SOBRE EL PARO NACIONAL. Por Samuele Mazzolini

El Telégrafo

18 Agosto 2015

 Samuel mazzolini

Nuevamente la coyuntura nacional se caldea y se presta para tomas de posición radicales. Evitar los melindres no necesariamente conlleva la defensa a ultranza de uno de los bandos en causa, ya que errores y adefesios abundan por ambos lados del río. A causa de mi lejanía, tendré que basar mis juicios solamente sobre las pruebas empíricas que he podido revisar a través de mediaciones ajenas; en mi favor va la higiene de la cual se beneficia quien no está demasiado inmiscuido en las diatribas que ofuscan la razón. Transgrediendo a mi propio estilo, esbozaré algunos puntos esquemáticos:

1. El paro nacional fue un fracaso. No solamente por el número exiguo de los participantes, sino porque hubo un recurso gratuito, innecesario y repudiable a la violencia. A la endeblez sustancial del proyecto político de la izquierda radical -una endeblez que reside en su incapacidad de interpelar a los ciudadanos comunes y en su irresponsable coquetería con la derecha bajo la peligrosa lógica de ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’- se suma el descrédito que deriva del despliegue de métodos de lucha que no tienen apegue con la situación nacional. La patética ocurrencia de Salvador Quishpe y la difusión de una foto de Manuela Picq con el ojo morado (que se demostró pertenecer a un episodio del pasado) son solamente dos epifenómenos de la búsqueda de bronca a toda costa para deslegitimar al Gobierno Nacional.

2. El caso de Manuela Picq, sin embargo, se presta para otro tipo de consideraciones. Estamos nuevamente ante otro caso parecido al de Oliver Utne en el cual la sandez se apodera del Ejecutivo. La opacidad en la cual se está gestionando la privación de su libertad y su eventual expulsión del país da miedo. ¿Por qué los policías se la llevaron de la marcha? ¿Por qué fue revocada su visa? Pero sobre todo: ¿a qué estrategia responde todo esto? ¿De qué sirve este amedrentamiento arbitrario que sabe a ensañamiento? El Gobierno no quiere entender que de gestiones como esta no gana nada y pierde reputación y credibilidad a montones.

3. En un debate en la Radio Pública de hace pocos días Giovanna Tassi dijo, parafraseando a Álvaro García Linera, que los proyectos de cambio en Sudamérica son etapas históricas de transformación que trascienden los tiempos y los vínculos impuestos por las legislaturas. No se trataba de un argumento contra la democracia, sino sobre la necesidad de continuidad que hay que dar al proceso a través de la reelección indefinida. Mi punto aquí es que la respetabilidad y, por ende, la durabilidad de los procesos debe sustentarse en la capacidad de seducción y en la renovación efectiva de la cultura política, no en figuras individuales o en necesidades históricas apodícticas. Una reciente entrevista de Pinoargote a la secretaria de la Política, Viviana Bonilla, confirmó mi sospecha de que buena parte de la clase dirigente del correísmo no está a la altura de ese rol histórico: una serie de fórmulas repetidas nemónicamente, un ideario trillado y cansón, la incapacidad de recoger los contraargumentos del adversario. Es un ejemplo entre muchos. La Revolución Ciudadana ha hecho mucho para este país. Su continuidad como proceso de transformación radical pasa por su sustancial refundación. (O)

Fuente: http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/sobre-el-paro-nacional.html