¿PRIMAVERA COLOMBIANA? por Carlos Eduardo Maldonado

Desdeabajo.info

04 Febrero 2014

Algunos de los más importantes medios de comunicación masivos en Colombia se unieron para elaborar el más reciente sondeo acerca de la intención de voto para Presidente. Y lo que ellos leen como que “los colombianos no saben por quién votar” puede y debe ser leído de otro modo.

Sí hay un puntero —con todo y los “empates técnicos”, con todo y los “márgenes de error” de las encuestas. Es el voto en blanco. Por encima del reeleccionismo a Santos, y las mediocridades, buenas–intenciones y opacidades de los demás candidatos.

Una cosa va quedando en claro: los colombianos van entendiendo que no es inevitable tener que votar por alguien aun cuando no sea la mejor opción. O que hay que votar a X para que en realidad pierda Y. Ya no es más inevitable aceptar males menores: pues todo mal es malo, sin importar su grado. Sobre todo cuando se trata de las posibilidades de vida. Que es de lo que se trata en las elecciones: no de institucionalidad.

Cuatro años de presidencia no han convencido ni a Tirios ni a Troyanos, y mucho menos al voto de opinión. Y las mangualas y los simbolismos de los demás candidatos tampoco merecen mucho para atraer a los votantes libres e independientes. Que son y van siendo mayoría.

Votar por candidatos que claramente se sabe que no van a ganar es perder el voto: Aída Abella, Marta Lucía Ramírez, Enrique Peñalosa, Clara López, Oscar Iván Zuluaga. Mejor quedarnos en casa. Y el candidato–presidente, cuya única mejor carta es una que no depende de él: la paz y la firma de los acuerdos en La Habana.

Sin olvidar que las encuestas se fabrican, se producen; que tienen la intención de generar opinión, de desviar corrientes, de construir imágenes y consensos. Literalmente: las encuestas se compran y se pagan.

Por primera vez en la historia del país, el voto en blanco toma la delantera. El voto en blanco que es el mayor temor de todos los políticos y partidos. Partidos y políticos que pretenden cautivar a la masa votante, desconociendo que la masa votante existe cada vez menos, en condiciones de mayor y mejor información, de redes sociales, de mayor educación, de autonomía y desafío.

El voto, se dice eufemísticamente, es la fiesta de la democracia. Pues bien, cabe entonces pensar que el voto en blanco les aguará la fiesta a candidatos mediocres, malos y pésimos, y que, por el contrario, puede ser la fiesta del voto independiente. Así: voto crítico e independiente, y que quiere y puede castigar las mentiras del oficialismo, las babosadas de la oposición, el travestismo (vergonzante, por lo demás) de la pseudo–oposición.

Es perfectamente posible que el voto en blanco pueda resultar ganador en las elecciones presidenciales. Invito, de la manera más abierta, a votar en blanco y a enviarles un mensaje directo a las maquinarias políticas: cacicazgos, máquinas de corrupción, mentiras almacenadas y oxigenadas, engaños y promesas sistemáticamente incumplidas.

De ganar el voto en blanco puede ser la Primavera Colombiana. Una verdadera fiesta nacional, por primera vez en la historia de Colombia. Sin mencionar la alianza tácita que fácilmente se puede establecer entre el voto en blanco y el abstencionismo. Mientras que el abstencionismo en el país nunca ha descendido a menos del 45%, es evidente que la apatía y la pereza que producen las próximas elecciones del 25 de mayo. Hoy la intención de voto en blanco es del 27% según la encuesta mencionada. Podemos ir por el 30% en la encuesta que se fabricará a mediados de febrero aproximadamente. Por lo pronto, para ir creciendo de manera paulatina y sostenida. El abstencionismo se asimila a desdén y pereza; el voto blanco es indignación activa, por decir lo menos.

¿La Primavera Colombiana? Bueno, para ser honestos, esto es pedir demasiado. Sobre todo si se lo compara con las diversas manifestaciones de la Primavera Árabe. Pero sí puede ser, manifiestamente, la fiesta de la independencia con respecto a un régimen y un sistema políticos que han sido, ellos, los generadores de la violencia de este país. O por lo menos, parte de los legitimadores de la violencia de la que estamos todos cansados.

La eventual firma de la paz en La Habana puede acompañarse, en tiempos claramente distintos, pero en una misma sintonía de onda, con un mensaje claro: no más violencia, que llegue por fin, la paz. O el comienzo de una auténtica y diferente democracia. Y para ello, el voto en blanco es un jugador principal. Y puede convertirse en el jugador ganador o en el premio mayor.

El voto en blanco será la verdadera fiesta hacia una nueva o mejor democracia.