¿IDEOLOGÍA DE GÉNERO? Por Alexandra Ayala Marín

El Hoy <www.hoy.com.ec>
12Enero 2014

 
Cuando se habla desde el desconocimiento o se hacen interpretaciones arbitrarias de hechos o conceptos, sí que se cometen errores. Se cae también en el menosprecio y en los fundamentalismos que se critican. Sí, en el pretender que mi pensamiento es el verdadero, que soy yo quien tiene la verdad, hay sobre todo menosprecio de otros pensamientos, y se niega la existencia de otras visiones del mundo. Lo pensé otra vez al conocer la andanada verbal que el presidente que nos gobierna desde 2007, lanzó en su última sabatina de 2013, para sustentar su propia ideología.

”Ideología de género”, la llamó él, no teoría, y la calificó de “peligrosísima”. Claro, para la familia con-ven-cio-nal, como silabeó. Con sus afirmaciones, el presidente-que-todo-lo-sabe-que-opina-sobre-todo y convierte en ley su palabra, desconoce o menosprecia la existencia de estudios de género, aunque hace casi tres décadas se imparten en cátedras universitarias de prestigiosos centros académicos del mundo. Le quita, así, legitimidad analítica al llamado enfoque de género, que hoy se aplica en cualquier investigación social que se precie porque, para comenzar, el concepto género devino en categoría de análisis, que permite comprender las particularidades que en cada sociedad tienen las relaciones entre mujeres y hombres, generalmente marcadas por la desigualdad y la discriminación. Como economista, él ha de saber que diversos organismos internacionales, entre los cuales la Cepal, a la que no ha deslegitimado, promueven los “presupuestos sensibles al género”, o sea, cuentas nacionales que incluyan la atención a necesidades específicas de las mujeres, en salud, por ejemplo.

Más se podría decir sobre este tema que, desde los setentas, con el aporte fundamental de teóricas feministas, se ha desarrollado; más, para rechazar ese criterio de “ideología de género” que él utiliza, y que yo conocí leyendo algún artículo de opinión de monseñor Ruiz, en la época de la Asamblea Constituyente, criticando a las defensoras de la legalización del aborto; y lo leí recientemente de un obispo español. O sea, las jerarquías católicas transmiten su propia ideología, temerosa de los cambios propiciados por las mujeres que históricamente lucharon, aun en el plano teológico, porque negaban que tuviéramos alma. Y temerosas también de las diversidades sexuales y de género que hoy demandan derechos, visibilidad, respeto: no son pederastas vestidos de sotanas.

Por lo mismo, sugiero que la Flacso, que ofrece maestría en género, lo invite a una clase que le permita comprender que se nace hembra y macho, que social y simbólicamente nos hacemos mujeres u hombres, al darnos roles sociales basados en el sexo y atribuirnos características más sociales que naturales y que muchas veces producen conflicto de identidades. Es la vieja discusión entre naturaleza y cultura. “No se nace mujer, se hace”, precisó Simone de Beauvoir, en 1948, adelantándose al sistema sexo-género. ¿Peligro? Solo hay que reconocer que la humanidad es diversa, tanto como religiones y pensamientos existen. Para convivir, solo se necesita res-pe-to.