ES EL ESTADO PLURINACIONAL, ESTÚPIDO. por Napoleón Saltos Galarza

1 Mayo 2014

 

La Marcha de la OPIP en 1991 colocó sobre el tapete la realidad del Estado plurinacional, el sentido de la territorialidad como espacio de vida de las comunidades, y no como simple espacio de explotación de la naturaleza. La respuesta del Gobierno de turno fue que se trata de crear “un Estado dentro de otro Estado.” Desde la visión colonialista del Estado uninacional no hay espacio para la autodeterminación de los pueblos y las nacionalidades, no hay espacio para “la unidad en la diversidad”.

Parecería que la historia vuelve en ciclo: la decisión de la Comunidad Sarayacu de dar asilo a los perseguidos por el poder, a Cléver Jiménez, a Fernando Villavicencio, a Carlos Figueroa, vuelve a colocar sobre el tapete la realidad del Estado plurinacional. Y la respuesta del Gobierno de turno es la misma: pretenden actuar como “un Estado dentro de otro Estado.”

El poder autoritario busca actuar como biopoder: “el hombre moderno es un animal en cuya política está puesta en entredicho su vida de ser viviente. (…) Aparece entonces en la historia la simultánea posibilidad de proteger la vida y de autorizar su holocausto.” (Foucault) “El lugar privilegiado de la biopolítica moderna: la política de los grandes Estados totalitarios.” (Agamben)

Y no se trata únicamente de la vida de Cléver, Fernando y Carlos. En el territorio amazónico el Gobierno de turno se juega la vida de los pueblos en aislamiento voluntario. Nuevamente la “nuda vida del homo sacer” que no encuentra refugio sino en un sitio sagrado.

Ante la lógica de quien aspira al dominio totalitario del poder, que puede disponer de los jueces blacios para ordenar la condena, que puede tener los consejos electorales para bloquear las firmas, que pretende movilizar a las fuerzas militares para cercar y detener a “los prófugos”, se levanta desde abajo el grito del Pueblo Sarayacu. Abre las puertas de su espacio sagrado para acoger a Cléver, Fernando y Carlos.

No se trata de un sentido sagrado naturista, sino de un sentido sagrado basado en la cosmovisión originaria de la pertenencia del ser humano a la Madre Tierra, y construido en la lucha hasta obtener el reconocimiento jurídico internacional.

Para un modernizador violento, como Rafael Correa, es imposible comprender esta visión: la Amazonía es la naturaleza que hay que explotar, Sarayacu es un territorio rebelde que hay que reconquistar, los pueblos en aislamiento voluntario son apenas un costo menor, el 1 por mil, del sacrificio en el altar del desarrollo. Y desde la prepotencia pretende crear un nuevo 30S: dar la orden de atacar al pueblo Sarayacu y responsabilizar a la comunidad y a los perseguidos políticos de las consecuencias.

Sarayacu, el Yasuní, Intag, los perseguidos políticos trazan la frontera entre el autoritarismo y la vida.

Marx decía que en las Constituciones liberales los artículos tienen su cámara alta y su cámara baja, en el primer párrafo proclaman el principio abstracto y en el siguiente lo limitan y controlan. En el primer artículo de la Constitución de Montecristi se proclama el carácter plurinacional del Estado ecuatoriano y luego en la parte orgánica se niega este carácter, se niega el carácter vinculante de las consultas previas, se desconoce el sentido liberador de la territorialidad indígena ante el poder totalitario.

La paradoja del 1º de mayo: mientras decenas de miles de trabajadores, pueblos indígenas, movimientos sociales, jóvenes, hombres y mujeres marchan en las calles bajo el grito unificado “¡YA BASTA!”, el régimen de Alianza País ordena empezar a cerrar el cerco militar en contra del territorio sagrado de Sarayacu, proclama que los YAsunidos no cuentan con las firmas para garantizar la orden autoritaria de que no habrá consulta, condena y encarcela a Javier Ramírez de la Comunidad de Junín, presenta un proyecto de Código laboral que atenta contra los derechos básicos de los trabajadores. Y sin embargo se siente en el ambiente el hastío de la gente ante tanta prepotencia, se siente el poder renovador del Estado plurinacional.