ENTRE EL PENSAMIENTO DIALECTICO Y LOS DIALECTOS DEL PODER (Mujica, Mandela y el confrontador). Por Tomas Rodríguez león

26 de mayo 2015

“Es el deber de los periodistas examinar la conducta de las figuras públicas y exponerla a la luz…. No quiero ser presentado de forma que se omitan los puntos negros de mi vida”. Nelson Mandela

“La verdadera lucha es aprender a convivir sin agredir a los demás”. Pepe Mujica

Un arma intelectual, un método de pensamiento racional, la dialéctica hace de la realidad un entorno cognoscible e interpretable, no más. La trasformación es obra de la acción y sus actores, los revolucionarios marxistas son pensadores dialecticos que consideran la clave dialéctica lucha de clases como fundamento para el análisis de la historia. La resistencia del mundo del trabajo contra la explotación y la lucha por el poder para los trabajadores es un proceso histórico de la dialéctica social, ocurre con nuestros miedos o nuestros aplausos.

Querer que las clases se odien, confronten, provoquen guerras, derramen sangre, es cosa de locos y los revolucionarios no son psicópatas aun siendo la revolución un hecho violento, y de ser posible los rebeldes evitaran siempre la confrontación. Los revolucionarios auténticos desearían que la lucha mortal no se dé, pues la confrontación no es método sino consecuencia, la confrontación no es dialéctica sino intolerancia digna de ser analizada como conducta psicopatológica.

El método dialéctico se niega a sí mismo como herramienta obligada, solo el determinismo esquemático comprime el método con los tiempos de la acción y los resultados. Los pueblos y los individuos, como objetos subordinados de un método cualquiera, siempre fueron carne de cañón de experimentos “dialecticos”. Y no puede ser un mero instrumento porque el desenvolvimiento de las contradicciones se expresa en la realidad concreta actuando independientemente de la voluntad de la conciencia. Es decir la dialéctica es un método de análisis y no una herramienta, menos del poder o de poder

La confrontación desde el poder es dominio

Nunca será dialéctica la confrontación del poder y la sociedad civil. Si la acción disciplinadora fuese dialéctica, Hitler Mussolini y Franco serían muy dialecticos. Al ser método de pensamiento racional y científico-crítico, se opone a la concepción burguesa en todas sus formas de expresión: económica, cultural, política, moral y policial. La actitud libertaria del marxismo y el anarquismo rechazan no una sino todas las formas de dominación. Al reclamar el poder lo hacen como democracia real frente a la democracia aparente, para diseminarla en todos los ámbitos: sociedad, comunidad, familia.

Creer que los revolucionarios son confrontadores de oficio ha sido el estereotipo clásico de la burguesía reaccionarías y las dictaduras, para quienes la acción rebelde es de naturaleza y de esencia violenta. La acción violenta es la naturaleza del poder, es reaccionaria.

Mandela y Mujica son los más altos exponentes de la acción revolucionaria y los mejores proponentes de un modelo democrático de gobernabilidad, lo uno es coherente con lo otro. Ellos fueron víctimas del poder confrontador del estado, y cuando fueron gobernantes hicieron como líderes todo lo contario a lo que sufrieron. La dialéctica de los revolucionarios jamás es que la tortilla se vuelva.

El dialecto, no el dialectico del poder

Los populistas buscan la popularidad en forma enzimática.[1] Marx dice No soy una persona amargada y Engels es como yo. No nos gusta nada la popularidad… durante la época de la Internacional, a causa de mi aversión por todo lo que significaba culto al individuo, nunca admití muestras de gratitud”. En búsqueda de la popularidad los populistas confunden todo, y una confusión especial es no advertir las diferencias entre contradicciones y confrontaciones. Confrontar es una característica del dialecto y la acción represiva contra el que opina diferente; la dialéctica es reconocer que existe contradicciones, con el otro es decir, como parte de la premisa de la existencia del otro.

El dialecto del populismo pretende anular al otro, confrontarlo, ausentarlo, negarle su existencia, pero la anulación nunca puede ser fundamento de la dialéctica verdadera. Si algo sabrá reconocer la humanidad a las forma de gobierno de Mujica y Mandela, es que siempre reconocieron las divergencias como la forma dialéctica esencial de la democracia: muy marxista configuración.

Pensamiento dialectico y ejercicio de poder

Mujica y Mandela se negaron a ser “operadores de dominación”, y al hacerlo revolucionaron la lógica del poder. Ciertamente sus efectos fueron revolucionarios como lo fue su acción contra el poder dominador, y entre los dos momentos hay coherencia porque su lucha fue contra el poder y no por hacerse del poder. No se apropiaron de la torta ni le dieron la vuelta, cambiaron totalmente la receta y eso es democracia.

Si un gobernante sostiene que rechaza la democracia liberal y dice que quiere adoptar la democracia republicana, parecería que quien le redactó el discurso se extravió en la historia y en la lógica: la democracia republicana nace del pensamiento liberal. Gramsci, Rosa Luxemburgo y el mismo Lenin en concordancia con el pensamiento marxista no quieren poner fin a la trilogía liberal: igualdad, fraternidad, libertad sino superarla, hacerla efectiva. Y en cuanto a la democracia también quieren superarla, ir más allá de la necesaria división de poderes y multiplicar las formas de autogobierno: La comuna de Paris, los soviets, los consejos.

El poder anormal es el que requiere de la personalización del poder, de la unicidad inalterable, inapelable, irremplazable. Es una mecánica polimorfa de autócratas en uso de la norma y las disciplinas para el ejercicio del poder. La construcción de voluntades individuales y colectivas es la construcción de efectos de ejercicios del poder directivo, que diseña lo bueno y lo deseable como pensamiento único. Los esquemas disciplinarios construyen las verdades y generan resistencias. La disidencia es un acto impuro en el espíritu monolítico del poder concentrado, y la acción dialéctica con su verdad se separa del poder para ser no dominio, sino acción contra-hegemónica o hegemonía alternativa y alterativa que se corresponde con las mayorías, sin maltratar a las minorías. Democracia

La confrontación imposible

Solo al fascismo se le ocurrió dar palo hacia abajo, respetar a los de arriba, disciplinar a la sociedad civil, dialogar civilizadamente con el poder económico y llamar a eso revolución. Si la confrontación no es método, el optar por confrontar con los pobres, los sindicatos, los ecologistas, los niños malcriados, los cantantes anarquistas, nos lleva a decir que la conducta del poder se hace confortable en lo confrontable.

En conclusión ácrata, el estado soportable es el que respeta incondicionalmente al ciudadano. Arribar a la sociedad sin clases sociales y sin estado será una eventualidad menos lejana si los gobiernos emplean menos la fuerza y dialogan más. El consenso, aunque no sea posible, es tan deseable como despreciable es someter a la sociedad al dilema confrontación o consenso, dándole atributos de calidad a la primera.

Hay que construir consensos posibles y disensos frontales. El amor a la naturaleza, los derechos humanos, el respeto a la infancia, el enfoque de género, el dialogo trasversal no son solo necesarios sino urgentes formas de la convivencia democrática en todos los espacios de la cotidianidad: sociedad, familia, escuela, fábrica.

 

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[1] La enzimas son estructuras proteicas que provocan reacciones químicas adherentes