a visitar a la abuela, una Abuela de Plazo de Mayo, “que era como uno se imagina que debe ser una abuela, bajita, gordita, de pelo blanco, sonriente”. El hermano, Gastón Gonçalves, bajista de Los Pericos, era más de lo que un chico podía imaginar en sus sueños -Los Pericos eran/son una de las bandas más populares de Argentina.

Claudio comenzó el complejo proceso de recuperación de su verdadera identidad como Manuel Gonçalves Granada. Sus ojos brillantes, su sonrisa amplia, su postura  serena, su apertura para compartir su vida como sobreviviente de una familia diezmada por las atrocidades cometidas por la dictadura argentina proyectan sobre la audiencia quiteña una emoción electrizante, nadie habla ni se mueve, todos seguimos su relato, tratando de interiorizar la dimensión humana casi inabarcable del ser que tenemos adelante. Ante una pregunta del público, dice “No tengo odio, pero no perdono, quiero que se haga justicia. Quiero que los asesinos vayan presos… Hoy, los asesinos de mi madre están en una cárcel común con cadena perpetua”.

Manuel es el primer hijo de desaparecidos que forma parte del comité directivo de Abuelas de Plaza de Mayo. Como nieto “recuperado” ayuda a difundir la importancia de recobrar la identidad, del valor de la memoria y de la justicia. Los asesinos de su padre y madre están en la cárcel cumpliendo largas condenas después de finalizados los juicios en los que Manuel fue querellante. Dice “antes vivía una mentira”, hoy sé quién soy, quienes fueron mi madre y mi padre, que me querían y no me habían abandonado”, y habla de la lucha por un país mejor en el que participaron sus padres, dos militantes sociales que hacían alfabetización de adultos. Manuel a veces se pregunta por qué sobrevivió. Al menos una parte de la respuesta, emerge nítida cada vez que relata su historia: Sobrevivió para dar testimonio, exigir justicia y mantener viva la memoria, sin la cual no somos nada, ni como personas ni como sociedad.

Como corolario, el grupo italiano Asamblea Teatro presentó la obra “Más de mil jueves”, La historia de las Madres de Plaza de Mayo. Gisella Bein con emotiva austeridad recreó las vivencias de una madre que busca a su hija, una madre que es todas las madres.