TINDELGADO Y EL PRINCIPIO DEMOCRÁTICO. por Samuele Mazzolini

El Telégrafo <www.telegrafo.com.ec>

05 Ago 2014

 
El video de la intervención de Agustín Delgado en la Asamblea Nacional en el cual aparece leyendo un texto verosímilmente escrito por otros se ha prestado a una avalancha de polémicas en las redes sociales. La burla sana parece justificada, mas no el burdo racismo con el cual el excampeón de fútbol ha sido tratado. Diferentes mensajes llevan consigo la mancha de asociar la evidente dificultad del asambleísta con su negritud: se trata de rezagos de un tiempo que el Ecuador está intentando dejar atrás, pero que tristemente perduran en las conciencias más retrógradas.El racismo no es el único tema que este asunto trae a colación. La defensa del exjugador que muchos oficialistas han desplegado mezcla argumentos diferentes que ameritan ser abordados separadamente. Algunos tienden a insinuar que, siendo el ‘Tin’ una exgloria del futbol nacional, es inmune ante cualquier crítica, una especie de ídolo intocable, haga lo que haga.
Aquí, sin embargo, estamos cayendo en un apasionamiento que nos ciega y nos impide emitir un juicio ponderado, ya que su actuación como asambleísta nada tiene que ver con su prestigiosa carrera futbolera. Es preciso mantener divididas las dos dimensiones, de otra manera nos estaríamos convirtiendo en unos banales apologetas.Más serio es el argumento que no oculta la pobre intervención de Delgado, pero la justifica en virtud de la necesidad de dar espacio a esos sectores rezagados, a los cuales ha sido negado el elemental derecho a una educación de calidad. Esta objeción interroga el principio democrático de representación: si excluimos a priori los sectores históricamente desventajados en virtud de su atraso cultural, si convertimos la política en una profesión elitista, ¿dónde queda la democracia?
La explicación parece sólida, sobre todo viniendo de un movimiento que ha hecho de la plena incorporación social de estos sectores uno de sus objetivos principales.La tesis, de todos modos, esconde algunos aspectos que es preciso evidenciar. ¿Será posible que de aquellos sectores rezagados no existan personas que puedan desempeñar el papel de asambleísta de manera más brillante? De la misma manera, si mandamos a la Asamblea personas que luego tienen que leer discursos escritos por otros, ¿estamos realmente cumpliendo con el principio democrático de representación? El temor que tengo es que si una persona no está en capacidad de ejercer hasta el fondo el papel de representante del pueblo, de defender sus tesis de manera plausible, esa pluralidad en la representación por la cual se aboga es solo de fachada.Después de todo, no es un misterio para nadie que la elección de presentar exfutbolistas en los últimos comicios ha sido -más que otra cosa- una discutible iniciativa de marketing para atraer más votos. Esta observación está también ligada al rol que la Asamblea Nacional está jugando en estos años. Despotenciada y relegada a caja de resonancia del Ejecutivo, la Función Legislativa parece carecer de un debate productivo donde las contribuciones de los legisladores puedan marcar la diferencia. El episodio del ‘Tin’ Delgado es solamente sintomático de esta tendencia.