IRPARA (NO) VOLVER Por Sebastián Endara

30 mayo 2014

Durante estos días pude observar la muestra de la 12 Bienal de Cuenca. Como ciudadano y como gestor cultural, me permito formular algunas reflexiones surgidas de esta visita. Quisiera partir de que la actual crisis civilizatoria en donde usualmente convergen diversas formas de crisis (económica, ambiental, energética y política), presenta también una profunda crisis de orden simbólico.

Así lo constaté, por lo menos después de apreciar la Bienal y su “Primer Premio”, que en cierta medida resume la significación de esta propuesta curatorial y artística denominada “Ir para Volver”. Y ya que el arte contemporáneo apela a la utilización de varios recursos conceptuales – tanto para producir sensaciones ¿profundas y complejas? en el espectador como para que éste realice un ejercicio hermenéutico de interpretación particular de la obra – estoy en la posibilidad de decir que el ver a una mujer cantando y vomitando, no me produjo sino una inmensa repulsión. Como si se tratase de un alimento putrefacto que fue ingerido sin saberlo, esta imagen escabrosa difícilmente me dice algo sobre el progreso estético y ético del ser humano. Todo lo contrario.

Probablemente el objetivo del arte – me dirán – no es mostrar solo cosas “bonitas”, sino causar sensación, así ésta sea desagradable. Pero es que no solo se trata de que sean imágenes “feas”, sino que además son poco inteligentes, poco creativas, algunas incluso de una factura dudosa, y muchas, desconectadas de la realidad. La sobre-atención que se da a los objetos en los cuales no solo se despliega el valor simbólico-cultural, sino el signo de la alienación plena del ser humano, se ve agravado por el extremo carácter individualista de las obras, las figuraciones subjetivas de un mundo levantado sobre códigos inaccesibles para las masas, cuya capacidad de abstracción no alcanza para sondear el oscurísimo mundo del artista que no trabaja necesariamente pensando en las personas. Ello concede a la muestra un sesgo elitista que, no obstante, -se dice- puede ser superado gracias a la educación de masas “incultas”, que no sirven sino para legitimar cuantitativamente –por el número de visitantes-, el éxito de un proyecto cultural a todas luces fallido o en plena decadencia.

El público no genera una evaluación cualitativa, – otro rasgo del desinterés por las personas -, una de cuyas preguntas fundamentales, a modo de sugerencia, podría ser: La propuesta artística de la 12 Bienal ha sido: a) Muy satisfactoria, b) Algo provechosa, c) Mediocre, d) Desfavorable, e) Perjudicial. La principal calificación de la Bienal de Cuenca y la posibilidad de su continuidad en los términos expuestos, la debería dar el público, pues lo que éste piensa y requiere, en las instituciones culturales y sin fines de lucro debe ser un dato “objetivo”, a menos que estas instituciones no estén interesadas en lo que el público opina.