RUMORES Y FUSILES: Presentación del libro El legado intelectual y político de Fernando Velasco Abad. Por Santiago Ortiz*

30 abril 2015

Luego de recorrer el páramo de Chimborazo en un trabajo de investigación, me tocó la semana pasada regresar a Quito. Ahí escuche el rumor del supuesto feriado bancario, rumor lanzado por sectores de la derecha.

De pronto el impacto de la noticia me removió la memoria. Recordé el primero de Septiembre de 1975 cuando muy joven subí al Panecillo en la ciudad de Quito. Miré desde la altura a los soldados que cruzaban las calles del centro histórico, cumpliendo órdenes en el operativo militar comandado por el General González Alvear, conocido como “El golpe de la Funeraria”, contra el gobierno del Grl. Rodríguez Lara.

Un sector ultraderechista se tomó el palacio de Carondelet en un intento de derrocar al gobernante reformista. Aunque el golpe falló, fue efectivo en cuanto propició el viraje de las Fuerzas Armadas. Estas abandonaron su proyecto nacionalista para ir a un pacto con las elites dominantes, bajo la dictadura presidida por el Contralmirante Poveda Burbano.

La deuda externa se reinició, pues recién se había terminado de pagar el crédito que Ecuador asumió para financiar la lucha independentista; en este caso el gobierno se endeudó nuevamente para tratar de llenar el hueco que dejaba la falta de ingresos petroleros. Pero eso no sirvió de mucho porque el “buque” desarrollista hizo agua, los ingresos del petróleo fueron insuficientes para financiar la industria y los tibios programas sociales del Estado. La acción de ese general golpista, que se refugió en la embajada de Chile de Pinochet, propició el paso a la segunda fase del gobierno militar, cuando se organizó el retorno constitucional. Paradójicamente la democracia llegó con el neoliberalismo y se enterró la propuesta desarrollista.

En este contexto vivió Fernando Velasco Abad, un joven intelectual, político y activista comprometido con los movimientos sociales, quien escribió dos libros claves: Ecuador, Subdesarrollo y Dependencia y Reforma Agraria y Movimiento Campesino Indígena en la Sierra.

Con su aporte teórico él contribuyó a caracterizar la década del 70 en varios aspectos. Analizó el carácter de la dependencia y la constitución de las clases sociales del Ecuador de la época, examinó el conflicto agrario, propuso varias tesis sobre la situación política, la democracia y la participación de los sectores populares en el acontecer nacional. A continuación se intentará esbozar esos aportes y mostrar la vigencia de su pensamiento.

En su primer libro señaló que Ecuador era un país dependiente, condicionado por el imperialismo y las empresas transnacionales. Para él, Ecuador no era un país subdesarrollado que debía seguir un camino de crecimiento para llegar al ansiado desarrollo; era un país que ocupaba una posición subordinada en el mundo global, atado por relaciones económicas, financieras y políticas con los países del norte.

Si pensamos en la situación actual, es interesante destacar que luego de 40 años la globalización neoliberal limitó persistentemente la autonomía de nuestro país. Pese a los intentos de la Revolución Ciudadana por cambiar la matriz productiva invirtiendo en infraestructura eléctrica y vial, fortaleciendo las empresas estratégicas, estableciendo salvaguardias en algunos sectores de la producción, promoviendo la vivienda o ampliando el crédito con políticas keynesianas, seguimos atados a la suerte del petróleo y de sus precios en el mercado internacional. El llamado “deterioro de los términos del intercambio” junto con la explotación de los recursos naturales y el creciente endeudamiento externo siguen siendo rasgos característicos del modelo económico.

En el plano de sus estudios rurales Velasco Abad examinó los factores que impidieron la profundización de la reforma agraria. El advirtió la ausencia de una burguesía nacional que realice una reforma profunda de la propiedad en el campo y elimine la hacienda. Identificó un acuerdo en el bloque dominante entre burguesía, oligarquía agroexportadora y terratenientes para detener las reformas. Con ello se facilitó la continuidad de un camino capitalista que no le interesaba cambiar el agro.

El pensamiento de Velasco Abad sigue vigente, en la medida en que da cuenta del desenlace del conflicto agrario y la apertura de una nueva fase donde se afirma un camino conservador en el mundo rural. Esto ha traído como resultado -varias décadas después- la preeminencia de empresas agroindustriales y el desplazamiento de los campesinos a un lugar marginal en el campo.

En lo político, Velasco planteó la existencia de una elite tecnocrática reformista incapaz de detener el avance de las elites capitalistas. Se trataba de una élite civil y militar que manejaba los hilos de la planificación y del Estado, pero que no tenía ni la voluntad ni la base social y política para continuar las reformas. Es más, la democracia que se instaló en el país por un acuerdo entre militares y elites, configuró una democracia restringida bajo el mando de la “partidocracia”, mientras se limitaba con leyes y represión la lucha del movimiento clasista.

Varias décadas después resulta paradójico que uno de los actores claves del gobierno actual sea precisamente una tecnocracia de izquierdas, que se muestra muy débil para detener la ofensiva de las elites económicas, de las empresas que buscan explotar nuestros recursos naturales y del poder trasnacional que nos lleva a firmar el Tratado de Libre Comercio con Europa.

Otro de los aportes de Fernando Velasco -y del movimiento MRT que él ayudó a fundar- fue una línea política de masas que apuntó a conformar un bloque popular con la participación de los trabajadores urbanos, campesinos y capas medias, bloque que debía asumir un rol protagónico en el proceso político de cambio.

Una interrogante que podemos plantearnos hoy sobre el proceso de cambio que se ha vivido desde hace nueve años, surge precisamente del lugar de lo popular en la Revolución Ciudadana. Si bien Alianza País tiene un discurso nacionalista y revolucionario como el gobierno de Rodríguez Lara, y tiene a su favor la legitimidad democrática que le dan las elecciones, e incluso convoca a movilizaciones como la que acabamos de ver el pasado primero de Mayo, el protagonismo popular no ha sido el rasgo característico de la Revolución Ciudadana, aunque hubo momentos de gran participación en la fase primaveral de esta fase. El gobierno ha tratado de neutralizar la actitud contestataria de los grupos populares, niega los derechos de organización de los trabajadores y desconoce las tradiciones culturales y étnicas que han sido claves en el desgaste del régimen neoliberal. Es sintomático que un movimiento político que se configuró en el marco de los Forajidos, que logró una amplia participación en la Asamblea de Montecristi y que ha logrado atraer a importantes sectores populares con sus políticas vea con mucho recelo la organización popular, a menos que sea controlada por la burocracia gubernamental. Incluso no está claro que Alianza País se haya constituido en un movimiento político popular consistente que asegure, más allá del liderazgo de Correa, una continuidad del proceso.

Para finalizar podemos afirmar que la agudeza del pensamiento de Velasco logró ubicar los límites del cambio nacionalista y revolucionario de los años 70, cuando se echó por la borda las reformas de Rodríguez Lara. De ahí que si hace cuatro décadas fueron los fusiles de González Alvear los que propiciaron la restauración conservadora, actualmente son los rumores de un sector de derecha los que buscan el mismo objetivo.   Y probablemente esto anuncia nuevas iniciativas para impulsar un régimen de transición que nos “vuelva” a un nuevo ajuste a la economía, en manos de Lasso, Rodas o –porque no- del ala derechista del gobierno. Es paradójico que en este camino de “regreso” al neoliberalismo, las elites quieran manipular a los trabajadores e indígenas, buscando echar un manto de olvido sobre las traperías que realizaron durante la larga noche neoliberal.

Si bien la historia no se repite, seguramente la lectura de los autores dependentistas como Velasco Abad puede ayudar a entender mejor la crisis actual. Esa crisis marca también en mayor o menor grado a otros países de América Latina, en donde pese a los esfuerzos de los gobiernos de izquierda no se ha logrado un cambio de la correlación de fuerzas que asegure un camino autónomo y justo para nuestros pueblos. Obviamente hay matices y excepciones, pues Brasil no es lo mismo que Bolivia, ni Venezuela es lo mismo que Argentina, pero se hacen evidentes una serie de limitaciones en los proyectos progresistas.

Habrá que indagar si detrás de estos hechos no persisten los rasgos de un capitalismo cíclico -que como Marx advirtió- tienen periodos de auge, ampliación de la base productiva y bienestar, y periodos de ajuste, en donde desembarcan un puñado de millonarios y especuladores, que no tienen empacho en apoderarse de las empresas públicas, eliminar los beneficios sociales y someter a los pueblos a mayor pobreza y desempleo.

De ahí que es tan importante la historia y leer los textos de este joven autor que murió a los 29 años. El libro Memorias del Seminario internacional sobre el pensamiento de Velasco Abad, publicado por Flacso, es el primer volumen de otros que reeditarán sus obras. En este volumen que hoy presentamos se reúnen artículos de autores como Alejandro Moreano, Fander Falconi, Alberto Acosta, Manuel Chiriboga, Massimo Modonessi, Enrique Ayala, Francisco Hidalgo, Valeria Coronel, Matari Pierre, e Hernán Ibarra, junto con testimonios de protagonistas de la época, como Francisco Rhon, Silvia Vega, Padre Hernán Rodas, el dirigente sindical José Chávez o el intelectual indígena Luis Maldonado que analizan tanto los alcances como los límites de la izquierda, los movimientos sociales y del pensamiento de Velasco.

 

*   Palabras de Santiago Ortiz en el Aula Magna de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca 30 abril 2015