HAY OPCIONES, SIEMPRE HAY OPCIONES: solo que algunas son peores que otras Por Gerard Coffey.

Mauricio Rodas y la primavera del oligarca.  

Puede haber mucho para quejarse en Quito, mucho que hacer y mucho por lo que la administración de Augusto Barrera tiene que responder.

Claro está, no todas las quejas son acertadas. El nuevo aeropuerto no es obra ni legado de Barrera sino de Paco Moncayo, y los problemas que ha ocasionado para una clase media cuyo principal tema de conversación durante muchos años era la falta de un aeropuerto digno, se deben solo en parte a la actual  administración de la ciudad. El tráfico sofocante dentro de la urbe tampoco es obra del candidato a reelección sino directamente relacionado con la mejorada situación económica de la población, y en menor grado al fracasada y perversa política de pico y placa. Por otro lado la delincuencia y la falta de seguridad tiene raíces que evidentemente extienden mucho más allá en el tiempo que el mandato de Augusto Barrera, y pueden incluso corresponder a una economía burbujeante que no es de todos y provoca un agudizado sentimiento de exclusión en sectores marginados, en particular dentro de la gente joven.

No todo es culpa del alcalde de Alianza País, pero quejas hay, y en abundancia: imponer cierto nivel de orden en la ciudad es bueno, pero los tramites demoran y cansan; cobrar $170 por estar mal parqueado fue un claro abuso; el patente es alto (¿no dijeron a puro estilo de vendedor callejero que eran solo diez dolaritos no más?)  y más que regresivo en una ciudad en donde a los sub empleados les toca facturar y por tanto pagar sin importar cuánto ganan; gastar dinero en un metro mientras la gente es tratada de sardinas en el trole o el mal llamado ‘eco-vía’ es pensar al revés; a pesar de la ‘caja común’ los buses siguen correteando, manejados por choferes que – sin afiliación al seguro y seguridad laboral alguna –  pretenden emular a Sebastían Vettel poniendo en peligro la vida de los pasajeros mientras prestan escasa atención al humo negro emitido por sus vehículos que afecta la salud de absolutamente todos los habitantes de la ciudad; el soterramiento de cables en la Mariscal (que aún no sucede) ya lleva dos años, o quizás más, provocando caos y nubes de polvo; la administración no parece entender que seguir genuflexionando frente al auto no resolverá el problema del transporte, que el futuro no puede basarse en el vehículo particular,  o que según la  constitución el municipio no tiene atribuciones impositivas y que una ordenanza no puede modificar una ley orgánica.

Al final el patente y el cobro de multas son nada más que impuestos no diseñados para modificar el comportamiento del ciudadano, (mal estacionarse sí es un abuso) sino para recaudar el dinero que la administración necesita para…? Y aquí nos encontramos con el problema de la transparencia.

Los problemas y su resolución – incluso si vale más un renovado estadio olímpico o mejoras en el sistema de tránsito existente – importan mucho para la gente de la ciudad, gente que a lo mejor no quiere revolución sino vivir con mayor tranquilidad, gente a la que no le importa el Buen Vivir, porque no sabe qué es, sino el vivir bien. Y en una elección normal las preocupaciones comunes y corrientes serían el carne y hueso del debate y definirían la votación. A lo mejor ganaría Barrera. Pero esta no es una elección ‘normal’.

¿Un eje Guayaquil-Quito?

Esta vez la batalla es evidentemente ideológica, entre extrema derecha y extremo centro, y el problema para Augusto Barrera es que formar parte del ‘proyecto’ de Rafael Correa ahora resulta ser una desventaja. El as que el Alcalde Barrera tenía sobre la mesa ha sido devaluado después de unos recientes tiros por la culata propiciados por el presidente, y antes que ayudar su participación está perjudicando. En el mejor de los casos es neutral.

Barrera es un alcalde relativamente anónimo, que debe su puesto a la maquinaria de Alianza País y que no puede mostrarse independiente, porque no lo es. Resulta evidente que la estrategia de escoger a una persona que iba a ocupar el segundo plano relativo al Presidente de la República y ser funcional a la gran estrategia, sencillamente no funcionó. Como me dijeron hace un par de años, el deseo o la necesidad de tener un alcalde carismático e independiente solo demostraba la banalidad de la política. Pero la política sí es una mezcla de lo banal y, a veces, lo idealista. Vale preguntar si había logrado más Galo Chiriboga.  

Ahora es el Presidente de la República tanto como Augusto Barrera que está en la mira de los quiteños. La elección del alcalde no representa precisamente un referéndum sobre el proyecto de Alianza País, pero para muchos sí ofrece una oportunidad de darle una bofetada, un jalón de orejas, a una persona, Rafael Correa, que además de contar con un estilo autoritario últimamente cometió un par de errores. Fue un tiro por la culata convertir en mártir a Boníl (cuya obra no era muy notable y cuya ‘rectificación’ probablemente representa la mejor caricatura de su vida) y  meterse a pelear con los médicos, porque a pesar de tener mucha de la razón, Correa terminó ofendiendo las sensibilidades de muchas familias bien, porque todo el mundo sabe que los médicos, sean lo que fueran sus asociaciones, son gente bien. ¿Salvan vidas no? Y ¿qué familia de clase media no incluye uno o dos médicos? 

Por otro lado corre la idea de que en la política el equilibrio es bueno. Es cierto, a lo menos en teoría o en pequeñas dosis, porque el equilibrio no dura, y mientras no hay candidato duro de izquierda ni fuerza electoral izquierdista que vale, la única fuente de equilibrio es la derecha. Esta misma derecha que fue utilizada por Rafael Correa durante la campaña presidencial para polarizar el debate y eliminar cualquier amenaza que provenía de la izquierda. Puede que la izquierda no haya ofrecido una gran amenaza, pero esa es otra historia. La estrategia le sirvió al Presidente. Ahora llega la cuenta.  

Y una vez entrada la derecha en Quito, derecha de verdad, es fácil imaginar un eje Guayaquil –Quito, con la posible participación de otras ciudades, que se convierta en la base de una resurgente fuerza política a nivel nacional. Chao al Estado, alfombra roja para la empresa privada y la oligarquía. Bienvenidos sean los Isaías, Emilio Palacio, los dueños del Universo, y  por qué no  General Vaca, después de todo solo peleaba por el bien del país ¿o no?    

¿Es Rodas de Derecha?

Era del PSC dijo Rodas, tanto como miembro de una banda de rock (táctica digna de un asesor talentoso y cínico estilo Durán Barba ) así equiparando la banda de rock con el gobierno de Febres Cordero. Dice que es abogado, pero tal vez perdió su verdadera vocación: cómico.

Mientras estudiaba derecho en la Universidad Católica llegó a ser vicepresidente de las juventudes socialcristianas, algo que exige una participación de larga duración en el partido. Fue director de la ONG Ethos, financiado por varias fundaciones de derecha de EE.UU. y cuyos miembros del consejo asesor incluían muchas figuras de la derecha estadounidense con influencia en América latina,  incluyendo entre otros Moses Naím – familiar de los banqueros ecuatorianos Naím Isaías ex-propietarios de Filanbanco, y ex director ejecutivo del Banco Mundial que fue también ministro de Industria y Comercio en Venezuela en la época del “Caracazo”.  

El padre de Mauricio fue diputado del PSC, mientras su hermano Armando Rodas fue director del Banco Popular – cerrado durante la crisis bancaria de 1998 – y también Ministro de Finanzas del ex presidente Palacio, igual que Rafael Correa. Pero ser de derecha y tener parientes acomodados no es un crimen y los hechos y vínculos mencionados no comprueben que Mauricio Rodas sea mala o buena, pero sí sirven para dar pistas sobre sus pensamientos y tendencias políticas. Son  un claro aviso respecto a qué clase de políticas implementaría y qué grupos sociales y económicos favorecería.     

¿Y si Barrera gana?

La gran pregunta es ¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas?[i] La verdad es que, como sucedía con el famoso Príncipe de Dinamarca,  no tengo idea.  La situación es muy compleja. Hay opciones, por supuesto hay opciones, siempre hay opciones, solo que algunas son peores que otras y lo que sí se puede decir sin pelos en la lengua es que la gente que valora la presencia del estado en la vida del país, y que importa la equidad social y que no quiere ver el regreso del neoliberalismo y el dominio de la empresa privada y los banqueros, no debe votar por Mauricio Rodas, así de sencillo.   

Si Barrera logra ganar, el evidente riesgo es que todo siga igual: que los estrategas de Alianza País sepan que al final pueden hacer cualquier cosa y no importará, sus candidatos serán reelegidos; que las voces de los quiteños que claman por un alcalde más independiente, por políticas distintas, o por simplemente ser escuchadas, no sean escuchadas. Y este último punto tiene más peso de lo que se ha dado. Hablamos con frecuencia de lo importante que es que la gente ahora se sienta orgullosa de ser ecuatoriana. Y es cierto. Importa bastante. Y por la misma medida es trascendental sentir que una puede participar en la vida de su ciudad, que las políticas no sean dictadas por el gobierno nacional, es asunto de orgullo definirse como quiteña, como algo distinta, importante, y no ser sino una pieza más en una maquina distante. ¿Escucharía Augusto Barrera? Posiblemente. Escucharía Rafael Correa? Más difícil de imaginar. Tiempos interesantes.  


[i] Soliloquio de Hamlet, traducción de Pombo, Rafael