¿QUÉ ES EL BUEN VIVIR? por Sebastián Endara*

03 marzo 2015

El Buen Vivir es un ejercicio de múltiples descentramientos. Significa proponer una visión crítica sobre los centros de la atención que articulan el sentido actual de la vida, para analizarlos a la luz de la satisfacción que, una vida levantada sobre los parámetros del desarrollo y el progreso infinito, nos causa. Es, si se quiere, un ejercicio de honestidad, de madurez y de capacidad: el ser humano evolucionado, que se permite la duda sobre las imágenes que crean la realidad – y sus promesas – bajo la confianza en sí mismo y la comprensión de su momento histórico.

Representa un ejercicio de renovación y superación de las deudas incumplidas por la ilustración, que basaba su confianza en la capacidad racional del ser humano para realizar la vida. Esta vez, en la certeza de que la vida es una cuestión fantástica que incluye a los seres humanos que – a pesar de su racionalidad – no han podido articular una forma satisfactoria de ordenamiento social. En este difícil panorama, surge sin embargo la idea de Buen Vivir que, como diría Proudhon, es un ideal que como la flor, hunde sus raíces en las condiciones materiales de la existencia.

¿Dónde surgió este ideal? En las condiciones materiales de existencia de los pueblos indígenas y campesinos. ¿Y qué tiene de especial? Pues sabido es que gracias a los inefables procesos de conquista, colonización y despojo, los pueblos indígenas y campesinos son, entre la población del mundo, los más explotados y maltratados, los que más carencias económicas sobrellevan, y los que mayores trabas para reproducir su vida enfrentan.

¿El ideal del Buen Vivir hunde sus raíces en la pobreza? Las condiciones materiales de la existencia no solo tienen partes tangibles. En gran medida, las condiciones materiales de la existencia son intangibles, y entre estas destacan las condiciones políticas; de tal manera que la forma de organización de la propiedad, la forma de organización del trabajo, la forma de organización del disfrute, la forma de organización del amor, la forma de organización de la libertad, todas ellas son formas intangibles que representan una articulación cultural fundamental, para definir si una vida es “buena” o “mala”.

De tal manera que algo importante debe haber en las formas de pensamiento que permiten la alegría y la esperanza, a pesar de condiciones históricas de explotación y de pobreza. Y no, no se trata de preferencias adaptativas de pueblos embrutecidos, acostumbrados a la explotación y la pobreza, sino, tal vez, de una forma distinta de valorar la vida, y de construir alternativamente, el poder, pero esta vez entendido como capacidad social que tenemos para vivir una vida verdaderamente satisfactoria.

* Licenciado en Ciencias Humanas, Magíster en Desarrollo Local. Miembro de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay. Docente e investigador de Universidad de Cuenca – PYDLOS.