ENTREVISTA A ARTURO VILLAVICENCIO: ‘¿QUÉ PUEDE DAR YACHAY QUE NO ESTÉN DANDO LAS OTRAS U?’

El Hoy <www.hoy.com.ec>
08 Abril 2014

Por: Iván Flores Poveda, Editor de Información

El personaje: Ex integrante del panel de científicos del IPCC que recibió el Nobel en 2007. Hoy, 18:30, ofrece una charla en la sala Olmedo de la Universidad Andina sobre el proceso de evaluación universitaria. La próxima semana presenta el ensayo Innovación, matriz productiva y universidad. Por qué Yachay es una estrategia equivocada.

La entrevista

¿Es dable la coexistencia de un sistema de universidades públicas aún con muchas necesidades para desarrollar mayor investigación, con una universidad como Yachay que, según el postulado oficial, será de alta agregación tecnológica?

Evidentemente que no. La universidad ecuatoriana está pasando por una situación muy crítica. Hay toda una política gubernamental de vigilancia y control, en la que se quiere normar hasta el contenido de las mallas curriculares. Prácticamente se está anulando su autonomía. Este descontento está fermentándose…

Pero hay voces aisladas: la Andina, la Politécnica, la UDLA…

Son aisladas, pero en algún momento pueden tomar otras formas de expresión.

¿La transición cognitiva y productiva de la sociedad pasa por enfilar a toda la universidad bajo la égida del Plan Nacional de Desarrollo (PND)?

La universidad no puede estar supeditada al PND. La universidad trasciende aquello. Ahora nos hablan del buen vivir y a lo mejor en tres años tenemos otro Gobierno. Entonces, ¿dónde quedará esa idea? La universidad no puede estar viviendo de contingencias políticas y, a la par, esto no quiere decir que esté desconectada de lo que ocurre. Pero en el Gobierno no distinguen el equilibrio.

¿Esa falta de equilibrio explica la dificultad en la coexistencia entre Yachay y otras universidades?

Con Yachay, prácticamente se mata la incipiente investigación -mala o buena- del resto de universidades. Primero, porque faltarán recursos. Después, porque el Gobierno concibe la educación superior como una estructura piramidal. En el tope está Yachay, luego vienen 10 institutos de investigación y después vienen las universidades. Todo el control de la investigación va a estar centralizado en un ente burocrático como la Senescyt.

¿Ese sería un ejercicio de elitización no virtuosa?

Totalmente, porque la ciencia nunca se hace desde arriba. Esta es una visión del socialismo de inicios del siglo XX. Con esta estructura se produce, además, un fraccionamiento de la universidad en centros de primera, segunda, tercera…

¿No es el neoliberalismo el sistema que plantea una sociedad en función de un ranking?

De acuerdo: esa es la esencia. Yo veo este proyecto como la concreción de las ideas neoliberales sobre la educación superior. Y los rankings van en contra de los principios fundamentales de la educación superior: eso declaró la Unesco en 1999 y en 2009.

¿La idea de la economía social del conocimiento no es un ejercicio retórico que apunta más bien a la refuncionalización del capitalismo a través del conocimiento y sus aplicaciones?

Exactamente. Hay una retórica que quiere impactar: se habla de biosocialismo republicano o de Pachamama digital… Y lo que pasa es que, ya desde hace algunas décadas, el conocimiento es el dinamizador de las economías. Por eso se hablaba de los sistemas nacionales de innovación. Pero esto no se detiene solamente en las universidades: requiere reformas legales, políticas públicas, circuitos financieros… Silicon Valley no se desarrolló solamente a partir de la Universidad de Stanford. Se requiere un grupo de empresas muy innovativas, con encadenamientos productivos, con circuitos que puedan financiar esa transformación.

Más allá de lo estatal, porque con respecto a Yachay se han anunciado convenios muy puntuales: Microsoft, Caltech, etc…

¿Qué ventaja ofrece el país a Microsoft, por ejemplo, para que monte un centro de desarrollo tecnológico? Lo que más protegen las grandes empresas es la investigación que realizan en casa.

¿El anhelo de transferencia tecnológica no cuadra?

No, pues, no va por ese lado. Se ha puesto como ejemplo la presencia de Intel en Costa Rica…

En el nivel de la maquila…

Sí. Eso se llama maquila de segunda generación: mano de obra más calificada que puede filtrar cierta experiencia tecnológica. Pero para eso no necesitamos gastar miles de millones de dólares.

¿Cómo ver, entonces, a Yachay como una oportunidad?

El Presidente hace exactamente lo que dice: vender sueños.

Ese sueño, hasta 2017, representará $1 100 millones…

Es que, en este tema, el Gobierno está poniendo la carreta delante de los bueyes. Cree que aquí no se ha desarrollado industria de alta tecnología. Pero es lo contrario. La Politécnica y la Espol no han creado carreras de nanotecnología avanzada no porque no hayan podido, sino porque hasta entonces no ha habido un campo de demanda específica. Esto tiene que ir enlazado armónicamente.

En función de lo que dice, ¿no es, más bien, muy pertinente la creación de Yachay o de Ikiam (la Universidad amazónica)?

Es que no ha habido aún una industria específica. Nuestra industria aún es incipiente y tiene que desarrollarse a partir de cadenas de valor e integración horizontal de conocimiento. Otro de los errores del Gobierno es confundir innovación con invención y descubrimiento. La idea de Yachay es que nos permitirá descubrir los tesoros de nuestra biodiversidad.

¿No es urgente, por tanto, ese salto cualitativo que a sociedades rurales como las sudasiáticas permitió, hace 50 años, iniciar su cambio de matriz?

Esos países no empezaron con Yachay. Gradualmente fueron incorporando conocimiento y capacidad profesional. Además, las circunstancias históricas de cada país son únicas. No se puede hablar de un mismo modelo para Corea del Sur o Taiwán. Estos países despuntan en una coyuntura de gran demanda tecnológica. Hoy, esa demanda tecnológica está llegando a su saturación; entonces, Ecuador debe estar preparado para otra ola, pero no desde la investigación básica.

¿Encuentra sindéresis entre el discurso oficial de innovación y desarrollo tecnológico endógeno que arropa a la universidad con lo que el Gobierno aplica en sus construcciones o industrias?

Hay un doble discurso. Por un lado se invierten miles de millones de dólares en una universidad y por el otro se gastan otros miles de millones en compras tecnológicas. ¿Cuál es la participación nacional en estas adquisiciones para empezar a desarrollar una industria con valor agregado? Como todo quieren hacerlo como un milagro, los componentes nacionales no podrán cubrir de inmediato esa transición.

¿La biotecnología ligada al agro sería una ventaja del país?

Exactamente. Las cadenas de valor se han segmentado muchísimo en el mundo global. Por eso, Ecuador tiene que buscar sus nichos.

Entonces, la pertinencia de las universidades Yachay o Ikiam está justificada…

Pero primero establezcamos laboratorios. En Yachay o en Ikiam estamos invirtiendo decenas de millones de dólares en el preuniversitario. Pasarán cinco años para que los chicos sean ingenieros, dos más para que sean másteres, cuatro para que sean doctores… ¿Y entre tanto? Todo este espacio lo podrían haber llenado con nuestras universidades. No se puede partir desde cero y hacer a un lado a los profesionales que forman nuestras universidades. Dicen que lo que nos va a salvar es la biofarmacéutica, vamos a gastar muchos recursos y vamos a producir el elixir del buen vivir… La experiencia demuestra que, cuando los grandes laboratorios empiezan el desarrollo de un producto, mínimo pasan 10 años hasta que sale al mercado. Y ¿qué puede pasar en una década? Que el producto sea un fracaso… Eso ya ha pasado. Por eso digo que aquí estamos apostando a algo incierto. Hay que reconocer que, como nunca en el país, se ha invertido en educación superior, ciencia y tecnología, pero estamos perdiendo esa oportunidad, pues no creo que se haga lo más adecuado.

¿Qué le queda a la universidad?

Debe exigir al Gobierno una respuesta sobre qué puede aportar Yachay que no estén aportando las universidades. Es verdad que la universidad ha pasado por momentos críticos, pero hay centros que han hecho bien las cosas y pueden hacerlo aún mejor; solamente les faltan recursos. El Presidente dará conferencias en universidades de EEUU, pero es aquí, no en Boston ni en Massachusetts, donde tiene que dar una explicación sobre Yachay, a dónde quieren llegar, cuáles serán los presupuestos, cuáles serán las etapas, cómo se contratará a los docentes… La semana anterior, cuando se presentaban a los medios las instalaciones de Yachay, me daba la impresión de que se estaba presentando una hostería. Luego, mis preguntas fueron otras: ¿dónde están los laboratorios, las bibliotecas, los centros de estudio, las salas informáticas? ¿Qué están haciendo? Vendiendo un milagro, un discurso mesiánico. Esto es tecnopopulismo.