ANALISIS DE LA SITUACIÓN EN ECUADOR. Por Jaime Muñoz Mantilla

16 de junio de 2015

El acumulado de medidas adoptadas por el gobierno de AP ha colmado el espíritu democrático del pueblo ecuatoriano, cuya protesta se viene manifestando con fuerza en los últimos días. Medidas en contra de los trabajadores, la política extractivista contraria al espíritu de la Constitución de 2008, la persecución a los dirigentes populares opuestos a la minería y a la entrega del subsuelo a transnacionales chinas y canadienses; la firma del TLC con la UE, lesiva a la economía popular; la intervención ilegal en los fondos previsionales de maestros y otros; la supresión del aporte estatal a la seguridad social para la jubilación; la promulgación del COIP, código penal destinado a la criminalización de la protesta social; la expedición del decreto ejecutivo 016, de absoluto control social y de corte fascista; la enajenación del país, vía venta anticipada de petróleo a China y el endeudamiento agresivo con ese Estado asiático; la corrupción desatada, encubierta y no investigada; la pretensión antidemocrática de reelegirse el Presidente indefinidamente; la mano del Ejecutivo metida en el Poder Judicial, ordenando el nombramiento de jueces, en violación de las normas legales y reglamentarias, y en las otras instancias del Estado: CNE, Consejo de Participación Ciudadana, Corte Constitucional. Todo ello y más,

En este contexto y a fin de exhibir una postura progresista, el gobierno nacional envía a la Asamblea Nacional dos proyectos de Ley de carácter tributario: sobre la herencia y sobre la plusvalía de los bienes inmuebles. Los dos calificados como medidas tendientes a la redistribución de la riqueza. Es cuando la derecha neoliberal, cuyos conspicuos representantes son banqueros conocidos, dirigentes empresariales y políticos derechistas de vieja data claman en contra de la supuesta afectación, con esas leyes, a la economía de la clase media. Es, para ellos, el momento de sembrar incertidumbre, desconfianza y miedo, al tiempo que clamar por la salida del presidente, con el pretexto socorrido por la vieja oligarquía de defender la propiedad privada, la familia, la tradición: consignas de corte ultra reaccionario, propias de Tradición, Familia y Propiedad, de corte fascista.

Una clase media un tanto cómoda, incapaz de un análisis profundo de las realidades, acoge la mentira de que esas leyes son confiscatorias. Las manifestaciones populares, en un inicio orientadas a rechazar el autoritarismo y la derechización del gobierno, sus acciones pro empresariales y pro capitalistas, incoherentes con el discurso izquierdista, derivan, de pronto, en proclamas reaccionarias en que se advierte sobre el “peligro de cubanización del país”, consignas originadas, evidentemente, en los diseños imperiales de los agentes criollos o extranjeros de la CIA.

Porque, al menor análisis, se advierte que la ley impositiva de la herencia no afecta a los sectores bajos ni medios de la población. Es, sin embargo, preciso esclarecer que de ningún modo ese rasguño – el impuesto a la herencia de propiedades grandes- pueda constituir “redistribución” de la riqueza. Lo hemos dicho: compárense los 50 millones a que ascendería la recaudación por este concepto, con la condonación multimillonaria de intereses por deudas al Estado, entre cuyos beneficiarios están el Banco Pichincha y el señor Slim –propietario de la telefónica Claro- y otros, Pero más que ello, las pingües ganancias de banqueros y grandes empresarios, incrementadas en los 8 años de RC, y proclamadas por el mismo Presidente. Para la izquierda radical es clara la contradicción entre la proclama retórica de socialismo del siglo XXI y las reiteradas declaraciones del líder –la última en el cambio de guardia presidencial del 15 de junio pasado- en que repite esa verdad: Éste no es un gobierno socialista, no quiere cambiar el modelo capitalista, quiere modernizarlo.

Así, ¿A dónde vamos? Difícil que pueda contar el gobierno con el respaldo de los indos, de la CONAIE, de las centrales sindicales contestatarias – que no sean la CUT, creada por el gobierno para dividir a los trabajadores – Dirigentes laborales e indígenas lo han expresado con la más meridiana claridad: no vamos a respaldar ni mucho menos a la derecha bancaria, oligarca y neoliberal; no vamos a respaldar la candidatura de Lasso, banquero de pasado claramente responsable de la crisis de 1999, ni al socialcristianismo del terror febrescordista. Careceríamos, como lo dijo un académico de la izquierda radical, de una opción electoral para 2017 (por lo cual bate palmas la prensa oficial). No podemos, tampoco, ir en pos del continuismo pseudo reformista del correismo, cuya virtual traición a los postulados primigenios de AP ha derivado en la crisis que vivimos.

“La derecha neoliberal –que goza de buena salud con las políticas económicas de este gobierno- quiere todo el poder para ella.”

La derecha neoliberal –que goza de buena salud con las políticas económicas de este gobierno- quiere todo el poder para ella. Es obediente de los dictados imperiales. Y por ello, como bien destacan columnistas de la prensa oficial, es evidente la presencia de la CIA en las andanzas de los protestantes. Sin embargo, los más claros en su percepción saben que no es éste, momento para golpes de Estado. El propio imperio lo sabe y pulsa, más bien, las fuerzas hacia la restauración del viejo Estado neoliberal desmantelador y obediente ciego a las disposiciones del Departamento de Estado de EE.UU.. Lo fue Lucio, lo fue LFC, lo fue Sixto Durán Ballén, lo fue Mahuad. Por eso, los pelucones que se hacen presentes en las manifestaciones populares, pretenden utilizarlas para fortalecer candidaturas hacia el 2017.

El Presidente ha retirado –“momentáneamente” lo ha dicho- los dos proyectos de ley tributarios, y ha invitado –tomémosle la palabra- a un debate nacional.

Nuestro planteamiento es (si va en serio la palabra del Presidente):

1. Modifique el proyecto de ley tributaria de la herencia: Cero imposición para las pequeñas propiedades. Hasta el 75% para toda herencia que sobrepase el millón de dólares.

2. Haga algo similar con el impuesto a la Renta. Por ese camino sí es posible ir en pos de la redistribución de la riqueza: porcentajes progresivos a las ganancias empresariales, hasta alcanzar montos alrededor del 90%. (Lo hizo el propio capitalismo imperial hacia los años 50, en aplicación del neo keynesianismo con que pudo remozar la economía golpeada por la II Guerra Mundial). Y eleve al 50% al menos, el reparto de utilidades de las empresas a favor de los trabajadores. Ellos son los verdaderos creadores de riqueza.

3. Destine, también, esa alta recaudación a estimular la empresa comunitaria – base de lo que podría ser la economía socialista a futuro- y a la pequeña empresa – familiar no-. Usted ha inflado desmedidamente la burocracia, a título de fortalecer el Estado, y ese desmedido crecimiento ha derivado en enormes gastos innecesarios en burocracia. Su fortalecimiento, Presidente Correa, solo es explicable si está al servicio de los intereses sociales. No al servicio de un capitalismo que, en el planeta, da muestras de decadencia inevitable, pero usted pretende remozarlo. Escuche la voz de sus propios partidarios: el socialismo no se construye fortaleciendo el capitalismo. (Lo dijo el padre Pedro Pierre, columnista del diario oficial El Telégrafo).

4. Vuelva al diálogo (mejor dicho, vaya al diálogo) con las organizaciones populares. Escuche el clamor de los pueblos originarios en defensa de la Naturaleza y de su propio hábitat. Voz que ha de ser analizada seriamente, desde la convicción que ella revela el verdadero sentir popular, y no escuchada para despreciarla. Cese en su empeño de dividir a las organizaciones populares.

5. Plantee a la Asamblea Legislativa la derogatoria de ese nefasto Código Orgánico Integral Penal que criminaliza la protesta social. Derogue el decreto 16, inspirado en Mussolini, con el que se controla toda organización social, tornando al Estado ecuatoriano en un Estado panóptico.

6. Revea el tratado de libre comercio con la UE, al que antes usted combatió, pero que luego lo firma por la presión de la oligarquía agroexportadora y que mereció el aplauso del banquero del opus dei, señor Guillermo Lasso.

7. Dé paso a una profunda Reforma Agraria, demandada por los indios y los campesinos pobres, y a un Código del Trabajo que defienda a los trabajadores en vez de hacerlo, como ahora, en beneficio de los grandes empresarios.

8. Deje de violar la Constitución al echar por la borda la naturaleza laica del Estado. Usted tiene pleno derecho a profesar una religión. No mezcle, sin embargo, sus propios criterios de fe con los intereses de los ciudadanos. Devuelva la autonomía a ese organismo entregado al opus dei, para la educación sexual y reproductiva de los/as jóvenes.

9. Combata la corrupción con medidas serias, ciertas, que expliquen el origen de sus súbitas fortunas, abra las cuentas de los asambleístas, miembros del gabinete y burócratas del Estado. (Hace varios años, el ex presidente Lucio Gutiérrez dijo en TV, muy suelto de huesos: Si el Presidente Correa me sigue acusando de ladrón, diré lo que sé. El gobierno calló. Usted calló. Exíjanle, ahora, que denuncie lo que supuestamente sabe). No puede haber, Presidente Correa, revolución sin ética.

10. Renuncie, finalmente, a ese afán de perennizarse en el poder, como si fuese un demiurgo imprescindible.

Veremos, entonces, si es posible volver a pensar en un nuevo frente unitario que retome el programa primigenio de la Revolución Ciudadana, abandonado por usted y su gobierno de nuevos y viejos empresarios.

Foto: starmedia.com