¡VAN DOS! Por JORGE OVIEDO RUEDA

La Hora

Y pueden llegar a ser miles las cartas que José Hernández dirija a los responsables de que Correa haya llegado al poder; puede avergonzar a muchos intelectuales como Javier Ponce, llorar con ellos, quejarse o reclamarles, pero nada de lo que diga tendrá validez para el pueblo.

¿Por qué no suenan sinceras las críticas de Hernández? Porque no toma partido por el pueblo en un momento en que es imprescindible radicalizar la obra del correismo, porque lo que critica en Acosta es también su esencia, porque no comprende, al igual que todos los que llevaron a Correa al poder, que no es sólo una cuestión de estilo, sino de concepciones teóricas que trascienden los límites gastados de la democracia burguesa. Los demócratas como Hernández rehúyen la polémica sobre el Estado para quedarse en la hojarasca de los “estilos” y otras minucias de la política rupestre.

Correa tiene el mérito de que nos ha obligado a quitarnos la máscara. Así como a Hernández le obliga a reflexionar en quién está mejor capacitado para salvar esta democracia, a los revolucionarios les ha hecho comprender que pueden ser radicales sin tomar las armas.

Radicales para establecer qué Estado quieren, qué democracia, qué poder, qué economía. La suerte del Ecuador no se resolverá estableciendo quién defiende mejor este sistema, sino quién tiene el valor de cambiarlo. Por eso los políticos de derecha y de centro que piensan como Hernández, por mucho que se apropien de las tesis revolucionarias, ya nunca serán creídos por el pueblo, porque eso ya pasó con Correa.

Ahora la duda que surge es si el correismo tolerará tanta franqueza revolucionaria o, a su vez, si Hernández, siendo poder, lo haría, porque contra el pensamiento revolucionario, se unen todos los demócratas.