GRATITUDES, DISCULPAS Y PERDONES. Por Jaime Muñoz Mantilla

25 de Agosto 2015

1.   Las gratitudes.

Carreteras pavimentadas atraviesan el país de la “revolución ciudadana”. Se construyen nuevas escuelas del milenio –aunque se cierren decenas en las zonas rurales-, locales escolares y varias universidades al servicio de la nueva concepción del Estado (¿nacional? ¿plurinacional?), hidroeléctricas que han de servir para el ‘cambio de matriz productiva’, y una refinería para ídem; hospitales (sin personal suficiente); miles de empleos burocráticos para un Estado inflado (respuesta al desmantelamiento que propiciaron los gobiernos neoliberales precedentes). Todo ello, según los ideólogos, funcionarios y voceros de la RC merece la gratitud del pueblo ecuatoriano. La obra material no es, pues, deber de los mandatarios. Es generosidad del líder, generosidad de su estado mayor. Y ello demanda, no sólo reconocimiento y gratitud, sino, según el columnista de El Telégrafo, señor Avilés, “veneración”. Aunque la proclama electoral fuera ésa: el cumplimiento con un pueblo que llevó al poder a AP, tras un inmenso acumulado de luchas. Y, entonces, cuando, desde los diversos sectores sociales, se reclama por errores, omisiones, incumplimientos, agresiones, deslices (¿eufemismo por corrupción?), el calificativo de los leales militantes (beneficiarios de algunos cargos públicos u otras prebendas) para los reclamantes o los protestantes es el de “malagradecidos”. ¡Cómo no agradecer lo que ningún gobierno precedente lo ha hecho!: Una enorme inversión en obra pública. Y ante la observación de la conocida y denunciada corruptela, denunciada aun por algunos propios partidarios de la RC (En El Telégrafo, por ejemplo), surge la justificación: “en qué gobierno no ha habido corrupción”. O: “llevan pero hacen obra”. Son algunas de las justificaciones de algunos de los partidarios y simpatizantes de AP y del presidente Correa y su frondoso equipo.

2.   Las disculpas.

No sé si pasó la moda, pero en años y meses precedentes, el gobierno de la RC y los jueces del poder judicial disponían a los “calumniadores”, a los irreverentes, a los golpistas o seudo golpistas, a los estudiantes revoltosos, a los asambleístas díscolos, a los autores de “yucazos”, a los huelguistas, a los “tirapiedras”, disculparse públicamente por los “delitos” cometidos. Algunos casos: dos policías del golpe fallido del 30S, el asambleísta Kleber Jiménez, su asesor Fernando Villavicencio y el médico Carlos Figueroa, quienes, junto con la cárcel padecida o la pena prescrita, deberán pagar una multa que iría al bolsillo del agraviado, por el “daño moral” irrogado al mandatario y pedir públicamente disculpas por tamaña osadía. El caricaturista Bonil, por su mofa –¡qué irreverencia!- a la acción policial en casa del asesor Villavicencio (Este caballero debería, él sí, disculparse ante el pueblo ecuatoriano por su irresponsable amenaza con acudir ¡al Senado norteamericano! para que sancione a Ecuador por la violación a los DDHH. ¿En qué andaba el señor Villavicencio allá por Miami, mientras sus compañeros perseguidos eran protegidos por el pueblo o sufrían cárcel?). Se disculparon, entre llantos, las madres de los estudiantes secundarios apresados, juzgados y sentenciados. No, no fueron disculpas, fueron pedidos humildes de perdón. Y a sus clamores se respondió: ‘que pidan perdón al pueblo ecuatoriano’. Porque la magnanimidad tiene límites. Y las madres humilladas, no lo merecían.

3.   Los perdones.

Correa es el presidente de los perdones. No es fácil saber si con ellos quiere mostrar su magnanimidad, su condición de católico practicante – que cumple el mandato bíblico de perdonar 70 veces 7 – o si quiere, con este recurso, afirmar su ego o, por último, hacer saber que aquí quien manda es él, quien decide es él, quien perdona o no es él. Perdonó al diario El Universo y al columnista Emilio Palacio -¡qué corazón tan generoso!-, sentenciados a pagar millonaria multa; a los periodistas Juan Carlos Calderón y Christian Zurita por el atrevimiento de escribir “El gran hermano”, en el que contaban que el ingeniero Fabrizio Correa había afirmado que su hermano, el Presidente, conocía de los contratos de Fabrizio con el Estado; a los policías Paucar y Bahamonde, condenados por intento de magnicidio, en el golpe fallido del 2010. No sabemos por qué no “perdona” a Jiménez, Villavicencio y Figueroa, a quienes se exige pagarle una multa al mandatario, con la exigua suma –si no yerro- de 150.000 dólares.

Recordemos lo que dijo el mandatario cuando perdonó a El Universo y a Palacio: “He decidido – dijo – perdonar a los acusados, concediéndoles la remisión de las condenas que merecidamente recibieron”. La columna de Palacio fue, por cierto, la de un arrogante periodista, que se cree con la autoridad de acusar – sin fundamento cierto – y gritar y amenazar. Pero, ¿no bastaba con denunciarlo, desde las alturas, como eso, como un calumniador? ¿No era aquello incluso un ejemplo de altura, de tolerancia? No. El ego inflado del gran líder no lo podía permitir: había que sentar precedentes. Que sepan, lo mismo los poderosos que los hombres y las mujeres de a pie, que aquí quien decide es el Presidente Correa (García Moreno redivivo). Tanto es así que cuando piden perdón los humildes, la respuesta es soberbia: “háganlo al pueblo ecuatoriano”. En otras palabras; “conmigo no cuenten”. Tampoco perdonó al Chamo Guevara ni al adolescente – ambos de los yucazos propinados – porque, aunque no los apresó, los estigmatizó en las sabatinas, acusando de borracho al cantautor, sin saber – y por ello no pidió perdón – que el irreverente es antialcohólico de convicción. Quienes vieron el reclamo del Presidente al adolescente, cuentan que descendió de su vehículo y, fuera de sí, increpó casi con lágrimas de rabia, al muchacho por el irrespeto a “su” presidente. Tampoco perdonó a las asambleístas díscolas que se atrevieron a discrepar de la política medieval que condena el aborto.

Recordemos esta información de El Universo: “Sin nombrarlas, el presidente de la República Rafael Correa se refirió a algunas asambleístas del movimiento oficial, quienes junto a otras de oposición promovieron el jueves pasado, un cambio en el artículo 149 del Código Integral Penal para permitir el aborto en las mujeres víctimas de violación. Paola Pabón, Soledad Buendía, María Alejandra Vicuña, Blanca Arguello y María Augusta Calle son quienes junto a otras colegas legisladoras oficialistas y de oposición han opinado sobre la despenalización del aborto.  Pabón fue quien presentó la moción ante el pleno y quien provocó que el mandatario reaccione ese mismo día calificando la propuesta de traición y advirtiéndoles con renunciar a su cargo si sus asambleístas aprobaban la despenalización del aborto por violación. Advertencia que hizo que al siguiente día la legisladora retirara esa moción señalando: “Con el inmenso cariño que te tenemos, te decimos que esta vez te estás equivocando. Pero por la unidad de esta bancada, por la unidad de mis 100 compañeros asambleístas, retiro mi moción para que este bloque no tenga la posibilidad de evidenciar una ruptura”. ¡Vaya dignidad de la asambleísta. Obedezco pero te hago saber que estás errado. Y, junto con ello, una declaración de cariño inmenso!

Si no recordamos mal, las asambleístas culpables, indisciplinadas y desobedientes, pagaron su culpa con el silencio en la Asamblea por un lapso de semanas. Pabón hizo mutis por el foro; Se ausentó del país.

La contrapartida a estas virtudes de la “revolución ciudadana” son los discursos del señor Presidente: ¿Cómo califica Su Majestad a sus opositores, a quienes discrepan, a quienes sugieren, a quienes opinan? Andrés Páez – que no es santo de nuestra devoción: abandonando las cenizas de la ID fue a los brazos banqueros de CREO – mostró un auténtico listado de los cariñosos epítetos usados por el líder de AP. He aquí algunos de los más de 170 recogidos por el asambleísta de la derecha neoliberal: abusivos, amargados, amorfos, aniñaditas y aniñados, babosos, basura, bestias salvajes, bocones, brutos, buitres, burros, burros volando, cachetón, cara de estreñido, cavernícolas, charlatanes, cheerleaderes, chiflado, cínico cizañoso, cloaca con antenas, cochino. Y hasta aquí paramos, pues la frondosidad de calificativos es enorme. Podría decirse que muchos de estos calificativos mueven a risa, por lo originales, histriónicos y efectivos: calan en el imaginario del pueblo. Pero ¿son justos? ¿Se merecen los contestatarios tanto maltrato? Y una pregunta final: ¿Podrá revertir el Presidente su ego inflado y pedir él el perdón que debería a sus enemigos por tanto insulto, por tanta mofa, por esa suerte de crueldad? Obviamos, por tibios, aquellos adjetivos a los indios, a los ecologistas, a la izquierda: infantiles, dogmáticos, ecologistas trasnochados.

4.  Por estos caminos anda la “patria del Corazón de Jesús”. Los valores del post modernismo vigentes en nuestro país, en donde se construye, con el nombre de Buen Vivir, un capitalismo seudo moderno. Son, esos valores, relativos. Malo si insultas tú. Bueno si lo hago yo. Y mientras tanto marcha a todo gas la entrega de la heredad de nuestros pueblos ancestrales a las transnacionales para el saqueo del subsuelo. Aunque todo ello derive en la agresión a la Naturaleza. Camina a paso firme el endeudamiento externo, aunque antes tuvimos la entereza de enfrentar a los usureros del FMI y del BM. Enajenamos el país, vendiendo petróleo a la RPCh, con pago adelantado, empeñando el oro físico, abriendo las puertas a los neo colonizadores de la UE, vía Tratado de Libre Comercio con ese imperialismo de viejo cuño, y tornamos a los préstamos, ahora “generosos”, del FMI, de Tailandia, de Francia. Privamos al IESS de los fondos constitucionales para financiar a futuro la jubilación de los viejos, y secuestramos los del Seguro de Cesantía de los maestros. Para todo ello, para garantizar la continuidad de estos “logros” de la RC, planteamos las enmiendas constitucionales: la reelección indefinida de los cargos de elección popular, la merma de los derechos de los trabajadores, mutilamos la libertad del pueblo para exigir consulta sobre cualquier tema.

Y si todo lo dicho es ofensa al mandatario y “daño moral”, me anticipo en pedir “disculpas”, con la esperanza de que se revista de la magnanimidad que, a veces, le caracteriza y me otorgue el “perdón”. Pues podría pensarse que estamos abonando al “golpe blando”.