EL CAOS DE LA TEORIA. Por Tomás Rodríguez León.

14 abril 2015

 

Mi sabiduría es tan despreciada como el caos. ¿Qué es mi nada, frente al estupor que les espera a ustedes?

Arthur Rimbaud

 

El paradigma  dominante del poder es el orden, y el paradigma que domina en la  teoría  es la razón, pero el poder desordena y la razón ejerce fuerza (hay quienes estamos en contra  de las razones de la fuerza y de las fuerzas de la razón). Muy frecuentemente el orden y la racionalidad solo han significado maldades para justificar guerra, muerte o  experimentos crueles. El orden es un desorden morboso, algo necesario para la universal explicación del crimen. La razón, sustancia  divinizada en ciencia servil, no tiene resultados, no contribuye a que cesen las atrocidades contra la humanidad y su entorno ¡la barbarie se sigue modernizando¡

Los bloques autómatas de la razón (causa-efecto y pasado-futuro) soportan la banalidad del mal y siguen persiguiendo nuestro destino con la mecánica y la predictibilidad. Somos hijos del método o de los métodos alternativos; unos y otros nos pretenden gobernar y, no conformes con dirigir el entorno, se avalanchan contra nuestra intimidad, y no solo el pensamiento es martirizado. Métodos  con  pretensión de ciencia, malversando sueños y realidades se disparan fuera de nuestra experiencia sensible.

De otra forma, imperfectamente posible se recrean axiomas morales, sean como ejemplos de la razón o como predicas de la moral. Pero la moral impedida de deducir  razón, es más una subjetiva coerción de las costumbres  que quiere dirigir hasta  el destino de la piel. En tanto que la ciencia, confundida en el caos de los para que, se deja conducir por el positivismo ordinario y cae de rodillas ante las corporaciones, ejemplos sobran:  inventos al servicio del capital, medicinas descubiertas para traficar en la danza del poder.

Conocimiento político, científico, moral, plural necesidad de dominio que anula o paraliza lo singular ¡Que peste¡ pero no se queda atrás lo singular individualista carente de solidaridad que presume en su egoísmo. Los dos, son  predicados de una esencialidad que somete al sujeto y utiliza los verbos a discreción. Los moralistas siguen con su inquisición y también la ciencia tiene su edad media, porque enciende hogueras contra cualquier forma de disidencia ¿Por qué no intentamos una convocatoria al individualismo solidario y librepensador  contra la arrogancia de los poderes y de los saberes?

Ahora sentenciemos; las posturas morales de la libertad no reniegan de la fe ni del saber, pero con decoro sospechan y dudan de aquellos sacerdotes de los monasterios de la creencia  y la ciencia.