HACEMOS PARTE DE UN CONTRATO, UN CONTRATO VIOLENTO. por Cristina Vega*

03 junio  2014

 

En Ecuador, como en otros muchos lugares del mundo, la violencia perpetrada por los hombres contra las mujeres es cada vez más un asunto público. Pareciera que el propio Estado de derecho ha habilitado instrumentos contra la impunidad y a favor de la construcción de una sociedad más justa. Que somos protegidas en un sentido jurídico, social, político. Que somos, en tanto mujeres, sujetos de derecho. Pero el Estado es, sin lugar a dudas, un mal padre. Un padre arbitrario, déspota, injusto. Un padre que, como dicen algunas, da como regalo lo que en algún momento arrebató. Entonces, ¿quién quiere un padre?, ¿un padre de apariencia garantista? Padre que al final del día resguarda a sus hijos violentos.

Una mujer joven sale de noche. Se junta con otros, bebe, disfruta. Olvida constricciones y amenazas. Entra con hombres a la habitación de una casa o de un hotel, da igual. Bebe, parece inquieta. Pasa algo, discute. No quiere ceder en algo que le piden. Discute más fuerte. Opone su cuerpo a la fuerza que la reduce. Grita un grito de silencio. Es golpeada. Muere.“Golpes contundentes a la altura del abdomen”, dice el informe de la autopsia.

Mayo es un mes hermoso, pero nos hemos quedado más solas. La impunidad es un arma, si cabe más peligrosa que la propia violencia privatizada. Es el arma del Estado, encarnada en la justicia, y es todopoderosa. Sobre sí cierra un círculo maldito e implacable.

Hacemos parte de un contrato que nunca llegamos a firmar. Yo, Vanessa Gutiérrez, Eulalia Rodríguez, Verónica Simbaña, Ana María Guaján, Marianita Aguirre, Teresa Ortega.

Yo no recuerdo haber firmado.

Pero sí firmó mihijita. Lo que pasa es que no se acuerda. Usted firmó hace ya tiempo un contrato. En él usted dijo querer formar parte de una relación en el mundo, la que le une, así sea informalmente, a un señor.

En esta relación usted es la mujer.

Y, ¿qué significa esto?

Pues significa que vamos a simular que es un individuo, aunque a la final sea una mujer. Los individuos entran en relaciones libres, verá. Una relación libre es aquella en la que cada cual cuenta con al menos una propiedad, siendo esa propiedad su propia persona. Así que su persona le pertenece a usted y le habilita para entrar en relaciones voluntarias con otros que son iguales a usted. Bueno, supuestos iguales.

Estos iguales no tienen sexo. Individuos, propietarios, libres.

Ocurre, no obstante, que hay algunas cláusulas que olvidamos explicarle. En realidad ni siquiera son cláusulas. Ya le explico. Primero de todo, y como le decía, usted es una mujer, y aunque es un individuo, ese individuo tiene unas características particulares. La ley no las contempla pero están ahí, por abajito.

Pongamos que se casa. Que se ama con su marido, que cede en hacerle la comida y cuidar de los hijos comunes, como ocurre en cualquier familia de bien. Usted le adora, luego consiente y disfruta en la cama, con su esposo digo. Él al menos debería proveer, intentarlo pues, que sus hijitos anden con todo lo necesario. Ustedes han dividido el trabajo y la cosa funciona aunque a veces él ande en el trago y usted sobrecargada. La cosa es que si su marido se enfada con usted, se enfada feo, digamos. Su marido le pega. Nosotros trataremos de que esto no ocurra porque la violencia contraviene la armonía del hogar y es una de las mayores lacras sociales y todo eso. Lo cierto es que sucede y es difícil para nosotros valorar estos problemas si su marido de usted tenía razón o estaba tenso.Ycómo podemos solucionarlo. En todo caso, pida ayuda, no se quede callada, porque trataremos con los medios de los que disponemos de apoyar en todo lo que se le ofrezca. Si la cosa no se compone, usted puede romper el contrato y separarse, pero piense bien lo que hace, revise sus sentimientos y actúe con el corazón. Piense también en sus hijitos, en su familia… Quizás él no sea un mal hombre y simplemente esté sobrepasándose en su relación.

Es verdad señora. En Ecuador, 6 de cada 10 mujeres sufren violencia a manos de hombres. El 87,3% de los victimarios eran personas cercanas para las víctimas: su pareja o expareja. Pasa todos los días y este año ya van 47 casos , fíjese. Casos desgraciados, sin duda.

Tenemos que educar a la sociedad para que esto no ocurra. Las mujeres las primeras, que son las que les gusta estar así, colgaditas de su hombre, así sea que las maltrate. Tiene usted razón, sólo el 2% de los casos de violencia llegan a juicio. También estamos trabajando en ello. Hemos elevado el femicidio al código penal, y esto es un paso fundamental. El Estado se ha hecho con los instrumentos. Tenemos desde 2008 el Decreto Ejecutivo número 620, que declara como política de Estado la erradicación de la violencia de género hacia la niñez, adolescencia y mujeres. Tenemos el Plan Nacional de Erradicación de la Violencia de Género. La nueva Constitución de la República del Ecuador de 2008 reconoce y garantiza (art. 66.3b) a las personas el derecho a una “vida libre de violencia en el ámbito público y privado”. Asimismo el Estado se compromete a adoptar “las medidas necesarias para prevenir, eliminar y sancionar toda forma de violencia, en especial la ejercida contra las mujeres, (…)”. Estamos haciendo una fuerte tarea de concientización gracias al esfuerzo de la representante de la representante del más alto comisionado. Y algo que es muy importante: estamos educando a los jueces. Muchos no entienden esto. La ley forma parte de la pedagogía social, y todos somos iguales ante la misma. Así debe ser.

¿La fraternidad masculina? Sí claro. La fraternidad es la base del contrato. Los hombres, entre ellos, no son padres. Son hermanos, iguales y libres. Su padre es el Estado que les devuelve esa imagen, esa identidad se gesta entre ellos. El Estado se encarga de recordarles que son libres. Los hombres ciudadanos se miran y reflejan en las aguas del Estado. Se imaginan en lo común, en lo que comparten. Una vida de trabajo, de universos sociales y políticos, de amigos, de entrar y salir y pasarla bien. De galantear y tener mujeres. Las mujeres, en cambio, no son hermanas. Una vida de sacrificio, de darse y ser parte de la vida de un hombre. Las mujeres son, como si dijéramos, “tenidas”. En confianza, si usted se casa eso le espera. Recuerde que usted ha sido libre, libre a la hora de someterse. Y no hay mayor sometimiento que el de quien se somete libremente.

Si usted no se casa o anda libre por la vida, entonces la cosa cambia. Puede salir y divertirse. No tiene obligaciones, y tampoco tiene que dar explicaciones a nadie. Es cierto que no le dan nada, pero tampoco le exigen. Usted tiene su cuerpo entero. No tiene ni que prestarlo en servicios a la familia, ni en sexo que no le apetezca. Y nadie puede levantarle la mano. Así que usted verá. Puede elegir sin atarse al conjunto de obligaciones de una madre y una esposa de nuestro tiempo o andar a su libre albedrío.

¿Individuo? ¿Libre? ¿Propietaria de su persona? Bueno, sí y no.

Ya usted sabe que a muchos hombres les gusta disfrutar del dominio como sexo o del sexo como dominio. Si usted es heterosexual, que imagino que sí, tiene que saber esto. Y esto ocurre tanto dentro como fuera del matrimonio. Puede ser que estando en pareja no la tenga bien amarradita. Ahí le puede dar por amarrar “a lo suave”, pero en un momento de desesperación, ¿qué le voy a decir? Si un hombre se ve retado es capaz de cualquier cosa. No están acostumbrados. Cuídese de acercarse a malas compañías, guárdese de una vida de excesos… Aunque es verdad que una no sabe… hay corderitos que más bien son lobos, pero también puede ocurrir a la inversa, ¿no le parece?

En todo caso, también ahí recuerde que usted es una mujer. Por desgracia no podemos olvidarlo.

Todo es contratable y usted mañana se sube a un coche y se va con un desconocido y… Nadie le va a impedir. La libertad es ilimitada. Sólo una misma pone el límite. La autonomía pertenece al individuo.

Veamos ahora el caso de su prima. Se fue con un hombre con el que tenía una relación afectiva, se pelearon y la mató. Hemos examinado las causas, las consecuencias, los informes, los argumentos. Hemos revisado los testimonios, los atenuantes, los peritajes, las pruebas.

Evidentemente hay constancia de la relación. Parece que les vieron, incluso parece que le vieron a él golpearla. Pero luego ya no se supo. Como usted dice, cabe suponer que él es el asesino. Pero esto hay que verlo en el juicio. De lo primero no podemos inferir lo segundo, aunque es más que posible… La presunción de inocencia hace parte del Estado de derecho. No olvide que hacemos parte de un contrato. Contratos entre sujetos libres, contrato con el Estado.

Además hay que intentar comprender. ¿Por qué habría de matarla? Parece un hombre de bien, de buena familia. Tienen recursos. Una vida ordenada y cuenta con buenos credenciales. No parece un salvaje de esos que van por ahí golpeando mujeres. Los femicidas son los que odian a las mujeres, y no parece tan claro que él acuse esa patología.

Es lógico que quiera vigilar el proceso judicial. También la propia judicatura vigila. Las máximas autoridades del Estado vigilan. Créame, ¡Todos vigilamos! Vigilamos para que se cumpla la ley y, como ya le dije, la ley es igual para todos, si me apura incluso más favorable para las mujeres. Da igual si tiene dinero o no, si tiene influencias o no, si es un hombre o no. Ahí no vamos a entrar, y me ofende que usted pueda ponerlo en duda después de todo el trabajo que estamos realizando.

Además, si usted sospecha que no se ha hecho justicia con su prima siempre puede recurrir. Es su derecho. Y ahora me va a disculpar. Hay otros muchos casos que me esperan.

* Integrante de la revista feminista Flor del Guanto, Ecuador